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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 27 de febrero de 2016

Un toque de modernidad / por Paco Mora



No sería malo que los “valientes” funambulistas fueran anunciados en los carteles poco más o menos así: “A la muerte del tercer toro un grupo de espontáneos sorprenderá al respetable, lanzándose al ruedo para deleitar con sus pingüis, carreras y marros..."


Un toque de modernidad

No tenía el propósito de hablar de “la hazaña” de los espontáneos de Vistalegre, más que nada porque echarse al ruedo cuando el toro ha sido arrastrado por las mulillas tiene poco mérito, aparte del que significa burlar a las autoridades que deben garantizar el orden público en las plazas de toros, como en cualquier otro espectáculo de masas. Y sobre todo por no hacerle propaganda gratis a los mercenarios en cuestión, financiados por la internacional antitaurina, una de cuyas entidades bancarias tengo debajo de mi casa, a la que por cierto le están saliendo telarañas en los cajeros.

Pero bien pensado, sí; hay que hablar de la “heroica” muchachada que nos distingue con su atención. Si hemos de convenir en que a la Fiesta le hace falta un toque de modernidad, no sería malo que los “valientes” funambulistas fueran anunciados en los carteles poco más o menos así: “A la muerte del tercer toro un grupo de espontáneos sorprenderá al respetable, lanzándose al ruedo para deleitar con sus pingüis, carreras y marros para escapar de los banderilleros y areneros que intentarán cogerlos, tardando lo más posible para solaz y diversión del mismo”. Como todo el que hace un trabajo debe cobrarlo, no estaría de más que se añadieran un par de euros al precio de las entradas con ese fin.

Vale la pena pensarlo, porque además de servir para descargar un poco la adrenalina de la tarde, la actuación de los “simpáticos” tontos contemporáneos serviría para que el distinguido público tuviera unos minutos para aligerar la vejiga y hasta para hacer aguas mayores. Claro que ya puestos, en el momento del salto se podría abrir la puerta de chiqueros para que saliera a la plaza un cinqueño de Miura, Victorino o Adolfo Martín. La cosa sería más divertida, pero es evidente que para ponerla en práctica habría que contar con los protagonistas del evento. Si los “artistas” accedieran a ello, los dos euros mencionados deberían ser ocho o diez, para atender los gastos de clínica de los heridos y, en su caso, para las exequias de alguno de ellos. Cosa harto difícil, porque al ver en el ruedo un galán con dos petacos harían la del humo. La idea es gratis.