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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 28 de febrero de 2013

Testamentos / Por Ignacio Ruiz Quintano


La noche de Victorino en Abc

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

A los ochenta y seis años Emiliano Zuleta Baquero conoció el aburrimiento.

Así arranca Alberto Salcedo Ramos su crónica “El testamento de Mile”, a quien el cuerpo siempre le pidió ron, música y mujer.

–Si usted se pone a buscar compositores mejores que Emiliano Zuleta, los va a encontrar. ¡Pero el que compuso “La gota fría” fui yo!

Si usted se pone a buscar ganaderos mejores que Victorino Martín, los va a encontrar. ¡Pero el que crió los victorinos fue él! Y por eso el premio de ABC, en cuya fiesta pudo decir:

–El próximo 6 de marzo cumpliré ochenta y cuatro años. Familia aparte, lo mejor de mi vida lo he dedicado al toro.
Para uno, fue como oír el testamento de Victorino, pero como Dios manda: a mi espalda, Miura; a mi izquierda, Escolar; y a mi derecha, el conde de la Maza.

No cabe cena (ni feria) más trepidante (yo siempre veo en Miura al Dios del Sinaí), con Gistau pidiéndome por WhatsApp como amuleto el diente de oro de Victorino, mientras me administraba en electrogramas la épica del Madrid en Barcelona, donde Mourinho dictaba el testamento de Mourinho, un genio del fútbol.

Mourinho ha hecho trizas el teatrillo viejo del tiquitaca de Busquets, mula Francis del centrocampismo, y sus Desdémonas desmayadas.

–Uno se aguanta el dolor, pero el aburrimiento es lo peor –decía el viejo Mile–. Yo creo que es mejor morirse que estar aburrido.

Victorino librándonos del muermo del toreo artístico con solo la casta brava y Mourinho librándonos del muermo del tocamiento futbolero con el solo recurso de esa oración a un Dios desconocido que es el contrataque.

¡Una peineta a los hestetas!

El hesteta, creación de José Luis Romero Peche en homenaje a Cortázar, es alguien que se atribuye e infla grandilocuentemente el estatuto de “esteta” y, en consecuencia, trata de imponer un sistema de valores estéticos que su pobre sensibilidad no justifica.

–Esa gente que hace daño pregonando sus gustos de forma tajante.

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