la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 16 de diciembre de 2016

Error e infamia. / Por José Utrera Molina



"...Se aprovecha el “hallazgo documental” para denigrar hasta la náusea -recurriendo a fuentes absolutamente miserables- a quien fuera Jefe del Estado Español durante 40 años, al mismo al que la familia Luca de Tena debería agradecer siempre haber recuperado su patrimonio incautado y la dinastía Borbón una corona perdida, en buena parte, por sus propios errores..."


"...Como yo sí tengo memoria, se estremece mi corazón al ver cómo la figura de Francisco Franco es azotada sin misericordia alguna por el diario en cuyas páginas se incluyeron los más altos elogios que recibió en su vida el que fue Jefe del Estado español..."

Error e infamia

Hoy en mi recorrido habitual por la prensa mañanera tropiezo de nuevo con una serie de desinformaciones con las que ABC nos viene obsequiando desde hace algunos días con gran relieve tipográfico, a cuenta de unos documentos inéditos que dicen todo lo contrario de lo que sugieren los titulares. Se aprovecha el “hallazgo documental” para denigrar hasta la náusea -recurriendo a fuentes absolutamente miserables- a quien fuera Jefe del Estado Español durante 40 años, al mismo al que la familia Luca de Tena debería agradecer siempre haber recuperado su patrimonio incautado y la dinastía Borbón una corona perdida, en buena parte, por sus propios errores. 

ABC, números extraordinarios 
en homenaje al Caudillo y al ejército

Como yo sí tengo memoria, se estremece mi corazón al ver cómo la figura de Francisco Franco es azotada sin misericordia alguna por el diario en cuyas páginas se incluyeron los más altos elogios que recibió en su vida el que fue Jefe del Estado español. Presiento que asistimos a una estrategia que pretende legitimar la corona al margen de quien, a la postre, fue su principal valedor, con el objeto de evitar ser objeto de la deslegitimación que va implícita en la maldita Ley de Memoria Histórica, que el Partido popular ha querido conservar con grave irresponsabilidad. 

Los ataques del diario monárquico contrastan con el enorme respeto con el que el rey Juan Carlos habla de su predecesor, a quien se refiere a menudo como “el Caudillo” con un afecto y cariño personal que creo sinceros. Él es plenamente consciente de que sin el impulso y voluntad de Franco, no hubiera vuelto la monarquía a España. Así lo ha reconocido en múltiples ocasiones, haciendo honor a la verdad, puesto que la inmensa mayoría del pueblo español, terminada la contienda, estaba centrada en la tarea de reconstruir España y no precisamente comprometida en conspiraciones de salón para decidir entre la monarquía o cualquier otra forma de gobierno, algo que quedaba reducido a minorías diletantes bien acomodadas. Me atrevo a aventurar que esta andanada de ataques –algunos de ellos de un ínfimo nivel periodístico- terminarán por volverse como un bumerang contra ABC, pues lo que quedan son los documentos y de ellos lo que se desprende es el enorme sentido común de Francisco Franco y la prudencia con la que manejó los tiempos para evitar nuevas convulsiones. 

Evidentemente, se trata también de denigrar a la Falange, como depositaria de todos los males. Y yo afirmo también que no hubo una tropa más leal que la constituida por aquellas gentes que mantenían en el alma el fuego de un incendio apagado, cuyas brasas alimentaban sin embargo la ilusión de muchos hombres. Siempre recuerdo que en las conmemoraciones del fusilamiento de José Antonio en Sevilla, veía siempre a un camisa azul desaliñado, cargado de años y sin apenas brillo en los ojos. Un día decidí acercarme a él. Le dije que siempre me había llamado la atención y le agradecía su perseverancia, pues nunca faltaba a la cita. Él me contestó -Y aquí estaré hasta el fin de mi vida-. -No le debo nada a nadie-, y, mirándome retadoramente me dijo: -yo vendo globos-. Podría poner muchos ejemplos de lo que constituía el núcleo mayoritario del pueblo español, que desde luego no andaba preocupado por el destino de la corona.

Por eso me rebelo cuando se ataca tan injustamente a quienes sintiendo de verdad la falange y no sirviéndose de ella –que también los hubo y demasiados- ofrecieron un sacrificio de lealtad a España que algún día los que tengan el alma limpia y el recuerdo claro habrán de anotar agradecidos. 

Soy de los que creen que el olvido y la ingratitud forman parte de nuestra historia y abona el terreno para la mentira y la manipulación. El recuerdo de tantos hombres que sirvieron a España bajo una bandera con enorme generosidad no puede ser enterrado despachándolos como vulgares lacayos de una dictadura. Lo hicieron bajo la estructura de un Estado nacional que mereció unánimes alabanzas en las páginas de ABC y que hizo posible que ese periódico sea lo que es hoy en día y no

quedara para la historia como el recuerdo estatalizado de un “Diario republicano de izquierdas”. Todavía quedamos algunos, con muchos años, a los que nos duele el alma y nos lastima la memoria el manejo frívolo e injusto que se hace no solo de la figura de Franco, sino de toda una generación de españoles que hizo posible una España mucho mejor de la que se encontró, entre la insolidaridad de unos y el odio de otros. Mis oídos no han padecido la sordera de la traición y del olvido y sé bien que el rey Juan Carlos no aprobaría la crueldad con la que ABC se despacha estos días con quien hizo posible el regreso de la corona a nuestra nación. Por eso pido respeto, no solo a los muertos, sino a los que de buena fe sirvieron a España bajo la ejemplar magistratura de un hombre al que algún día la historia habrá de hacer justicia: Francisco Franco.