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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 3 de diciembre de 2016

HABLAMOS CON JULIÁN MAESTRO, PRÍNCIPE DEL TOREO



Pero Julián Maestro es algo más, hablamos con un TORERO que nos narra una carrera unida al toro, su veneno, con la gloria y la dureza de una profesión para héroes, para elegidos, para TOREROS.

HABLAMOS CON JULIÁN MAESTRO, 
PRÍNCIPE DEL TOREO

Jaime López
Miércoles, 30 de noviembre de 2016
Hablamos con un Príncipe del Toreo, porque tal y como él señala no le importa que le sigan llamando así al ser una época muy bonita de su vida. Junto a Lucio Sandín y Yiyo formó un trío de niños toreros que marcaron un camino que cambió el toreo en su formación.

Pero Julián Maestro es algo más, hablamos con un TORERO que nos narra una carrera unida al toro, su veneno, con la gloria y la dureza de una profesión para héroes, para elegidos, para TOREROS.

Hablamos con Julián Maestro.

-Don Julián, buenos días.

Por favor, quítame el Don, de tú.

-Un niño torero, ¿por qué?

Porque desde chiquitín mi padre me llevó a los toros y me quedé atrapado. Fui a los toros con mi padre que era un gran aficionado y me impresionó ver el colorido de esta fiesta, los trajes, el ambiente...

-Sus ahorros van para un capote muy especial

La paguita que me daban yo la metía en la huchita. El primer capote lo compré en la Plaza Mayor y no era un capote de verdad, era un capote de turista, pero lo disfruté como el mejor de mis juguetes.

-Con sus hermanas embistiendo

Había oído hablar de la Casa de Campo y preguntando llegué a la explanada. Los fines de semana, unos veinte días, me llevaba a mis hermanas pero se fueron por las palizas que les daba a embestir y se aburrieron. Eso fue 1973.

-La Casa de Campo, un centro torero. ¿Cómo era?

Muy bonita en el sentido de los entrenamientos y del ambiente. Nos reuníamos en la plazoleta situada en el Pinar de las Siete Hermanas. Se hacía todos los días y mínimo había siete u ocho toreros. Junto a nosotros jubilados, aficionados... Era todo muy romántico. Había fiebre por el toro y se vivía todo con más intensidad. Era un mundo mágico que te atrapaba, a mí me atrapó. Esa etapa fue de 1973 a 1976.

-Entra en la Escuela de Madrid, ¿cómo era?

Era la única. Llegaban desde toda España e incluso del extranjero, recuerdo chinos. Era acogedora y con la intención de erradicar la incultura del maletilla. Buscaba que se forjaran como hombres y como personas teniendo la posibilidad incluso de dormir allí en las literas que había. Era una escuela de tauromaquia y de vida.

-Nacen los "Príncipes del Toreo", ¿por qué vosotros tres?

Éramos de edad parecida. Se fijaron en que teníamos, dentro de que éramos niños, la capacidad de absorber todo lo que nos decían y trasladarlo delante de una becerra. Es Martín Arranz el que los crea con el fin de hacer ver a la gente que había niños capaces de hacer cosas diferentes como los quites distintos. 
El nombre de los Príncipes es puesto por un aficionado, De la Torre, que decía que parecíamos tres príncipes por cómo andábamos, por cómo vestíamos y se creó lo de Príncipes del Toreo. Eso se empezó a poner en todos los carteles.



-Con vosotros nace la primera escuela , ¿cómo reacciona el toreo?

La gente estuvo un poco reacia porque existía Vistalegre y también las capeas. Hubo gente que sí se lo tomó muy bien al tener los chavales un sitio para torear y aprender. Los había poco receptivos diciendo que los toreros se tenían que hacer a base de sudor y sangre. A nosotros nos inculcaron disciplina y dureza y pudimos demostrarles que estaban equivocados.
Las escuelas se han ido descafeinando pero a nosotros nos ponían delante de vacas muy serias para ver quién quería ser torero de verdad. Al que no quería se le desengañaba. Nos ponían delante de vacas de doce años. Fue una etapa muy bonita pero nada que ver con la de ahora. Ahora parecen funcionarios que acuden dos horas y se van a casa, antes estábamos hasta los sábados y los domingos, aquello parecía militarismo. Un militarismo que nos vino muy bien porque todo lo que aprendí me ha ayudado delante de la cara del toro y en la vida.

-¿Era Martín Arranz tan "sargento" como se cuenta?

Duro, pero esa disciplina nos ha servido. A nadie le gusta que le chillen cuando es pequeño o que le echen encima de un becerro a la hora de matar porque me decía que no pasaba. Sus enseñanzas nos han servido y prueba de ello es que ha sacado muchos toreros y a una gran figura del toreo.

-En esas condiciones de dureza y sueños se crea un vínculo eterno entre los tres.

Para siempre. Hemos sido como familia. Estuvimos por casi toda España de gira y pasamos muchas horas juntos entrenando y viviendo. Pasábamos fines de semana en casa de alguna de las familias pero en la plaza cada uno íbamos a lo nuestro. En la plaza no éramos amigos salvo en situaciones de quite o peligro.

