la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 18 de marzo de 2018

Valencia. Salve, César imperator / Por Paco Mora



Salve, César imperator

Paco Mora
Que Enrique Ponce es hoy por hoy el César del toreo hay pocos aficionados que no lo reconozcan. Esta tarde lo ha demostrando en Valencia una vez más ante dos toros que, pese a ser los más posibles del encierro, tenían sus dificultades. Solo el presidente, contra los miles de espectadores que llenaban a rebosar la plaza de la calle de Xàtiva, se ha atrevido a negarle el pan y la sal al de Chiva después de una faena de alta calidad, completa, armoniosa, medida, de gran sabiduría, y (¿por qué no decirlo?) con valor de verdad, de ese que hace falta para torear bien, que remató con una estocada de excelente ejecución. Los tendidos eran un clamoroso paisaje nevado, exigiendo para el maestro las orejas de su adversario. No hubo un fallo, ni una indecisión en un Ponce soberbio y dueño absoluto de la escena.

Sin embargo, el “usía” con una evidente falta de respeto al público y al torero, impasible como un “okupa” que se hubiera colado en el palco en un descuido, no hizo el mínimo gesto para premiar tanto belleza, arte y torería. La bronca fue apoteósica. ¿Incompetencia, o saña contra la Fiesta del invitado de piedra del palco? Hay ocasiones en que uno se reafirma en que el enemigo está dentro.

En su segundo toro Ponce subió todavía más el listón, porque su adversario era más difícil y de menos prestaciones. Pero se superó a sí mismo y su faena alcanzo cotas impensables, calibrando las condiciones del animal. Con el público enardecido y en pie “el asombro de Chiva” pasaportó a su ya entregado colaborador de un pinchazo y una estocada. Y cuando se esperaba como respuesta a tanta sabiduría torera y entrega otro desprecio del inquilino del palco, este sacó los dos pañuelos “ipso facto” y le abrió de par en par la puerta grande al César del toreo. Aquello fue desconcertante, pero quizás el hombre ya había disfrutado de su minuto de gloria. Sin embargo, su “todo o nada” solo demuestra falta de criterio, supina ignorancia y una manifiesta incapacidad para el arbitraje.

Sigue el baile de corrales a mediodía. Hoy se han tenido que “ver” trece toros para sacar seis. Por este camino, con un equipo veterinario y un presidente de tal calibre, la plaza de Monleón volverá a erigirse en notica negativa cada día de toros.