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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 28 de septiembre de 2012

El 29 de septiembre, ¡todos con Joselito El Gallo! / Por Joaquín Albaicín


El 29 de septiembre, 
¡todos con Joselito El Gallo!

"...La cita es el 29 de septiembre, a las once de la mañana, ante la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, y el homenaje consistirá en un recorrido –a lo largo del cual serán pronunciadas emotivas palabras en recuerdo del irrepetible torero- por varios lugares fundamentales en la vida de Gallito..."

Por Joaquín Albaicín
El lacio tono emocional y muscular que distingue a las actuales estructuras taurinas queda, creo, patentizado en el manto de silencio tendido sobre la figura de Joselito El Gallo durante todo este año, en el que justamente se cumple el centenario de su alternativa. He escuchado algo sobre el rodaje de un documental, que no sé si ha llegado a ser emitido por alguna televisión o proyectado en alguna sala. Y he visto la efigie de José en los carteles de la última Feria de Abril, lo que creo que ha constituido, y perdón si yerro, el único recuerdo que le ha sido dedicado por los maestrantes, quienes –no a título individual, pero sí como corpus- han mantenido durante décadas cierto distanciamiento respecto de su figura, debido a su iniciativa de construir en Sevilla una plaza de toros de mayor aforo que la Maestranza. Esto -al margen de la conferencia que haya montado tal o cual peña- ha sido todo, que yo sepa.

Prácticamente nada, si se repara en que José Gómez Ortega fue uno de los grandes bustos del universo cultural del siglo pasado y un nombre sin el que resultarían incomprensibles lo mismo la España de entonces que el toreo de hoy. No sé usted, lector, pero yo, por lo menos, no entiendo Madrid, o ciertas zonas de Madrid (no tanto de Sevilla, donde he vivido menos), sin el aura aún flotante en ellas del alma de Joselito. La calle del Príncipe, la Plaza de Santa Ana, la calle Arrieta, el camino a Las Ventas, el Retiro… Cuando me hallo en la capital y tomo café en el bar del Hotel Regina, donde él solía parar, no puedo evitar, al mirar por la ventana, posar la vista en la fachada de una ceñuda oficina bancaria, y no por mi falta de liquidez nada de extrañar en estos tiempos, sino porque en su solar abrió antaño sus puertas el Café Suizo, donde José saboreaba el desayuno.

El guante lanzado el 17 de mayo de 1920 por la dirección madrileña del diario El Liberal al rostro de la autoridad gubernativa, cuya ira desafío al sacar de máquinas y distribuir, pese a ser lunes y, pues, día prohibido para la prensa, una tirada especial del periódico, por razón de que no se podía tener a España atormentada por rumores sin confirmación acerca de lo sucedido en Talavera a Joselito, puede dar al lector una idea de quién era éste en la España de aquel tiempo, y de por qué más de tres mil personas se agolparon frente a su piso madrileño de la calle de Arrieta, ocupando todo el tramo desde la Plaza de la Encarnación hasta la Cuesta de Santo Domingo, la madrugada en que allí fue velado su cuerpo. El diario se vendió por las calles como churros antes de que la policía pudiera secuestrar lo poco que quedaba de la edición…

Su incondicional Don Pío le había bautizado como César taurorum mundi imperator, una soberanía imperial que ni siquiera Clarito, amigo suyo pero declarado belmontista, quiso ni pudo negar cuando, en su obituario emocionado, escribió: “¡Rey del Toreo! ¡Y bien que rey! ¿Qué hoja del árbol taurino se movía sin su previo consentimiento? ¿Quién desde el más alto puesto de un oficio, de una profesión, de una carrera, de un arte, extendió el radio de su inteligencia a la gobernación de los demás con tanto acierto? (…) El toro, el ganadero, el empresario, las plazas y los toreros, eran cinco enunciados dependientes de los cinco dedos de la diestra mano de ese rey. Él hacía la afición: el pueblo taurino. Él fomentaba y gobernaba el toreo: la industria”.

Por fortuna, en medio de tanto silencio, y justo cuando estaba leyendo la crónica de Zabala de la despedida de Pepe Luis, me llega noticia de una convocatoria animada por un grupo de aficionados prácticos malagueños, encabezados por José Morente –alma del blog La Razón Incorpórea- y Antonio Pineda. “¡¡¡Gallistas del mundo, uníos!!!”, reza el encabezamiento, recordándonos a los coleccionistas numismáticos los llamamientos de los primeros billetes bolcheviques de curso legal. Así que ese injusto vacío y ese imperdonable olvido hacia la figura del Rey de los Toreros, achacables al mundo oficial del toro, han venido a repararlos los aficionados.

La cita es el 29 de septiembre, a las once de la mañana, ante la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, y el homenaje consistirá en un recorrido –a lo largo del cual serán pronunciadas emotivas palabras en recuerdo del irrepetible torero- por varios lugares fundamentales en la vida de Gallito: el Gelves donde nació y tiene una estatua; la Alameda de Hércules donde residiera; la Maestranza que lo idolatrara; la casa de su rival y amigo Juan Belmonte; lo poco que queda –en la calle de Eduardo Dato- de la Plaza Monumental que edificara; la finca Pino Montano (donde se comerá); la Basílica de la Macarena, cuya efigie fue vestida de luto tras su muerte en Talavera; el cementerio de San Fernando, donde yace bajo la escultura de Benlliure. Y, finalmente, un bar de los Remedios donde se conserva, como una reliquia, un pedazo de un vestido de torear suyo.

¡Todos, pues, a Sevilla el 29! Pese al silencio, pese a la crisis, pese a la persecución encubierta del arte que amamos. ¡A sacar otra vez a hombros a Joselito como en el San Miguel de hace ahora cien años, cuando la multitud enfervorizada, tras doblar el sexto toro, lo alzó para llevarlo en andas hasta su casa en la Alameda, junto a su hermano Rafael, como colofón de un mano a mano de los que hacen época! ¡¡¡Gallistas del mundo, uníos!!!