-¿Cómo eran tus amigos?

Eran dos fenómenos. Lucio era más serio y Yiyo más bromista, siempre de juerga. Ambos muy buena gente y con un enorme respeto por la profesión.

-Recuperan suertes de capa, ¿parte esto de Martín Arranz?

De Molinero más bien. Arranz se ocupaba de la técnica y de la preparación. El andar en torero, la técnica y la preparación eran cosa del señor Molinero.

-¿Cómo fue esa gira por España y Francia?

Muy bonita. Martín Arranz nos exigía mucho pero nos llevaba muy bien. Se preocupaba de buscarnos novilladas de garantías y nos sabía exigir y preparar. Fueron dos años muy bonitos viendo tu nombre anunciado en todos lados. Fue una burbuja que asimilas con el tiempo, que la valoras según pasan los años porque de niño la disfrutas pero no la valoras.

-Una burbuja que se rompe

La vida, como se rompen los matrimonios. Luego llega el percance de Lucio, a mí me pegan una cornada fuerte en Azpeitia, Yiyo... El toro no admite juegos, te da muchos sinsabores. Yo siempre digo que es como un vaso de agua y que a medida que vas creciendo se gasta. Vas adquiriendo conocimientos pero pierdes facultades.

-Tres niños con fama, ¿aparecen los falsos amigos?

Si, ves "amigos" que luego no lo son. Nosotros jugábamos al toro pero con la dureza comentada y se nos pegaba gente como amigos. Algunos banderilleros y mozos de espadas para torear contigo o personas para presumir de tener amigos toreros. Te vas dando cuenta después, en ese momento no, que amigos de verdad hay pocos.

-¿Cómo se asume la diferente evolución de los tres?

Es cosa del destino y de las manos. Yo volví loca a la gente en Valdemorillo pero mi padre no era taurino y con 16 años caí en las manos no adecuadas. Nuestras carreras fueron llevadas por personas diferentes pero no fueron bien dirigidas ninguna. En el libro sobre Lucio "Historia de una madurez", escribía Martín Arranz que cualquiera de nosotros en sus manos hubiera sido figura del toreo. 
Yo estoy convencido de que Yiyo, en otras manos, no coge la sustitución de Colmenar porque tenía la categoría suficiente y los méritos para haber ido desde el comienzo a la feria y no de sustituto.

¿Se miró, de los tres, demasiado pronto a Yiyo?

No, él destacó antes. Le ayudó mucho Tomás Redondo. Le ponían en más sitios, por su valía, él lo llevaba dentro. Está claro que se fijan más en el que destaca, en la cabeza visible.

-¿Cómo asumes cuando las cosas no salen?

Al principio me llevó gente de buena voluntad pero sin acierto. Después me tenía que jugar todo en Madrid a una carta y eso era una lotería. Hay que ir preparado, con la confianza de apostar a caballo ganador. Ahora vienen a Madrid para ir a los pueblos y antes al revés. 
En mis momentos más duros venía a Madrid a tratar de despegar pero me ponían con novilladas difíciles en las que estaba bien pero no cortaba orejas. Nunca tuve el novillo ideal. Dejé clase, detallitos, pero no cuajé ningún novillo por completo, no le tuve tampoco.

-Los que antes tenías cerca, al ver que las cosas no salen, ¿te miran de otra manera?

Nunca me he sabido ir de la profesión. Lucio cuando las cosas se ponen difíciles por las cornadas y el accidente de tráfico se aparta del toro. Yo no me he sabido ir, estoy envenenado. He tenido que estar en otras actividades y siempre me sentía fuera de sitio. Me hice banderillero para no verme fuera del toro. Cuando me jubile no me iré del toro, seguiré como aficionado o ayudando a algún chaval. El toreo es algo que nace y muere contigo.


-Tú persistes en tu sueño pero te cortas la coleta

Me la corté de rabia, de forma emocional. Fue una novillada para la que me había preparado mucho y que empezó mal por el tiempo, hacía viento. Recuerdo que al primero le di una larga cambiada, saliéndome de mi estilo. El segundo fue un mulo que derrotó mucho. No fue un petardo pero no me salieron las cosas, no alcancé el objetivo propuesto. Me había levantado varios días para entrenar a las cinco, de noche, porque no era capaz de dormir.
Esa misma noche me emborraché para olvidar el día tan amargo. Ya sereno quería volver a los dos días pero no podía al haber tomado esa decisión en esa plaza. Un día, andaba perdido, y en la Casa de Campo hablé con un banderillero que me dijo que me hiciera de plata porque tenía nombre y ganaría dinero. Tomé la decisión en junio y toreé cuarenta ese año.

-Me hablas de emborracharte, ¿cómo se tolera el fracaso?

Es durísimo, me emborraché de amargura. No lo entendía teniendo en cuenta mi preparación. Era beber para olvidar pero sereno me arrepentí de la decisión. Fue un fracaso del destino porque no me quité por un petardo.

