la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 16 de diciembre de 2016

MÉXICO, NI CON SILVETI... NI CON MORANTE / por Pla Ventura


Diego Silveti en La México

"...Quiero pensar que el problema viene de atrás; es, ante todo, la lacra que estamos sufriendo tras todo lo que en dicha plaza se ha venido cociendo en el último decenio. Si nos ceñimos a ello, sin duda que es Herrerías el culpable de la desastrosa situación que vive dicha plaza, otrora todo un estigma bello en la plaza mexicana. Es verdad que, tantos años de desprestigio en todos los órdenes han dado como resultado final el cataclismo que a diario sucede en las taquillas de la plaza..."


NI CON SILVETI... NI CON MORANTE

El gravísimo problema que azota a la Monumental plaza México, al parecer, no tiene solución alguna; muy triste lo que digo, pero más cierto de que existe un Dios que nos regala la vida. Decía que, ni con Silveti y, lo que es peor, ni siquiera con Morante ha tenido mayor repercusión puesto que, tanto un torero como el otro, a lo sumo, sumaron en Insurgentes menos gente que cabe en la plaza de toros de Benidorm.

Quiero pensar que el problema viene de atrás; es, ante todo, la lacra que estamos sufriendo tras todo lo que en dicha plaza se ha venido cociendo en el último decenio. Si nos ceñimos a ello, sin duda que es Herrerías el culpable de la desastrosa situación que vive dicha plaza, otrora todo un estigma bello en la plaza mexicana. Es verdad que, tantos años de desprestigio en todos los órdenes han dado como resultado final el cataclismo que a diario sucede en las taquillas de la plaza.

Si nos ceñimos a la verdad, el equipo de Javier Sordo está trabajando de forma denodada para que La México recupere su prestigio; respecto al toro, por lo que hemos podido ver, se ha avanzado de forma considerable en cuanto a trapío se refiere, bien es cierto que, el problema es mucho más profundo; a las ganaderías mexicanas se les quitó la bravura, la casta y todo los componentes que debe de tener un toro de lidia y, lo que queda, como hemos visto, es pura basura ganadera que jamás propiciará del triunfo de los toreros.

Convengamos que, para que la gente se ilusione de nuevo la única receta posible no es otra que hubieran triunfos de clamor y que éstos trascendieran; como no lo hay por culpa de los toros, el “enfermo sigue en la uci”.

Los aficionados, ilusionados, pensábamos que sería Diego Silveti el que pudiera atraer a más gente a la plaza, como en verdad le sucedió en todas las actuaciones que ha tenido en dicha plaza; pero no, en esta ocasión tampoco ha tenido tirón su nombre. De igual modo ha sucedido con Morante puesto que, hablar de un cuarto de aforo en dicha plaza es una cifra ridícula; pero sí debemos confiar que la faena cumbre de Morante en el día de ayer sirva para ilusionar a los aficionados y, ante el eco de dicha faena del torero de La Puebla, que la misma vaya logrando adeptos para esta gran plaza, la que recordamos totalmente abarrotada hace poco más de diez años cuando, por ejemplo David Silveti, Armillita y Jorge Gutiérrez, la llenaban por completo.

Es cierto que, lo que se derrocó en los últimos diez años, reconstruirlo ahora en cinco minutos es un imposible; lo digo porque, como sabemos, en los estados, la gente acude en masa a las plazas de toros, al menos en la gran parte de las plazas. Sigo creyendo que la afición a los toros no está muerta en México, la “mataron” en el Embudo de Insurgentes, por ello ahora costará mucho esfuerzo que la gente vuelva a creer en la nueva empresa. Los toros lidiados, en su gran mayoría tampoco ayudan en nada; ganaderías descastadas, sin el menor atisbo de bravura; manos de solemnidad los toros que salen por toriles. Todo lo que no debe atesorar un toro de lidia, para desdicha de todos, es lo que esgrimen dichos animalitos. Siendo así, es casi un milagro que le haya ayudado un toro a Morante, lo cual casi que se entiende como un milagro; u otro toro que medio ayudó a Diego Silveti el que le cortó una oreja con mucho peso; a duras penas pudo reeditar su excelsa torería Fermín Rivera.

Un dislate, mejor diría una pena que con toda la buena voluntad de la empresa, con el esfuerzo por aquello de rebajar los boletos, con traer un toro más auténtico en lo que a trapío se refiere para el monumental coso, una tristeza muy grande que no se consiga que la gente atiborre de nuevo La México. La gran verdad es que no podemos resucitar al irrepetible David Silveti, como tampoco podemos logar que reaparezcan Armillita y Gutiérrez. Eran otros tiempos, cuando menos, los tiempos gloriosos de cuando La México estaba atiborrada de gentes, justamente cuando los toreros decían que, un olé de La México sonaba a gloria. Y no les faltaba razón. Los olés venían desde tan alto que, una vez en el ruedo, cualquiera podía pensar que venían del Cielo.