la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 20 de septiembre de 2012

Entrevista a Joaquín Albaicín / Frank G. Rubio

 Joaquín Albaicín

"Los padres de hoy en día no saben hablarle claro a sus hijos por temor a ser totalitarios”

¿los toros? Si no les suena ni “Paquirri”, figúrate Antonio “Bienvenida”.

Frank G. Rubio entrevista al escritor y cronista experto en tauromaquia y flamenco, Joaquín Albaicín (Premio “Cultura Gitana 2012”).

Joaquín Albaicín (Madrid, 1966), escritor, cronista, hijo de torero y de bailaora, es crítico de flamenco y de tauromaquia. Sus artículos y relatos, así como sus críticas de arte flamenco han aparecido en númerosos diarios como ABC, El País, El Mundo o Reforma (Méjico)  Es contertulio habitual del programa de TV El Faro de Alejandría, dirigido y presentado por Fernando Sánchez Dragó. Entre sus obras destacamos: La serpiente terrenal (1993), En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda (1997), El Príncipe que ha de venir (1999) y La Estrella de Plata.Cuentos, (2000).
 
FGR: El Premio Cultura Gitana 8 de Abril del 2012, que te ha sido otorgado en el apartado de Literatura y Artes Escénicas, reconoce tu trayectoria como escritor y como crítico…

Joaquín Albaicín: Agradezco de corazón este premio a un recorrido artístico iniciado hace tanto. Empecé en 1987 con mis artículos para ABC, que dirigía entonces Luis María Ansón. Y, como autor, debuté en el 93 con “La serpiente terrenal” (Anagrama) y “Gitanos en el ruedo” (Espasa Calpe). Me ha sorprendido que llegue ahora, pues llevo ya unos años sin publicar un libro, pese a que nunca he dejado de dar conferencias ni de escribir para revistas y periódicos, como ahora para El Imparcial. Doblemente agradecido, pues.

FGR: Como narrador se te califica de “modernista”, como ensayista de “perennialista”…

J.A: Espero que no suene a apolillado. Ahora, una película o una novela de hace dos años son consideradas “antiguas”, así que, si yo soy modernista, lo tengo crudo… Bromas aparte, hay lectores y críticos que han subrayado mi parentesco en cuanto al estilo con plumas como Gómez de la Serna, Foxá, Valle Inclán, Camba… Son autores muy de mi gusto y a los que leí mucho y muy pronto, así que algún soplo “suyo” me deberá salir. También he escrito mucho sobre personajes de esa época. En cuanto a lo de perennialista, aunque esa etiqueta suela usarse más en los Estados Unidos, para cualquier lector de mis ensayos resulta evidente mi afinidad de pensamiento con Guénon, Coomaraswamy o Elémire Zolla.

FGR: La prohibición de fumar en locales públicos (un hecho impuesto) o de las corridas de toros (algo que se cierne) forman parte, como la degradación continuada de la virilidad en el imaginario popular, de los intangibles de la Nueva Europa. ¿Cómo ves esta deriva y su influencia sobre la vida y el arte?

J.A: Lo del tabaco, lo llevo fatal. Y lo de los toros. A mi modo de ver, se trata, a grandes rasgos, de propiciar la extinción de ciertos ambientes –con su estética, su solera, su sabor natural y propio…- a fin de que, con ello, y como paso siguiente, se torne más fácil la de los valores que los animan. Y es difícil detener esa ola. Al trabajar en tándem con la degradación de la calidad en la enseñanza, se asegura la inexistencia de toda oposición en el futuro próximo. El problema de esta época es que cualquier clase de listón ha sido retirado. Todo el mundo ha de estudiar por narices, quiera y valga o no, y los planes de enseñanza son diseñados a la medida del zoquete, que, por ley de vida, siempre abunda más. Entonces, hay estudiantes de 18 años que van al Museo de Cera, se paran ante Pizarro o Benlliure, y hoy, cuando tanto se habla –y me parece perfecto- de memoria histórica, no tienen ni idea de quiénes fueron.

