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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Desaparece el último romántico / Por Paco Mora



"...Manuel Cisneros seguía a rajatabla la consigna de Marcial Lalanda, que decía que había ocasiones en las que el vestido de torear gana más guardado en el armario que puesto…"

Desaparece el último romántico

Me ha entristecido el fallecimiento de Manuel Cisneros, uno de los taurinos de mayor categoría humana que he conocido. Culto, serio y formal, tenía un trato sumamente correcto y agradable, y ni cuando era el “fac totum” de don Pedro Balañá Espinós ni en su periodo como apoderado de Curro Romero, El Viti o Esplá dejó de ser un hombre educado y tratable. No como otros que cuando les funciona un torero escupen por un colmillo y creen que han pasado el Rubicón o provocado el parto de los montes, sin acabar de darse cuenta de que si el torero no funciona ellos volverán a tener menos fuerza que una gaseosa. Cosa que Cisneros tenía muy asumido, puesto que siempre decía que es el torero el que allana el camino al apoderado y no a la inversa. Que un apoderado al fin y al cabo “lo único que puede hacer es administrar los éxitos de su poderdante”.

Tuve un trato cordial con Cisneros, porque cuando ya no era el hombre importante de la Empresa Balañá, seguía recalando muy a menudo por Barcelona ya que tenía una casa en la costa de Tarragona donde pasaba temporadas con su madre, y era fácil coincidir con él en la gran ciudad, de cuyo paisaje formó parte durante muchos años. Era un hombre cabal y como taurino uno de los últimos románticos. Y ejerció como tal pero sin perder de vista los intereses profesionales de los toreros que apoderó. Seguía a rajatabla la consigna de Marcial Lalanda, que decía que había ocasiones en las que el vestido de torear gana más guardado en el armario que puesto.

Recuerdo una conversación con Luis Francisco Esplá, en la que el torero alicantino se hizo lenguas de la calidad personal y como taurino de quien había sido su apoderado. Vayan desde aquí mis condolencias para la familia Cisneros, y el mejor de los recuerdos para uno de los últimos románticos del toreo.