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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 19 de marzo de 2018

Valencia. Ponce, aún mejor que ayer aunque menos que mañana…, a hombros con López Simón / por J.A. del Moral



Dicen que segundas partes nunca fueron buenas…. Me lo dijo un vecino de localidad antes de empezar la octava de Fallas en la que la gente tardó muchísimo en ocupar sus localidades en los tendidos de sombra. Eso lo sabía yo desde hace muchos, muchos años. Desde cuando quien mandaba en el toreo era Antonio Ordóñez y aquella tarde de retraso en ocupar los asientos, dio la alternativa a Sancho Dávila, que se anunció como Sancho Álvaro. Como pasa el tiempo, Dios mío…


Ayer pasó igual, solo que quien manda ahora y cómo manda, más que jamás nadie mandó en el toro y en el toreo, es Enrique Ponce que volvió a comparecer por segunda vez en las corridas falleras sustituyendo al anunciado Cayetano…. Y, oigan, que si en la corrida del 17 estuvo cumbre, en esta sustitución del 18, sobrepasó la altura del Everest… Es decir, que “mucho mejor que ayer pero menos que mañana…” Dicho que, en estos días imparablemente gloriosos del maestro de maestros, podemos darnos el gusto de afirmarlo con total seguridad porque Enrique Ponce, en esta su vigésimo octava temporada como matador de toros, está que se sale de cualquier predicción hasta el punto de cada vez que torea nos toca el gordo de la lotería.


Ponce, aún mejor que ayer aunque menos que mañana…, a hombros con López Simón

Valencia. Coso de la calle Xátiva. Domingo, 18 de marzo de 2018. Octava corrida. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Juan Pedro Domecq (incluido 2º bis) y un sobrero de Parladé (6º), justamente presentados y de juego desigual con predominio de los blandos. Tanto que, el segundo y el tercero fueron devueltos a los corrales. Corrió turno en tercer lugar y el que hizo sexto fue el sobrero de Parladé. Así pues, dos muy deslucidos y cuatro más que manejables.

Enrique Ponce (marfil y oro): Media atravesada y cuatro descabellos, aviso y silencio. Estocada desprendida, aviso y dos orejas.
Miguel Ángel Perera (verde botella y oro): Estocada desprendida y atravesada, aviso y palmas con saludos. Cinco pinchazos y estocada, aviso y palmas con saludos.
Alberto López Simón (rosa y oro): Estocada, oreja. Estocada, oreja.

Ponce y López Simón salieron de la plaza en hombros.

Bien las cuadrillas sobresaliendo en la brega Mariano de la Viñay Javier Ambel. Y en palos, Curro Javier, Jocho, Jaime Padilla, Yelco y Jesús Arruga. 


El caso es triunfar sean los toros como fueren. Pero no triunfar por haber cortado orejas, que eso está al alcance de la mayoría de las figuras actuales y de los que andan cerca de lograrlo. El caso de Enrique Ponce es triunfar a golpe cantado y cada vez mejor. Y este es su inaudito misterio porque misterioso está siendo que un torero no solo parece no tener fin sino que cada día amanece cual sol radiante sin que se atisbe la más mínima sensación de decadencia. Al contrario. Cada tarde de Ponce es un ir más allá en la delicada y bellísima perfección de su toreo.


Dijimos antier que Ponce lo había bordado en la corrida de Garcigrande. En esta de Juan Pedro Domecq que ocupa esta crónica, logró la absoluta redondez artística con su actuación frente al cuarto toro de la tarde. Faena tan larga como pluscuamperfecta con pasajes al natural de excepcional cadencia, infinito temple y variedad en los cites y en los remates con los de pecho o con molinetes encadenados a cambios de mano resueltos con desmayados naturales. Además, Ponce está resultando a estas ya incalculables alturas de su eterna vida profesional, un continuo inventor de nuevas suertes que bautiza con su apellido o con el nombre de sus hijas…. La “poncina”, la “bianquina”… Oigan, que este Pitágoras del toreo también es un pintor de pintores cual su paisano Sorolla y un astro de la danza digno de ocupar los escenarios del Conven Garden londinense, del Real de Madrid, del Garnier de Paris, del Metropolitan de New York…


Y a luego del portento por lo clásico, una vez hecho y rehecho lentísimamente el toreo fundamental, se está dando el gustazo de torear de rodillas cual novillero hambriento de contratos. Y cada vez que al salir de la plaza henchidos de emoción, solemos escuchar a los profesionales que nos encontramos en el camino hacia el hotel, Ponce está que se sale, está que se sale…. Ponce está ya en otra galaxia. Circula por el infinito del firmamento…


No fue agradable esta tarde para Miguel Ángel Perera al que no le vino Dios a ver con la rotundidad de su siempre intenso torear. La blandura de sus toros chocó con la fuerza de sus muñecas y, para colmo, no le funcionó la espada…


En cambio, con más suerte en en su lote, el mejor de la corrida en conjunto, quien también pudo salir a hombros junto al Emperador, fue Alberto López Simón a quien vimos muy mejorado. Nada que ver con aquel torero que obedecía como un poseso las vociferantes órdenes de su estrafalario apoderado que le seguía por el callejón cual poseso maligno. El cambio de López Simón que celebro, creo que se debe a las lecciones de su nuevo mentor, Curro Vázquez, el gran profesor del toreo moderno y a la vez antiguo, del mejor toreo de siempre. Enhorabuena a ambos. Torero y apoderado.