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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Carrillo, ante la Corte Suprema de Justicia / J. L. Corral



 
Por fin, ante la Corte Suprema de Justicia

Remitido por J.L. Corral
Madrid, 18/09/2012.- Ha tenido mucho tiempo para arrepentirse, para contar la verdad, para pedir perdón. 97 años. No lo aprovechó. Ahora ya no puede escapar a la JUSTICIA con mayúsculas. Miles de víctimas inocentes, patriotas insignes, gentes de bien, católicos piadosos, muchos de ellos ya en los altares. Militares, patriotas, chiquillos, curas y monjas, estudiantes, obreros y ancianos.

El joven Carrillo Jefe de Orden Público de Madrid 1936

Todos perecieron en una orgía de sangre que comenzó precisamente el día en el que él se hizo cargo de la "Consejería de Orden Público" de la "Junta de Defensa de Madrid" y no se detuvo parcialmente sino hasta que el anarquista Melchor Miralles se hizo cargo de las prisiones. Del 7 de noviembre al 4 de diciembre de 1936. Pero las "hazañas" de Santiago Carrillo ya habían comenzado en las chekas y en los caminos, torturando y matando desde monjas hasta aristócratas, como contó de primera mano Julián, "El Estudiante", a quien conocí en una comida de hermandad y que me dio su dirección en Aranjuez, donde trabajaba como practicante, escribiéndola de su puño y letra en una hoja. Julián era un adolescente cuando todo aquello y el genocida de Paracuellos lo cogió como chico de los recados, pudiendo ver la participación directa del comunista gijonés en los fusilamientos y el despojo de los cadáveres, como el del entonces Duque de Veragua, descendiente de Colón, a quien asesinaron en la carretera de Fuencarral y le cortaron el dedo para poder quitarle el anillo. También estuvo personalmente en Paracuellos, donde no se recató en dar patadas a los cuerpos de los recién fusilados.Las matanzas, con listas escritas en la Dirección General de Seguridad, con órdenes a los directores de las prisiones, con los vehículos de la Compañía de Tranvías (antigua Empresa Municipal de Transportes) para trasladar a los presos que no habían sido juzgados por nadie, custodiados por cientos de milicianos, con fosas cavadas por "voluntarios" del mismo pueblo de Paracuellos, día tras día, durante un mes, no fueron obra de incontrolados, sino tarea bien planificada, organizada, dirigida y perpetrada por los únicos que podían hacerlo, los dirigentes "republicanos" encargados del Orden Público.


Esa legión de víctimas habrá asistido, revestida de gloria, al Juicio personal de este nefasto personaje, como un anticipo del Juicio Universal. Cristo Rey se le habrá mostrado, derribando en una milésima de segundo su artificio ateo. También habrán levantado su dedo acusador muchos que murieron por el terrorismo del maquis que él ordenó en los años 40 y 50. Y muchos de sus propios "camaradas" y compañeros de viaje, enviados a la muerte segura, delatados a la policía franquista. Y los que fueron depurados y purgados en el goulag soviético. O simplemente se llevaron un disciplinario tiro en la nuca. Y los niños apartados de su familia, deportados al "paraíso soviético", privados de Patria y Religión. También habrán podido asistir a la escena, más de lejos, pues están privados de la visión beatífica por su culpa en comandita con varios cientos de diputados más y la firma de su amigo Juan Carlos de Borbón, casi dos millones de criaturas españolas abortadas antes de nacer.

No habrá tenido ningún Juez Garzón para defenderle y eximirle de todas sus culpas. Ni se habrán oído en el Aula Celestial los ditirambos de todos los partidos y de todos los medios de comunicación, agradeciéndole su participación en el contubernio masónico y marxista de la Transición, ahora en crisis, que a ellos envilece y a nosotros los franquistas nos honra. Lo que no sabemos es si podrá compartir caldera con otro de sus amigos, Fraga, que lo mismo se salvó "in extremis" por las misas de Rouco. También se dijo de Azaña, "La Pasionaria" y de Tierno, que al final, muy al final, a hurtadillas........ A él le visitaron las Parcas en la siesta.

En todo caso, en los infiernos no le faltarán ni amigos ni enemigos. Sus cenizas irán a la mar, así que la tierra no le será leve y su jugosa paga, reducida mientras dure su viuda, dejará de pesar un tanto sobre los sufridos contribuyentes españoles.

Sic transit gloria mundi.

El genocida en su salsa con los milicianos