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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 13 de septiembre de 2012

Matad a Matías, mitificad Bilbao / Por Ricardo Díaz-Manresa


Bilbao es Bilbao, pero sin exagerar. Algunos dicen que es la primera entre las ferias de Primera. Este artículo analiza lo que es, cómo y cuánto. Y, aunque las comparaciones son odiosas, no resiste una con Las Ventas de San Isidro. Cada una en su sitio y con su categoría. No mitifiquemos.

Matad a Matías, mitificad Bilbao

Ricardo Díaz-Manresa
Bilbao se ha convertido en un debate. Hay que insistir. Ha habido temas que se han adelantado a este artículo por actualidad, urgencia o interés desde el 26 de agosto como los ciclistas en la carretera o en el sprint de meta. Pero no hay que dejarlo. Bilbao es Bilbao, sí, pero cuánto y en qué lugar.

Es una delicia llegar a la Aste Nagusia y encontrarte el Bocho sin calor tras los ardores de Madrid (salvo algún bochorno), en un buen hotel, con restaurantes estupendos, gente amable, mujeres elegantes, gran ambiente, oliendo a toro en muchos sitios, oyendo de toros en bares, viendo carteles de Vista Alegre. Agosto único, eso sí, como si estuvieras en las carreras de Ascot, pero sin los grandes y numerosos sombreros de las bellas o en la solemnidad de Wimbledom, sin los enormes silencios elegantes.

Bilbao es importante por su feria de toros, con su liturgia completa, los muchos detalles que nos embriagan, su apartado único, su plaza inigualablemente cómoda, su ejemplo en doble idioma, su música impar, sus banderillas peculiares, los colores de sus mozos en el ruedo. En fin, mucho y bueno.

Decid todo lo que sea justo, pero sin exagerar, sin querer que veamos lo inexistente. Se habla mucho del toro de Bilbao, tema mitificado por repetido, y que hay muy buenos carteles con todas las figuras (cinco de los nueve días, no más) lo que resulta –es cierto- brillante.

Y la afición que le gusta lo suyo y lo defiende. 

Matizando habrá que decir mucho de este trío toro-figuras-afición para dejarlo en su justo término sin emociones y sentimientos, con hechos y cifras. 

El toro aparece bastante, pero la afición no lo exige. Lo sueltan por prestigio y porque es una marca de esta feria, pero tampoco se protesta lo protestable. El público de Bilbao -como los del anuncio de las alfombras- es muy amable. Y ese toro se conforma muchas veces con una varita y la segunda entrada es un simulacro (lo tengo anotado muchas veces en mi libreta). Y lidian corridas como la de este año de Juan Pedro, antes el padre, ahora el hijo, que ya, ya…¿Y para esto va al campo en invierno la comisión, vuelve en primavera por la Sevilla de abril, hacen otra visita después cuando va a empezar el verano, y los toros ven también después en tanto análisis a veterinarios y presidente… La corrida valdrá o no, pero lo que es seguro que se saludarán toros y visitantes con mucho cariño tras tanta visita…¿Para esto numerosos viajes? Anda, anda…Quiero ser de la comisión de la Junta Administrativa.

El toro de Bilbao nadie lo pide, como nadie pidió el de Pamplona cuya aparición fue una estrategia comercial al negarse un año a ir las figuras y tener que ofrecer algo peculiar y distinto. Y se inventaron la Feria del Toro, que la mayoría ni la echa de menos ni la lamenta si falta. Y así van corridones para los modestos y alguna que otra corridita para las figuras. ¿Para qué poner nombres…? Todos los años es igual. Lo sabe la dinastía conocida por los Potra. Se me olvidaba : en Madrid sí exigen el toro. Si es necesario, con escandalera.

Y van las figuras, claro. Les pagan bien y el público es amable, comprensivo y dadivoso. Generoso sin pasarse, pero muy aficionado a sacar el pañuelo. Por eso van aunque tengan que verle la cara al toro. A Madrid o no van o lo hacen a regañadientes y, claro, se difuminan entre tanto cartel malo. Aquí, es lógico, se agrupan en cinco días y la mayor parte hace doblete. Al público de Las Ventas lo temen. Al de Vista Alegre, lo quieren.

