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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 20 de marzo de 2018

El Comentario de Williams Cárdenas… ¡Ferrera la pólvora, Colombo la traca!


Jesús Enrique Colombo

Un espadazo final dio paso a la petición que hubiera sido el pasaporte a la Puerta Grande, pero ni San José ablandó al presidente, que lo impidió. Dio una vuelta entre aplausos y devolución de prensas de vestir.


El Comentario de Williams Cárdenas… ¡Ferrera la pólvora, Colombo la traca!

España,19 marzo, 2018  
Valencia, última de Feria el día del Santo. Menos de media plaza. Seis toros de Victoriano del Río, bien presentados en líneas generales, algunos astifinos, que dieron juego por su movilidad; mejores los tres últimos, el 4º premiado con la vuelta al ruedo, que estaba en condiciones infernales por la lluvia caída desde el inicio de la corrida. Antonio Ferrera, ovación y vuelta perdiendo los trofeos que tenía en el bolsillo por el mal uso de la espada, dos avisos. Ginés Marín, ovación, aviso y ovación; y Jesús Enrique Colombo, oreja y fuerte petición en su segundo, que el presidente no atendió.

Antonio Ferrera, de azul y oro, ha dejado en Valencia una de las mejores faenas de la Feria. En su primero, castaño que no regaló nada, hubo poco lucimiento con el capote y dejó que el tercio de banderillas lo cubriera su cuadrilla. Sólo la experiencia de un torero como este permitió verlo desplazándose por los dos pitones, pero sin redondear faena a un toro que nunca se entregó.

La pólvora estaba guardada para el cuarto. Un toro bien hecho, que fue muy bravo en el caballo, recibiendo dos puyazos y otros tantos picotazos, pues llegó a romper la vara en una de sus violentas entradas al caballo. Tampoco banderilleó Ferrera, pero con la muleta realizó una de las faenas más puras de la Feria, a un toro que fue a más y no cesó de acudir a los cites del torero, que le enjaretó una faena de muletazos lentos y templados, todo al ralentí, acompañado por el pasodoble Concha Flamenca, sacando a relucir la evolución del extremeño en esta feliz etapa de su madurez profesional.

Tenía las dos orejas en el bolsillo, cuando la espada traicionó sus deseos para dejar el premio en una sentida vuelta al ruedo tras dos avisos. Vuelta al ruedo que también recibió el toro de Victoriano.

Ginés Marín, de gris y oro, se enfrentó a otro castaño que hizo segundo que en el primer tercio apenas se dejó pegar unos lances de trámite marcando tendencia a vencerse por el lado derecho. Colombo hizo un quite por tafalleras y al replicar Marín con chicuelinas a medio capote, el toro le dio una fea voltereta, sin consecuencias.

Con la muleta el toro pasaba pero sin clase ni transmisión, por lo que el torero simplemente cumplió voluntarioso sin poder desplegar su repertorio. Media que bastó tras aviso y fue ovacionado.

El quinto, ya en medio del lodazal, se movió mejor y Marín lo lanceó con lucimiento. Con la muleta tuvo mas opciones que en su primero y vimos al torero que con justicia ha sido reconocido como la revelación del pasado año.

Todo dentro de las limitaciones que impone torear bajo un aguacero. Tuvo que cambiar de muleta dos veces, pues se empapaban de barro y el peso impedía manejar sus vuelos. Mató de pinchazo hondo y descabello. Ovación.

Jesús Enrique Colombo, de blanco y oro, volvía al ruedo donde recibió una grave cornada en su despedida de novillero y justificó plenamente su inclusión en la Feria, aunque haya sido por la vía de la sustitución de última hora. En su primero ya evidenció las ansias de triunfo, lanceó tratando de ahormar la embestida de un toro reservón.

Cogió las banderillas y calentó el ambiente con pares de mucha exposición, de hecho en el último el toro le cogió, librándose milagrosamente de una cornada. Se repuso, brindó al público y en los medios le espero valientemente para pegar dos cambiados que quitaron el hipo a más de uno. Se lo pasó por donde quiso, haciendo venir abajo a un toro que anunciaba problemas.

Es interesante ver como este joven torero se relaja con la muleta, llegando a torear, especialmente con la mano derecha con auténtica plasticidad y belleza. Con el toro ya vencido se tiró a matar y le pegó un estoconazo marca de la casa, que lo hizo rodar sin puntilla. Una oreja pedida por aclamación.

El sexto tenía mejor condición, pero se rajó muy pronto. Colombo lo persiguió por toda la plaza. Brindó al cuerpo médico que le curó el pasado año. De nuevo la música acompañó su esfuerzo, que fue evidente tratando de sujetar las distraídas embestidas de manso burel.

Otro espadazo dio paso a la petición que hubiera sido el pasaporte a la Puerta Grande, pero ni San José ablandó al presidente, que lo impidió. Dio una vuelta entre aplausos y devolución de prensas de vestir.