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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 22 de marzo de 2018

EL ETERNO FEMENINO (II) / por BENJAMÍN BENTURA REMACHA


La lucha tremenda de Ángela Hernández había dado sus frutos 
 
 El 12 de agosto de 1974 se publicó en el Boletín Oficial del Estado Español la Orden del Ministerio de la Gobernación por la que se autorizaba la actuación de las mujeres a pie en los cosos de España. 

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EL ETERNO FEMENINO (II)

BENJAMÍN BENTURA REMACHA
Parece que está de actualidad el hablar de las mujeres. Pienso que siempre lo ha estado desde distintas perspectivas, desde la Mitología a la Historia, desde la Sociología a la Criminología, la Ciencia o las Finanzas, el Deporte o el Arte. Siempre hemos sido diferentes y, dentro de esa indiscutible diferencia, siempre han existido los variados matices. Vamos, pues, a matizar: la base de mis argumentaciones está en la obra de una mujer y, además, norteamericana, Muriel Feiner. La base, negro sobre blanco, la ha puesto ella con sus dos obras sobre “La mujer en  el mundo del toro”. Algo se quedó en el tintero literario con la primera dama que sobre los toros escribió en verso y quién fue en España la primera crítica de toros, María Pilar Fernández, en mi querida  revista “Fiesta Española”, la que luchó contra “el sobre” y se equivocó de objetivo porque abrió el mercado a las transacciones bancarias en los modernos medios de comunicación. 
Fue don Francisco, el de Fuendetodos, el que nos dejó noticia de “La Pajuelera”, picadora de brazo fuerte y vendedora de pajuelas de azufre a la puerta del mercado, y el gran ilustrador don Gustavo Doré, el que  nos dio razón de la Bolsi, que con las almidonadas enaguas bajo la falda de encaje pocas opciones tenía de arrimarse a los toros. Tras esos gráficos documentos, apenas tenemos noticia de féminas dedicadas el épico quehacer de lidiar toros, sí dramas como el del conde de Villamediana con su quebrada banderola de “Son mis amores reales”, las duquesas de Alba y Osuna y Pedro Romero y “Costillares”, el pañuelo de Reverte, la Moragas y Alfonso XIII, “La Reverte”, Soledad Miralles, la esposa de “Carnicerito de Málaga” y suegra de Rafael de Paula y “el eterno masculino” que fue Luis Miguel, que desmintió la divulgada anécdota sobre Ava Gadner y que aseguró, como lo hicieron algunos diestros más, que no se vestiría de luces si en los tendidos no viera rostros femeninos. En los tendidos y en las gradas puesto que en “aquellos tiempos” las mujeres no se mezclaban con los hombres y tenían sus localidades en la parte alta de los cosos. El cuadro de Mariano de Cerezo de la despedida de “Lagartijo” en Zaragoza bien que atestigua lo que afirmo. 

