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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Del trajín de las empresas / Por Por Álvaro R. del Moral



Del trajín de las empresas

Por Álvaro R. del Moral

Alianzas, codazos y algunos repartos. 
El caso de la plaza de Granada podría ser paradigmático para dibujar la actual situación empresarial. Los principales gestores anudan y desanudan alianzas aquí y allí uniendo fuerzas ante la imparable desertización de muchas plazas. Amigos aquí, rivales allí. Si en la Monumental de Frascuelo ha sido Casas el sustituto de Cutiño, Matilla y Choperita -que han salido cacareando y sin plumas- el imparable francés va de la mano del sevillano para catalizar la vuelta de Tomás a la Malagueta después de ese desgraciado tropezón de Semana Santa que ha estado a punto de cortar la dosificada carrera del Divino, que anda hecho un brazo de mar por el campo mexicano. Pero no se vayan que todavía hay más: cambiamos las gorras de cabeza y Choperita, Casas y Matilla siguen unidos en la gestión de Madrid mientras los pliegos de las plazas comienzan una tímida adaptación a la realidad económica y taurina del momento. Hablando en plata: las bajadas de los desorbitados cánones de arrendamiento están posibilitando mantener la calidad y bajar la cantidad del espectáculo. Que pregunten este año en la Malagueta y el que viene en Granada.

Un paseo por las cifras del escalafón. 
Hay que descender al sexto puesto para encontrarnos con los 41 paseíllos cumplidos por El Juli. Pero la estadística está liderada por un Padilla que sigue de recogida y un Fandi que aguanta el destajo a pesar del desgaste. El tercero es Fandiño, lucrador de esa Oreja de Oro que debía haber ido a parar -no es la primera vez que se la mangan- a manos de Miguel Ángel Perera, el torero más auténticamente regular en el triunfo dentro de una campaña en la que el tirón taquillero sólo ha sido mantenido por la trinidad taurina formada por el propio Juli; el totemizado Morante (en el puesto 15 con 33 funciones y un cornadón) y un Manzanares que mantiene su categoría pese al indisimulado acoso y el inevitable descenso de la cumbre (puesto 14 y 34 corridas de toros). El quinto hombre, hablamos de Talavante, se queda en la novena posición después de haberse cruzado 39 ruedos. No hace falta dar más nombres. Los datos son elocuentes: cantidad y calidad no han ido este año de la mano y las cifras cantan la estrechez de un pastel -lo contábamos la semana pasada- muy difícil de repartir.

Cuando se puede morir de verdad. 
El malogrado novillero Curro Sierra o los banderilleros Luis Mariscal y El Chano, inútiles para la profesión por las secuelas de los terribles percances que estuvieron a punto de costarles la vida, son los ejemplos más recientes de los riesgos ciertos que corren los hombres de luces. Podríamos ampliar la lista infinitamente y recordar otros casos más felices como el de Jesús Márquez, que se escapó de la Parca en la enfermería de Sevilla y ha vuelto a vestirse de luces sin acusar que un día le chorreó la vida por las piernas. Pero es obligado invocar los que ni siquiera pudieron contarlo, como Adrián Gómez, un honesto subalterno que falleció hace tres años después de llevarse otros dos tetrapléjico y en una silla de ruedas. Una de las peores noticias del 2013 que ya anda recogiendo los bártulos es la retirada obligada de Luis García Ramírez, el Niño de Leganés. El elegante banderillero de El Juli no volverá a lidiar un toro bravo. La horripilante cogida del Domingo de Resurrección en Sevilla condenó la sensibilidad y la fortaleza de una de sus piernas y aunque no le dejará volver a torear tampoco le impedirá seguir bregando con la vida: permanecerá en el toro como apoderado. Todos los ejemplos -tan recientes y conocidos- son válidos para cantar la grandeza de esta casta de hombres que se visten de seda sabiendo que actúan en una peculiar película en la que se puede morir de verdad. En este mundo virtualizado y ternurizado, alejado de la cultura del esfuerzo, merecen toda la admiración y respeto.
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