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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 21 de septiembre de 2012

GITANILLO DE TRIANA” FUE EL MEJOR AMIGO DE MANOLETE/ Por El Zubi


Manolete fue el padrino de bautizo de Rafaelito Vega, hijo de Gitanillo


“GITANILLO DE TRIANA” FUE EL MEJOR AMIGO DE MANOLETE, POR ENCIMA DE ALVARO DOMECQ

Por El Zubi
Larga Cordobesa
Rafael Vega de los Reyes “Gitanillo de Triana”, a parte de Guillermo el mozo de espada, fue el mejor, mas auténtico y leal amigo que tuvo Manolete en vida dentro de su entorno mas inmediato, y quien mas le apoyó con su amistad en su vida íntima y sentimental, por encima de Álvaro Domecq, pues para el jerezano pudieron más sus fuertes convicciones religiosas y otros intereses inconfesables ya, que los deseos sentimentales y las íntimas amarguras de su ingenuo amigo cordobés. La historia, las investigaciones realizadas recientemente y los testimonios de testigos de la época demuestran, que el caballero de Jerez contribuyó bastante, sin que Manolete lo percibiera, en acrecentar la amargura y el abatimiento que el diestro cordobés reflejaba el año en que cayó herido de muerte en la plaza de Linares, según cuanta la periodista madrileña Marita Martín en su libro recientemente publicado “La Serpiente. Lupe Sino y Manolete” y que fue Gitanillo de Triana el único de su entorno que apoyó al cordobés de manera incondicional. Pero empecemos por el principio a contar esta historia.

Entre Gitanillo de Triana y Manolete surgió una sincera y profunda amistad que tuvo su punto de arranque el día en que Rafael permitió al maletilla cordobés, que entonces no era nadie, torear una vaca en un tentadero. Manolete le recordó aquel detalle el día de su alternativa. Un detalle que Rafael no recordaba, pues entonces Manolete era un muchachillo desgarbado que Gitanillo nunca acertó a asociar con el ídolo de Córdoba. Nunca olvidó el cordobés aquel gesto de Rafael, y Manolete quiso corresponder a Gitanillo exigiendo para él, sitio en muchos de sus carteles en unos días en que la estrella del trianero, incomprendido como muchos toreros artistas, oscilaba hacia el precipicio del ostracismo de manera peligrosa..

La primera vez que torearon juntos ambos diestros fue en junio de 1941 en Barcelona, siendo el tercer espada Rafael Ortega “Gallito”. Ese año lidió Rafael 17 corridas, ninguna de ellas con Manolete, a excepción de la citada y la del doctorado. Entre ellas participó en la desgraciada tarde en que el espada sevillano Pascual Márquez murió en Madrid el 17 de mayo de ese año de un cornalón que le sacó el corazón fuera de la caja torácica. Una tarde marcada por una lluvia torrencial que dejó el piso de Las Ventas completamente embarrado. La temporada para el gitano en España no fue buena y se fue a América, donde cosechó sonados triunfos y gano mucho dinero, concretamente en Venezuela. Esos triunfos le abrieron las puertas de nuevo en España, pero la temporada de 1942 comenzó muy mal para el sevillano que tuvo que escuchar los tres avisos en Madrid, lo que le valió tener ese año sólo 8 contratos en España, por lo que de nuevo se embarcó a Venezuela y Colombia, donde de nuevo resurgió. En 1943 Gitanillo sólo pudo torear en España, sin éxito, cuatro corridas. En 1944 toreo también pocas tardes pero logró algunos éxitos que refrescaron su imagen de torero artista. El 27 de junio consiguió triunfar en Barcelona ante Manolete y Domingo Ortega. Paralelamente a estos años de poca fortuna para Rafael, la amistad entre los dos diestros se fue acrecentando. Ese año el torero gitano además de cosechar magníficas actuaciones en plazas pequeñas, triunfó (sin cortar orejas) en Cuenca, también con Manolete, y recobró en Madrid su rango de gran torero artista en la corrida del 28 de septiembre, junto con Manolete, El Soldado y Álvaro Domecq, una tarde en la que Gitanillo sin cortar orejas inundó Las Ventas con su perfume y su aroma de torero, mientras que Manolete si que cosechó un clamoroso triunfo.

Lo cierto de todo esto es que ya en esas fechas Manolete sentía por el gitano una devota admiración por su toreo lleno de magia y una amistad a prueba de bombas. Gitanillo además es que era un gran artista y a Manolete le daba mucha confianza llevar por delante en los carteles a un torero con su experiencia, que siempre redondeaba los carteles, con mucho atractivo para le público. En 1944 y 1945 el cordobés (mas bien su todopoderoso apoderado Camará) incluyó a Rafael en algunas tardes con ganado apropiado para que el gitano pudiera mostrar su arte, a fin de que pudiera comenzar sus temporadas con buen pie.

Al margen ya del toreo, Rafael era un hombre de carácter alegre y divertido que se complementaba a la perfección con la timidez, el apocamiento y la discreción del torero de Córdoba, pues tenía lo que a él le faltaba: alegría. Manolete encontró en él al compañero perfecto para sus salidas nocturnas a Chicote y sus incursiones en las juergas flamencas de Villa Rosa y Los Gabrieles. De temperamento espléndido y extrovertido, Rafael enseñó a Manolete, apocado y desconocedor de otro mundo que no fuera el toreo, a divertirse y pensar en otras cosas que no fuera sólo torear. Además es que Gitanillo de Triana cantaba y bailaba flamenco extraordinariamente bien, dos artes que apasionaban al torero cordobés, que a través de él llegó aentablar una gran amistad también con Manolo Caracol y Lola Flores. Ya en esos años la amistad entre los dos toreros era de auténticos hermanos. Hasta fueron compadres, pues Manolete apadrinó y bautizó al hijo pequeño de Gitanillo, que siempre llevó colgada al cuello con orgullo la medalla de oro que su ilustre padrino le regaló ese día. Aquel bautizó fue una fiesta gitana que duró dos días y que se celebró en Madrid, en la venta “La Capitana” de Ciudad Lineal, que era propiedad de Pastora Imperio y a la que asistieron artistas como Manolo Caracol, Lola Flores, Cagancho, y Luis Miguel Dominguín entre otros muchos.

