la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 6 de noviembre de 2018

Andrés Amorós, recogió el Trofeo a toda una trayectoria que otorga la Federación Taurina del Principado de Asturias.


Andrés Amorós, recoge el galardón 

Durante el acto, el premiado, pronunció una conferencia titulada “La Tauromaquia patrimonio cultural de España”.


El catedrático de literatura, y crítico taurino de ABC, Andrés Amorós, recogió el Trofeo a toda una trayectoria que otorga la Federación Taurina del Principado de Asturias.

Javier Soto
Entre muchas de las cosas que habló, comentó sobre la defensa de la Tauromaquia, quien Enrique Ponce, decía hace tiempo que no necesitaba defenderse, y ahora ve que si lo necesita porque la Fiesta “recibe muchísimos ataques”, nacidos de “la ignorancia y del sectarismo”, y que atacar a la Tauromaquia es atacar a España, comentó. Y puso como ejemplo en Cataluña, la diferencia de los Toros y los correbous.

Habla del valor cultural, en una discusión en el parlamento con una persona le preguntó qué es la Cultura, “¿Si entendemos la cultura, como el conjunto de las manifestaciones en las que se expresa la vida tradicional de un pueblo, le parece bien?” y comentó que sí.

La Tauromaquia pertenece a la cultura popular de España. Habla de cómo nace la corrida de Toros, buscando lugares, para que pueda desarrollarse, y de cómo nacen las plazas, el porqué de su redondez y no que sean cuadradas, debido a la querencia del toro.

También habla del lenguaje taurino que se habla en la cultura popular española “que no se aprende en las universidades”. Comenta que una corrida de toros cumple lo que es una obra de arte, “algo que es visto agrada”.

Fue una conferencia extensa y profunda, ya que tocó muchos palos, y es muy complicado poder resumirla. También estaba premiado el novillero Manuel Diosleguarde, quien el pasado sábado, estuvo recogiendo un trofeo, y en este acto no estuvo, llamando el martes para comunicar que tenía un acto con sus peñistas por el final de la temporada.

Feo gesto de un novillero, que se supone que sabía de ese acto con bastante tiempo, y no avisó en su día que lo tenía ocupado. Él sabrá lo que mejor le irá, pero ha quedado muy mal con la afición asturiana.