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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 30 de marzo de 2018

Baleares. Un bajonazo que hará daño / por Paco Delgado


  • O sea, que lo de Patrimonio Cultural Inmaterial y lo de la incompetencia de las Comunidades Autonómicas para legislar sobre ello, es papel mojado…
  • O sea, que se permite que, de ahora en adelante, las corridas que se den en las plazas baleares deberán ser sin sangre y, por supuesto, sin muerte.

Un bajonazo que hará daño

Casi al mismo tiempo que daba un muy importante paso para acabar de  una vez por todas con el tan nefasto “prusés” catalán -mandando a  chirona a varios de sus cabecillas que quedaban libres y haciendo que  alguna que que otra rata (en sentido figurado, eh) abandonase el barco a  la carrera, con nocturnidad y alevosía- la justicia asestaba a la  tauromaquia un feo bajonazo que puede hacer mucho daño.

La pasada semana el Pleno del Tribunal Constitucional, por  unanimidad, acordó levantar la suspensión cautelar de los artículos  que regulaban las corridas de toros y de protección de los animales  en las islas Baleares, impugnados por el Gobierno y suspendidos  automáticamente como consecuencia de la aplicación del artículo 161.2  de la Constitución.

El Tribunal considera que la Abogacía del Estado no argumentó de  forma suficiente, tal y como exige la doctrina constitucional, las  razones por las que, en su opinión, la ley debería seguir suspendida.  Y explica que la regulación de la ley balear “no es idéntica” a la  que se declaró inconstitucional; que los artículos que ahora se  recurren “no prohíben, en general, los espectáculos taurinos”, sino  aquellos en los que se hiera u ocasionen la muerte al animal. Y, por  otra parte, autoriza previsiones dirigidas a garantizar el bienestar  de las reses. Que no les falte de nada.

  • O sea, que lo de Patrimonio Cultural Inmaterial y lo de la  incompetencia de las Comunidades Autonómicas para legislar sobre  ello, es papel mojado…
  • O sea, que se permite que, de ahora en adelante, las corridas que se  den en las plazas baleares deberán ser sin sangre y, por supuesto,  sin muerte.
  • O sea, que a ver quién organiza ahora un festejo allí.
  • O sea, que la fiesta nacional parece que puede darse por zanjada en  esta parte de España.
  • O sea, que, a partir d este momento, y ateniéndose a esta  jurisprudencia, otras muchas regiones en las que gobierne la  izquierda radical, puede hacer lo mismo.
  • O sea…

Dios no lo permita, pero la taurofobia política -mucho más peligrosa  que la intelectual, a la que nadie hace caso, y que la animalista,  absurda e incongruente- puede dar jaque mate a una de nuestras más  populares manifestaciones culturales.

El afán revanchista y la incultura de esta nueva ralea de dirigentes  ávidos de sangre (otra vez en sentido figurado, espero…) ha  encontrado en la tauromaquia el móvil perfecto para comenzar a llevar  a efecto su ansia de venganza por hechos ocurridos ochenta años atrás  y que, lejos de tratar de superar, utilizan como único argumento para  medrar y tener su ración de poder y mangoneo.


Y todo ello sin que el Gobierno de la nación -una nación que desde la  primera legislatura de Aznar (con Zapatero marcando un hito de  ineptitud, desbarajuste y desastre de muy difícil superación) a  nuestros días ha padecido y padece una muy dañina plaga en forma de  políticos incompetentes en prácticamente todas las áreas y despachos-  haya movido un dedo para frenar este crimen de lesa cultura. Y con la  clase taurina, como de costumbre, mirando hacia otro lado y esperando  que surja un nuevo Manolete o un nuevo Cordobés para que todo se  arregle. Y nada cambie.