-En la escuela no te enseñan a cómo superar el fracaso

En la escuela te enseñan que el toro es duro, que te cogen y te pueden matar. El fracaso no te lo enseñan porque eso lo aprende uno en la vida. Te pueden explicar como es pero no lo sabes hasta que no lo sufres.

-Pero sus sueños de oro siguen

Me vine a Móstoles y a un concejal amigo, con fuerza, se lo propuse y le pareció bien. Me quité trece kilos pero cuando pasa el tiempo... Es difícil coger el ambiente otra vez porque sale gente nueva. Eres un producto y cuando no interesas, se te aparta. Recuerdo que corté las dos orejas al de la alternativa y un profesional me dijo que solo me iba a servir para mí. Corrían tiempos diferentes y ya ni la oreja en Madrid te servía. Me enfadé con él y hasta dejé de hablarle pero tuvo razón.
Está el refrán de "dime quién te apodera y te diré lo que toreas", siempre que responda el torero claro. Aún así no es igual torear siete antes de ir a Madrid más campo que un par de toros en el campo y ponerte en Madrid.

-¿Se notó sin el apoyo de sus compañeros?

No, siempre respetado. A estas alturas no me siento abandonado pero si hay gente que podría decir "es un torero de toda la vida y le quedan dos años vamos a echar un cable". Cada uno va a su aire. Antes iban banderilleros mayores como Pepe Cano pero eso se perdió. Al banderillero mayor no se le respeta, son modas.

-¿Y el sistema?

Me he sentido respetado. Cuando he ido a Madrid a pedir que pusieran a un chaval me lo han puesto. El taurino de siempre respeta al profesional pero los de su alrededor les marean. También ha influido la suerte y que a mí me cuesta llamar a la gente. 
Hay gente que ha cedido sus derechos y yo no me he salido siempre de la misma línea, quizás estuviera equivocado pero a mi edad es muy difícil cambiar.

-¿Cristina supone un antes y un después, al dejarla, en su carrera de banderillero?

Sí. Cuando me hice matador de toros algunos toreros con los que iban se retiraron y entró gente nueva. La gente piensa que te haces banderillero por estar descentrado y no por afición. Me perjudicó lo de matador pero no me arrepiento, si acaso económicamente. Ahora hay muchos banderilleros que se adaptan a lo que sea y tú te quedas desfasado.

-¿Guarda rencor al toro?

No, le quiero mucho. Le amo con locura. Me llamaron para el tentadero del domingo y acepté. Me fui a torear dos becerras para prepararme sacando el dinero de mi casa. Le amo, no tengo derecho a guardarle rencor. Mil veces que naciera, mil veces sería torero.

-No me resisto a preguntarle por su sobrino, Miguel Maestro

Tiene buen aire. Le ha faltado ambición y le han sobrado compañías no idóneas. Tiene calidad, cuando salió Gregorio (Sánchez) estaba como loco con él. Se aburrió y se quitó un tiempo pero siempre mantuvo la calidad. Es un buen torero, tiene un corte distinto pero a veces le ha faltado hacer caso a su tío. Las verdades duelen.

-Para ir terminando. El otro día hablamos con Pepe Luis Segura sobre un mundo del toro que resulta desconocido.

Sí. Lo comenté el otro día en la tertulia de Colmenar y Lucio, que lleva veinte años quitado, se sorprendía. Me siento un desconocido en mi profesión. Se ha perdido el respeto. Antes te daban tu sitio y se ayudaba a los que estaban en sus últimos años, si no para corridas pues para novilladas. Los chavales se hacen ahora banderilleros con quince años y antes agotaban todas las naves antes de tomar esa decisión. Llegas a los patios de cuadrillas y no sabes quién es el banderillero y quién el torero. Se van a lo fácil, son los que han perjudicado al toreo. Se ha dado cancha a todo el mundo y esto está masificado.

-¿Es tan mala la cobertura socioeconómica para los banderilleros como parece?

Para los del grupo especial es fenomenal pero para el resto es complicado. Estoy haciendo actividades para poder cotizar. Llevo cotizando desde 1979 pero como te valoran solo los quince últimos años te bajan mucho la base. Toreros de toda la vida se jubilan por dos pesetas.

-No te voy a preguntar por la muerte de Yiyo, estarás harto de contarlo

Sin problema. Estaba de permiso en la mili y al llegar al cuartel el cabo primero, Guerrero, me dijo que se había muerto Yiyo, no le sabía pronunciar por cierto. Llamé a mi casa y mi madre, entre lágrimas me lo dijo, costó asimilarlo. Cuando Yiyo cortó dos orejas al de Paquirri pensé que nadie le podía quitar jamás y mira.

--Una última pregunta, ¿te gustaría ser recordado como torero o como Príncipe del toreo?

Torero, me da corte lo de príncipe. No me arrepiento de ese eslogan porque fue una etapa muy bonita. Me encanta que los aficionados recuerden esa época y me lo sigan llamando pero es cosa de ellos, a mí, torero.