Seamos claros, Bilbao tiene dos iconos que le dan prestigio y polémica. El toro y el actual presidente, el popular querido y odiado –bien odiado por algunos- Matías. Matad a Matías es el slogan de los orejeros o blanditos. Matadlo que es sinónimo de echarlo del palco. En cuanto pongan a uno que afloje el pañuelo y, por lo que sea, baje el toro más días, veréis en lo que queda Bilbao.

Matías González es como el 7 madrileño, que podrá cometer injusticias, equivocaciones o impertinencias pero que es un rompeolas ante los que quieren que todo el monte sea orégano. Paran el tsunami y no rebajan el nivel de categoría.

Es verdad que el primer día del Juli su solitaria oreja valía como tres de la mayoría que había otorgado antes. Valía mucho más que una pero no llegaba para dos. ¿Qué culpa tiene Matías que se pidan tantas injustificadas por esa amplia minoría que desde la tele y los periódicos siempre convierten en mayoría?. O que desde la tele podrida se repita : es de dos, es de dos. Y un jamón (el que ahora no regalan por los recortes). Amplia o mediana minoría. Con ella, se dan trofeos. No se enteran que mayoría es la mitad más uno. O sea, la plaza convertida en un inmenso pañuelo blanco.

No matad a Matías, no echadlo del palco, no insultarlo, no llamadle perturbado (la crítica es otra cosa), no brearlo. Pensad que cada año se piden en Bilbao más orejas injustificadas y tiene que ceder. Buena papeleta tiene en estos tiempos. En Madrid se dan muchos menos trofeos en muchísimo mayor número de corridas. Por algo. Y eso que Madrid ya no es Madrid.

Y la afición. Este año no apareció a la corrida de único espada del paisano vasco Fandiño. Tampoco al día siguiente con su querido Ponce y en el cincuenta aniversario de la plaza, fecha querida y para celebrar. Pues no. En la de agosto, ni un lleno y entradas algunas francamente malas y hasta preocupantes. (Comparad con San Isidro. Contad uno y otro abono). Ya piensan en suprimir los festejos del aniversario y reducir la Aste Nagusia.

O sea, que no. Los simpatizantes de la corrida van un par de días como mucho y no me dirán que con ese bagaje la afición puede ser entendidísima. ¿Cuántos de ellos asisten a Pamplona, Santander, San Sebastián o Azpeitia y ven muchas ante el televisor?. Mitificad Bilbao lo que queráis pero no contéis cuentos. La realidad es tozuda. Pocos festejos muy cantados, muy buena prensa, público moderadamente orejero, el toro sale o no y un buen escaparate general.

Por eso, me sorprende que algunos digan que es la primera feria de España, o la primera entre las de Primera. Ni color con Madrid : más de 30 festejos en San Isidro contra unos poquitos, abono mayoritario, toro pedido a gritos si hace falta, muy pocas orejas, exigencia a los toreros (con algunas actitudes irrespetuosas no tolerables) pero el más alto nivel o, si quieren, el menos bajo, con diferencia, entre tantos bajos.

Por lo tanto, no matad a Matías, no mitificad Bilbao, dadle lo que es justo. Al César lo que es del César. El difunto Luis Díaz de Lezama dijo al final de la serie del 2011 la verdad. Los de ahora cuentan el cuento.

Y los precios –muy altos- compárenlos con los de Madrid. Y vean la correspondencia entre calidad-precio.

Corridas Generales sin picar en general. Mantened el tipo, pero no digáis que un buen torneo de tenis está por encima del Roland Garros. Mantened la feria, conservad lo bueno y arreglad lo que es manifiestamente mejorable.

Los tiempos están así y Bilbao sigue siendo Bilbao, pero sin llegar al delirio de que es la primera entre las de Primera. Les gustaría.

Es corta y hay menos oportunidades de aburrirse. Y lo pueden pasar mejor, tranquilos, sin calor, sin broncas. Lo comprendo. Se acaba pronto y sabe a poco. 

A mí también me encanta Bilbao porque conozco a fondo su feria.