Entonces, ¿los toros? Si no les suena ni “Paquirri”, figúrate Antonio “Bienvenida”. Añadamos que hablamos de una generación genealógicamente desubicada, crecida en familias multiparentales, con nuevo “papá” o nueva “mamá” cada equis tiempo. Los padres apenas hablan con los hijos, no saben qué decirles ni les hablan claro, temen ser “totalitarios”. Hoy, no creas que son tantos los muchachos de 18 años que hayan tenido la relación con sus abuelas que tuvimos nosotros. Por ellas sabíamos los nombres de los generales de la guerra civil años antes de oírlos en el colegio, o, en mi caso, cómo había toreado “Cagancho” o había cantado Pastora sin haberles visto nunca. Tú y yo veíamos películas de “Charlot”, aunque era un artista lejano a nosotros en el tiempo, pero es difícil exigir oposición a esas medidas contra los toros a la más joven generación, que, aparte de recibir una educación académica mucho más superficial que la que recibimos nosotros, a menudo, por haber cambiado de “papá” o de “mamá” cada tres años, no guarda siquiera una memoria puramente familiar, no te puede contar tres anécdotas de la juventud de sus propios abuelos. Ni siquiera tiene claro si sus abuelos son sus abuelos “verdaderos” o “sólo” los “biológicos”. ¡Vete a hablarles de Joselito y Belmonte! Te lo pongo más claro: ni de Berlanga, que murió hace poquísimo. Los futbolistas, sus únicos ídolos, dejan de existir para ellos apenas tres años después de su retirada. Ya son “antiguos”.

FGR: ¿Qué incidencia puede tener sobre la no publicación de diversos materiales que tienes en cartera y que, por lo que conozco de tu obra, sospecho son valiosas aportaciones, lo que ha sido dado en llamar “lo políticamente correcto”?

J.A: Pues no sé, porque no me dedico a la política, ni a la “correcta” ni a la “incorrecta”. A lo sumo, alguna vez me permito opinar. ¡Me extrañaría mucho que alguien me considerara un peligro en ese sentido! Y supongo que no seré el único escritor que, en este momento, tenga obras inéditas a espera de editor. La verdad es que me aburre ya dar tantas vueltas a eso de la crisis, de que si el mundo editorial se ha enrarecido o de que, si se quiere publicar en condiciones normales, hay que servir a alguna facción… Quejarse no sirve de nada. La única vía es seguir en la brecha, y tratar de resolver las dificultades que se presenten y de aprovechar las puertas que le sean abiertas a uno. Y en eso estoy.

FGR: ¿Cómo será el flamenco en el siglo XXI?

J.A: El flamenco es un arte tradicional. Por eso, me parece clave, entre otras cosas, que no se pierdan las normas, atmósferas y valores propios de la vida gitana de siempre. Quien no tiene solera en su vida, en sus vivencias cotidianas, no puede tenerla en el arte. Por eso, quienes hemos gozado de la suerte de ver torear a Paula, nos vamos a acordar para los restos. Una foto de Alberto García Álix o un artículo de Alfonso Ussía sólo les pueden salir a ellos, porque, aparte de determinado talento, hace falta haberse desenvuelto durante toda la vida en determinados ambientes sociales y culturales, haberse formado en ellos. El sello artístico se adquiere de modo natural, al ritmo de la vida misma. No se aprende en un cursillo. Entonces, aplaudo cualquier experimento musical con calidad, pero a mí me siguen llegando, fundamentalmente, los cantaores con mucha raíz: Ramón “El Portugués”, “Pansequito”, Miguel “El Rubio”… Si hablamos en femenino: Antonia “La Negra”, Remedios Amaya… O Salomé Pavón, que, además, tengo la suerte de que sea mi mujer. Entre muchos otros, claro.