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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 12 de diciembre de 2016

Zidane, el triunfador con semblante de novato / por Tomás González-Martín



"...Se dispone a ganar el Mundial de Clubes. Hace historia con sus decisiones. El mito es real, no ficticio, como lo fue el golazo de 2002 en Glasgow. Zidane agranda su mito con trabajo y talento. Primero como jugador y ahora como jefe. Está tocado con la varita mágica de los elegidos..."

Zidane, el triunfador con semblante de novato

No se las da de grande. Si los títulos de Zidane los consigue un argentino, le nombran presidente del Gobierno, porque no hay nada como un técnico argentino (y no hablo del trabajador Simeone) para venderse bien. Menotti fue el primer vendedor de humo y después hubo mil imitadores. Simeone no vende humo. Ni Zidane. Venden verdades. El francés solo lleva once meses al mando del Real Madrid y ya ha logrado más éxitos que la mayoría de los preparadores de la historia de la casa blanca.

Zinedine ejerce de modesto. Es candidato a ser elegido mejor entrenador del año y asegura que hay otros muchos preparadores que lo merecen. Solo lleva once meses al más alto nivel y no se considera el mejor. Es un acierto hablar así, pero la humildad da paso a las críticas. Le acusan de no saber hacer cambios. Y lo cierto es que los hace bien. Lo que sucede es que Zizou opina que solo hay que cambiar cuando es necesario, no por repartir minutos. Y lo argumenta. Cuando un equipo está bien no hay que tocarlo.

El responsable del campeón de Europa y líder de la Liga ha establecido un nuevo récord de partidos invicto y hay que destacarlo, aunque él se tape. Porque lo ha alcanzado venciendo en el Camp Nou el 2 de abril, empatando en la cancha del Manchester City en mayo, ganando en el Calderón y en el José Alvalade de Lisboa en noviembre, empatando en el Camp Nou el 3 de diciembre y sacando un punto de Champions en la cancha del Borussia Dortmund en octubre. La victoria en la Copa de Europa es el éxito superior de una racha histórica en el club más legendario del mundo.

Dice Zidane que es mérito de los futbolistas. Claro. Pero también es suyo. Llegó el francés el 4 de enero y el vestuario se tranquilizó. El ambiente con Benítez no era el ideal. Los líderes del plantel no estaban contentos con él. Era duro, hermético. No había mimetismo. Es un gran entrenador y esa falta de mano izquierda le derrotó. Fue un acierto la designación de Zinedine en enero. Enderezó la nave y trajo la alegría al vestuario. Es respetado por los jugadores, porque fue un gran futbolista. Y ha introducido novedades técnicas y tácticas que han triunfado. Su rotación constante es un éxito de modernismo. Su igualitarismo ante las estrellas es otra decisión valiente y acertada. No le tembló la mano al sentar a James, a Isco y a Benzema. Ha impuesto un 4-2-3-1 con Casemiro de jefe en una apuesta de carácter.

Ha hecho destacar a Kovacic. A Lucas. A Morata. A Nacho. Saca jugo de los jóvenes. Ve su futuro. Ancelotti nunca confió en los jóvenes y desechó a Casemiro, a Nacho y a Morata. Su discípulo, Zidane, le ha dado una lección sin pretenderlo. Es un gran entrenador. Y no lo dice. Hay que decirlo. Su semblante de novato no esconde su personalidad como técnico para saber sacar provecho a la plantilla del Real Madrid. 
Se dispone a ganar el Mundial de Clubes. Hace historia con sus decisiones. El mito es real, no ficticio, como lo fue el golazo de 2002 en Glasgow. Zidane agranda su mito con trabajo y talento. Primero como jugador y ahora como jefe. Está tocado con la varita mágica de los elegidos.