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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 7 de noviembre de 2018

El cabrón y la cabra / por Carlos R. Villasuso




¿Rescatada la cabra del maltrato humano, hicimos una sociedad mejor? ¿Qué hicimos entonces con los cuatro humanos del retrato?. ¿Les dimos la opción de la educación, de tres comidas por día, les enseñamos a leer a pensar?


El cabrón y la cabra

Ahí, entonces, la cabra. Aupada en lo inverosímil de su alpinismo urbano. Rescatada de las calles por las que transitaba a compás de un pasodoble triste tocado por un varón con tez de carbón, una rubia pobre de bote barato que miraba con la mirada prestada por un muerto, un niño sin alfabeto y una niña sin sueños. Gitanos. Reclutada como mártir, la cabra no está en nuestro paisaje de logros de bienestar. Nos hicimos mejores salvando al débil. A la cabra. Hace tiempo que la salvaron del gitanismo, del opresor. Del rumbo madrugador de ese hombre con chaqueta de domingo que mira al posado del objetivo con dureza cotidiana,  está  redimida del  sometimiento de esa mujer que avergüenza la mirada hacia su derecha. La hemos redimido de la crueldad de ese niño no sabe donde esconder los ojos, mientras se rasca ,quien sabe lo que le picara, en un hombro. La cabra, liberada del maltrato de esa niña que mira el objetivo con el miedo infantil que da el hambre.

Ahí, entonces, la cabra. Ahí entonces, ahora y luego, los gitanos. Una nación de unos once millones de personas sin patria o nación. La cabra rescatada del maligno como símbolo de nuestra evolución hacia esta sociedad mejor y mas buena y mas sensible. Saquemos hoy una cabra a la calle y subámosla de nuevo a la inverosímil de su equilibrismo, y la lapidación será instantánea por el escándalo animalista. El cinismo radica en pretender el escándalo allí donde debería haber un escándalo: un niño pobre; que, liberada la cabra, ya no existen los gitanos. Salvada la cabra, a quien carajo le importa lo que pique en el hombro al niño que se rasca.

El bienestarismo animal de este siglo se traduce en un ejercicio de cinismo cuyo pilar es una paradoja que la realidad convierte en una mentira aceptada como verdad. Quitemos de la foto, en un ejercicio mental de no ficción, al toro. Rescatado el toro, no existe ese alrededor de humanos para los que el toro es una necesidad no gitana, pero una necesidad también vital. De existencia. Rescatado el toro y la cabra y el animal que sea doquiera que fuere, avanzamos en la confirmación de que somos una sociedad mejor, mas justa, más evolucionada, más progresista, más civilizada. Porque hoy la civilización consiste en el cinismo de una enorme paradoja convertida en una gigantesca mentira admitida como verdad: que, al haber logrado ya cotas inverosímiles de bienestar humano, los logros sociales y sus reivindicaciones han de dirigirse hoy hacia al animal. Ya llenamos la copa de los derechos del hombre, ahora la llenaremos de los derechos de los animales.

¿Rescatada la cabra del maltrato humano, hicimos una sociedad mejor? ¿Qué hicimos entonces con los cuatro humanos del retrato?. ¿Les dimos la opción de la educación, de tres comidas por día, les enseñamos a leer a pensar? El animalismo afirma en su ideología básica que, legislar hacia los derechos de los animales hasta equipararlos con los humanos,  es ejemplo de una sociedad más justa. Si fuera así, la sociedad de Grammont, primer legislador sobre buen trato a los perros  (Francia, s XIX) sería una sociedad mas justa. Pero los hechos lo describen en un contexto de masacres urbanas con caballos y sables  en la calle contra personas que reivindicaban derechos como menos horas laborales para un niño de doce años en una fábrica. Grammont, benefacor de perros parisinos,  era un general del ejército que salía a esas calles.

¿Fue una sociedad mejor, mas justa, más avanzada la de la llamada Revoluciòn Industrial en Inglaterra, donde la nobleza y la élite comenzaron a legislar sobre la sensibilidad de animales urbanos en urbes donde no existía ni libertad de huelga o protesta en horarios de 12 horas de trabajo y salarios miserables?. ¿Lo fue la sociedad horrorizada por Adolf Hitler, el legislador mas avanzado sobre los derechos de los animales? ¿Lo fue la de Joseph Stalin que aún avanzó más en esos derechos que el criminal nazi?. ¿Fue una sociedad mejor más justa, más avanzada y mas progresista la de Idi Amín y su asesor criminal británico Bob Astles que desarrollaron leyes proteccionistas y conservacionistas mientras se masacraba a mas de 300.000 personas?.

La lista de esas paradojas crueles es tan larga, pero, sobre todo tan insistente  que nos llega a preguntar si esta sociedad y este país actual, en cuya capital, Madrid, nacen ya menos niños que mascotas llegan a los hogares , es mas justa. Si es mas justa una sociedad donde ocho millones de pobres o en el límite de la pobreza según censo oficial,  tienes ya menos futuro que los millones de mascotas de los hogares de sus ciudades. No. Esa ecuación animalista que equipara a mas leyes animalistas a una sociedad mas justa,  es la gran mentira de la nueva sociedad. Porque los hechos dicen justamente lo contrario. Rescatar a la cabra no hizo nada respecto a la pobreza de los humanos de la foto. Sencillamente, nos hicimos indiferentes a ellos.

Hoy, en ese reducido espacio de madera agrietada, hemos sustituido  el equilibrismo inaudito pero natural de la cabra por nuestro propio equilibrismo humano. Donde estaba ella, estamos nosotros. Los partidarios de la Tauromaquia. A la espera de que alguien nos rescate en nuestros derechos constitucionales del maltrato de los que rescatan cabras. La cabra ya no equilibra natural y sin esfuerzo su cuerpo en ese reducido espacio y ahí han puesto, en su lugar, al  españolito de a pie, tan bien domado que sube y baja amparando a sus mascotas mientras, denostando a la Tauromaquia, fiel sumiso que posa como los gitanos de la foto, metidos  en ese equilibrio de miedo rutinario al que lo han sometido hipotecas, sentencias engañosas, nacionalismos con rebelión, líderes usurpadores de títulos académicos, vulgaridad e incultura.

La Tauromaquia tiene en su seno dos clases de culturas basadas, esencialmente, en su orgullo por lo justo. Una cultura que nos hace estar orgullosos de lo que hemos hecho. Y otra, la cultura orgullosa de lo que nos está por hacer. Una cultura aún por inventar que consiste en el orgullo del trato natural con nuestra ideas y sentimientos, que consiste es seguir haciendo aquello que nos hizo mejores. Social y humanamente mejores. Mejores hombres y mujeres con una cultura evolutiva cuyo trato en los animales consiste en lograr que el hombre y la mujer de al lado sean mejores. Que la cabra sea cabra.  Que el niño sin alfabeto, lo tenga. Que la niña sin sueños, sueñe.

Salvar a la cabra siendo cabrones no es nuestra querencia.