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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 9 de septiembre de 2014

Colombia: Odio taurológico / Por Jorge Arturo Diaz Reyes


Antitaurinos frente a la plaza de Santamaría Bogotá. Foto: Juan Carlos Millán Guzmán / Terra Colombia


"...La guerra santa desatada en Bogotá contra los toros por el alcalde Petro, ha abundado en esto. Las injurias públicas desde sus líneas a los aficionados como, sádicos, bárbaros, borrachos, pervertidos, torturadores, asesinos, han obtenido la respuesta que perseguían, ahondar el enfrentamiento, agudizar la contradicción, aumentar la intolerancia mutua. Sacar la discusión de lo racional a lo animal..."

Odio taurológico

Por Jorge Arturo Diaz Reyes 
Crónica toro / Cali, 08 de septiembre del 2014
Incitar al odio y la violencia contra grupos o personas por su origen, raza, religión, pensamiento, gustos... es un agravante de cualquier crimen, pero también un crimen por sí mismo. La Unión Europea ha instado a luchar contra esta "lacra" y a incluirla como delito en los códigos penales.

Algunos países lo hacen, otros no. No hay unanimidad en el mundo, porque la discusión jurídica es honda y toca el derecho a la libre expresión, pero es indispensable la discusión para una sociedad multicultural globalizada, en la cual el uso del odio y sus horrorosas consecuencias, tan viejo como la civilización, en lugar de disminuir aumenta.

Pues en esta esta época superpoblada y ultracompedida, es un discurso fácil para captar adeptos, lanzar campañas, beneficiar intereses, empujar causas. Exime de argumentos ir a los instintos, excitarlos. Rotular, despreciar, discriminar, befar al otro, al diferente; injuriarlo, agredirlo, eliminarlo.

La guerra santa desatada en Bogotá contra los toros por el alcalde Petro, ha abundado en esto. Las injurias públicas desde sus líneas a los aficionados como, sádicos, bárbaros, borrachos, pervertidos, torturadores, asesinos, han obtenido la respuesta que perseguían, ahondar el enfrentamiento, agudizar la contradicción, aumentar la intolerancia mutua. Sacar la discusión de lo racional a lo animal.

Gustavo Petro, de ex terrorista a alcalde de Bogotá

Entonces han sonado también con odio visceral, desde las trincheras de los “prohibidos”, las recriminiciones a su pasado insurgente, a las tragedias que produjo la guerra en que participó (y continúa), y la descalificación en globo de toda su gestión como alcalde, para complacencia de muchos rivales políticos suyos, tan o más antitaurinos que él.

Colombia lucha hoy por la paz, por el cese del rencor, por hallar una salida civilizada de su inveterada guerra, se cree con derecho a esa ilusión. El fomento del odio ideológico, en este caso del odio taurológico, va en contravía, no importa que se haga con el pretexto de la paz animal.

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