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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 17 de marzo de 2018

VENEZUELA. LOS IMPACTOS DE LA CRISIS EN NUESTRA COTIDIANIDAD / por Fortunato González Cruz



La crisis nos cambia las rutinas del estudio, del trabajo y del ocio por tareas elementales de sobrevivencia. Nos impone tiempos absurdos de oscuridad y silencio, de incomunicación y aislamiento. Nos asaltan temores ajenos a nuestra cultura de las seguridades. Me pregunto si de este infierno aprenderemos alguna lección útil para la reconstrucción que llegará tarde o temprano. En esa esperanza se anota mi optimismo.


LOS IMPACTOS DE LA CRISIS EN NUESTRA COTIDIANIDAD

Fortunato González Cruz
Mérida, 17 de Marzo de 2018
Las advertencias las hubo y oportunas. Aquel libro titulado “El excremento del diablo” que recoge los diálogos entre Arturo Uslar Pietri y Domingo Alberto Rangel fue una premonición. Ahora vivimos un tiempo en el que, lamentablemente, estamos recogiendo la cosecha de las política públicas que se sembraron cuando nos extraviamos como país y olvidamos lecciones históricas y hasta las despreciamos, incluidos los aprendizajes de los años 60 a los 80. 

Nos fuimos por el atajo del populismo, de los encantadores de serpientes, de la promesa de una justicia social que se transformó en peores humillaciones, en la manipulación más abyecta de las necesidades. Y caímos en manos de los que intentan convertir la ignorancia en virtud y el atraso en porvenir Se disipan las ilusiones y se vacían los espacios, tratamos de mantener la familia y nos negamos a dejar morir los afectos pegados del washapp, nueva rutina también amenazadas por el más espectacular alarde de incompetencias de nuestra historia. 

La crisis nos cambia las rutinas del estudio, del trabajo y del ocio por tareas elementales de sobrevivencia. Nos impone tiempos absurdos de oscuridad y silencio, de incomunicación y aislamiento. Nos asaltan temores ajenos a nuestra cultura de las seguridades. Me pregunto si de este infierno aprenderemos alguna lección útil para la reconstrucción que llegará tarde o temprano. En esa esperanza se anota mi optimismo.

Podemos ser una sociedad que valore más el esfuerzo personal y el trabajo productivo, que recupere el civismo y la solidaridad; que valore lo hermoso que es ser, sentir, pensar y convivir sin alardes consumistas ni patrioteros. Aprovechar las horas sin electricidad, sin internet y sin teléfono para vernos, escucharnos, contemplar las noches más estrelladas y disfrutar del silencio, recordar tiempos añorados y recordar a quienes se nos han ido.

Al caer en cuenta de la amplitud y profundidad de la crisis, conviene, como recomienda el padre Ugalde, pensar más en que puedo hacer yo, desde mi circunstancia, para pasar lo menos malo posible el momento y participar en la tarea individual y colectiva de la reconstrucción desde ahora. No hay que esperar la cura sino actuar ya ahora en la enfermedad para recuperar la salud. Y pensar con el cerebro y con el corazón, no con las vísceras, desde la reflexión y no desde el arrebato ni de la rabia, ni de la desesperanza. Luego, articular mi esfuerzo con otros y participar en las iniciativas que nos parezcan propicias y a las que me pueda acoplar mejor desde mis realidades. Descubrir nuevas formas de convivir y de ser, de asumir compromisos conmigo, con mi entorno y con mi país.

Son tiempos de cuaresma buenas para orar y pensar, e ir preparando la pascua de resurrección.