Sabemos también que Gitanillo de Triana jugó un papel primordial en la presentación a Manolete de la mujer que sería su gran amor Lupe Sino, y con la que con toda seguridad, pensaba casarse el año en que la muerte vino a llevárselo para siempre en Linares. Fue Pastora quien los presentó en Chicote. Sobra decir que fue Rafael Vega de los Reyes el único amigo de todo el entorno del torero cordobés, que le apoyó en su relación con Lupe Sino, y que en muchas ocasiones fue su paño de lágrimas, su consuelo y su más íntimo confidente de las amarguras que todo el entorno del torero cordobés le procuró por rechazar de manera cruel y despiadada a esta chica, a la que Manolete amaba con auténtica locura y pasión. Cuenta la periodista Marita Martín en su libro, como Álvaro Domecq, a quien Manolete le daba, sin merecérselo creo yo, un trato de hermano, que en las largas temporadas que el torero cordobés pasaba en su finca entrenando, el jerezano estaba continuamente intentando disuadir a Manolete sobre su relación con Antoñita Bronchalo, de la que, tras la muerte del cordobés, siempre habló como si hubiese sido una prostituta de lujo con la que el cordobés se “entretenía”. Esta actitud de su amigo el rejoneador, le contrariaba y ponía nervioso al torero de Córdoba, tanto que lo sumía en una profunda tristeza y desazón. Y apunta en el libro citado la periodista madrileña, que podría haber sido la madre de don Álvaro, que al parecer tuvo una gran amistad con doña Carmen Polo, la que iniciara junto a José Flores Camará, la investigación policíaca y de seguimiento a que la Dirección General de Seguridad sometió a Lupe Sino desde 1943 a 1947, a través de una Brigada que velaba por la moral pública y las buenas costumbres, en un intento de arruinar una relación que al parecer, no estaba bien vista por la hipócrita moral que en aquellos años imperaban en nuestro país. Manolete encontró pues en Gitanillo de Triana el apoyo moral que absolutamente nadie de su entorno le dio, a excepción de su mozo de espada Guillermo.

Volviendo al toreo, que es el asunto que mas nos interesa, hay que decir que en el verano de 1947, Rafael, y Manolete recién llegados de América ambos, torearon muchísimo juntos, casi a diario. Trece corridas seguidas: Segovia, Alicante, Barcelona, Pamplona, La Línea, Madrid, Vitoria, Santander, Valdepeñas, San Sebastián, Toledo, Gijón y la trágica tarde de Linares, de la que a estas alturas... sobran comentarios. Gitanillo y Manolete (acompañado por Lupe) habían pasado una temporada toreando juntos en México donde ambos ganaron muchísimo dinero, mucho más que en España, con unos públicos absolutamente entregados porque los consideraban unos ídolos. Un trato que el cordobés ya no tenía de los públicos españoles, que deseaban tirar al ídolo del trono inexpugnable que nadie aun ha logrado ocupar desde su muerte. Allí en México fue Gitanillo el amigo y confidente de la pareja, la única persona que desde un principio vio bien su relación. El confidente de excepción de un Manolete triste y golpeado por los públicos españoles, que veía su felicidad sentimental enturbiada por el rechazo de su madre y todo su entorno hacia su novia, su gran y único amor. Un asunto que le llenó sus cuatro últimos años de vida de amargura y fatalidad.

Cuenta Joaquín Albaicín en su libro “Gitanos en el ruedo” una extraña historia difícil de creer, que aunque fantasiosa e indocumentada desde mi punto de vista, yo les quiero contar aquí para terminar esta historia de una amistad, pues aunque inverosímil está escrita y publicada. Dice Albaicín que en aquel fatídico 1947, se comentaba entre ciertas personas vinculadas a la Fiesta, que estuvo Manolete en aquella última temporada obsesionado por la presencia en todas las plazas, sentado en la barrera del 10, de un desconocido de aspecto vulgar y gris, ataviado con muy mal gusto y que nadie sabía darle el norte sobre la identidad de ese sujeto. El misterio se acrecentaba cuando al morir el último toro de la tarde de cada tarde que toreaba Manolete, aquel enigmático aficionado de la barrera del 10 de todas las plazas, era el primero en abandonar la plaza. Manolete miraba hacia donde el siniestro personaje estaba y ya había desaparecido, y dice Albaicín en el citado libro que: “una de las personas, que muchas de aquellas tardes de 1947 lo vio, afirmó cuarenta años más tarde, haberlo reconocido en la barrera del 10 de la plaza de Colmenar Viejo el día en que un toro mató en la arena a José Cubero ‘Yiyo’ “....
Lo que sí es cierto es que en ese año de 1947, Gitanillo de Triana vio a su entrañable amigo, más preocupado y angustiado que nunca, y él procuró despejar su mente de fantasmas y pesares, con su cante y con su baile. Con su buen humor y su sincera amistad consiguió siempre levantar el ánimo de Manolete.