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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 22 de septiembre de 2021

El busto de Manolete / por José Luis Rodríguez



Observo su rostro modelado, pensativo, sereno. Con porte de estatua grecolatina. Y me digo y lo creo: Esto es más que el éxito, es la gloria mecida en el silencio de una sala del Museo.

El busto de Manolete

 José Luis Rodríguez
BurladeroTV/miércoles, 22 de septiembre de 2021
El 1 de septiembre, sobre las 12 h. del mediodía, estaba frente al busto de Manolete, en el Museo taurino de Madrid. En ese momento creo era el único visitante. No se oían los lentos y aburridos pasos del vigilante de seguridad. Reinaba el silencio civil de los templos paganos. Creo que fue eso lo que me sugirió captar la mandorla, el halo dorado que circunda a los mitos.

Es en los museos donde se propicia el estado de trance hacia el pasado.

Cuando murió Manolete yo era niño, tenía 7 años. Recuerdo que las personas mayores hablaban de la cogida en la Plaza de Linares y de la inmediata muerte del torero. Aquel suceso fue una desgracia tan imposible como triste. Eso es lo que me quedó en la memoria.

Ahora somos muchos los que hemos visto a Manolete en el cine, Nodo, reportajes fotográficos, pinturas, esculturas. Sabemos de su arte por la lectura de los miles de textos escritos y también conocemos su vida por las numerosas biografías que se han publicado.

La portentosa manera que tenía de estoquear los toros y su pasmosa indiferencia ante la exaltación del público fue lo que hizo que fuera conocido por el sobrenombre de “Monstruo”, que no me gusta.

Lo que fui aprendiendo con los años sobre él se me venía a la mente ante su esbelto y casi desnudo torso, sin donde poder prender los alamares. Sólo con el capote de paseo de seda en el hombro izquierdo.

Vislumbro la figura del legionario romano del dios Mitra. El culmen del toreo.

Manolete fue lo que su madre, doña Angustias, quería: El mejor de los toreros. Reverdeció el laurel del Califato de Córdoba: I LAGARTIJO, II GUERRA, III MACHAQUITO, IV MANOLETE y V EL CORDOBÉS.

Historia, mito y leyenda concita este busto, obra del escultor Joaquín Roca Rey, pariente del famoso torero actual del mismo apellido.

Las Puertas Grandes que abren a los triunfadores el cielo en la tierra y les llueven las corridas contratadas, el dinero, la fama…

Y el eco: Que nadie escriture por encima de tus honorarios. Todo aquello pasó.

Observo su rostro modelado, pensativo, sereno. Con porte de estatua grecolatina. Y me digo y lo creo: Esto es más que el éxito, es la gloria mecida en el silencio de una sala del Museo.

Su figura sigue engrandeciendo la historia de la tauromaquia desde el 29 de agosto de 1.947.

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