Pero pasaron muchos días, muchos años hasta encontrar a la primera fémina que tomó la alternativa. Alguna lo podría haber hecho antes, pero lo de alternar con los matadores de toros no dependía de la voluntad del aspirante. Eran los ya consagrados los que decidían conceder tal privilegio a los que, por lo general iban en su cuadrilla como banderilleros y ya habían probado sus habilidades en algunas cesiones puntuales, sin llegar a consumar esa alternancia que da lugar al término. Por esta razón Muriel da la lista de dieciocho matadoras de toros  con Juanita Cruz a la cabeza. 1940, en Fresnillo, México. Tengo especial devoción por Juanita Cruz  porque guardo una crónica de mi padre, que ya firmaba con el apodo de “Barico”, y que se publicó en “El Debate” el 16 de julio de 1935. Trataba de su debut en Vista Alegre, Carabanchel: “Lo que no se consiguió contratando a ases de la torería actual se logró sin grandes reclamos al solo anuncio de que Juanita Cruz iba a actuar en una novillada con picadores. Y no sólo no defraudó su labor, antes al contrario, con capote, muleta y, lo que vale más, con el estoque, consiguió un éxito difícil de igualar por la señoritas toreras que andan por esos ruedos”. 
En aquella ocasión, Juanita Cruz lidió novillos de AP y le acompañaron “Niño de la Estrella”, turolense que cortó dos orejas y rabo, y Mariano García, de Borox. Ambos llegaron a tomar la alternativa pero con muy corto recorrido. Lo de la Cruz tuvo más amplia historia aunque la Guerra del 36 y la post-guerra hasta el año 75 del siglo pasado no le permitieron actuar en España. Permaneció algunas temporadas en América y a su regreso a España, su esposo y apoderado, Rafael García Antón, divulgó ampliamente las virtudes de su señora,  las peculiaridades de su falda pantalón bordada como una taleguilla masculina y su costumbre de hospedarse en el hotel Florida cuando toreaba en Madrid, un hotel que estaba al final de la calle del Carmen, frente a lo que luego fue Galerías Preciados, plaza del Callao, hotel en el que también se hospedaba Pepe Luis Vázquez y su hermano Manolo el día que se presentó en Las Ventas como novillero y cortó cuatro orejas. Pepe Luis, para celebrar el gran triunfo de Manolo, pidió media botella de Tío Pepe. “– Señor – le dijo el camarero – aquí no hay medias botellas”. “ – Pues traiga una entera y sirva la mitad”. Ahorrador y generoso con los suyos. En cierta ocasión, cuando lo del “sobre”, uno de los receptores dijo que ese no era su dinero: “ – Tiene razón, es el mío”. Y se lo guardó en el bolsillo.

Pero estaba con las mujeres que han tomado la alternativa. Volvamos a esta  cuestión. Pasaron casi treinta años hasta que vino la siguiente  alternativa. 1968 y también en México, en Comalcalco. ¿Protagonista? La colombiana Bertha Trujillo “Morenita de Quindío”, de Armenia, capital del departamento de Quindío. Se casó con Mario Gómez “El Colombiano” y este encauzó los afanes toreros de la valiente esposa que no se dejaba ganar la pelea por toreros como Jerónimo Pimentel y Mario Carrión y que recibió los trastos de matar de manos del mexicano Juan Ramón Tirado en presencia de su esposo y con toros de Presillas en el lugar del estado de Tabasco y el 12 de mayo del citado año de 1968. Tardó algunos años en venir a España y lo hizo ya en el declive de sus fuerzas y con la enemiga de algunos de los toreros que le impidieron debutar y confirmar su alternativa en Las Ventas.

Dos toreras españolas siguen en esta relación y ambas, como las anteriores, dan el salto en plazas mexicanas. Se trata de Raquel Martínez, alternativa en Tijuana en 1981, y Maribel Atienzar, en ese mismo año, en Pachuca.

 El 12 de agosto de 1974 se publicó en el Boletín Oficial del Estado Español la Orden del Ministerio de la Gobernación por la que se autorizaba la actuación de las mujeres a pie en los cosos de España. 

La lucha tremenda de Ángela Hernández había dado sus frutos y fueron numerosas las féminas que se apuntaron en la Agrupación de Matadores, Novilleros y Rejoneadores aunque, al final, fueron pocas las elegidas. Raquel Martínez, nacida en el mismo lugar donde tomó la alternativa, Tijuana, tenía ascendencia española y uno de sus abuelos era natural de Morón de la Frontera y el otro primo de Lorenzo Garza, casi nadie al aparato. Una de las crónicas de mi padre en “El Debate” fue del mano a mano entre “El Soldado” y Garza, en agosto de 1934, cuando todavía no se había inaugurado oficialmente la Monumental de las Ventas del Espíritu Santo.

La propia  Raquel fue testigo en la alternativa de la Atienzar en Pachuca el 28 de noviembre de ese año de 1981. La albaceteña, en mi opinión, ha sido una de las toreras con más posibilidades de las que yo he visto en nuestros ruedos. Fue  en Zaragoza el 13 de mayo de 1979. Los novillos, de Barcial, Enrique González “El Bayas”, por delante y el debut con caballos de Roberto Bermejo. Cortó tres orejas. José Antonio Chopera, el empresario de Zaragoza, la repitió el día 20 del mismo mes con el propio Bermejo que había cortado una oreja el día de la apoteosis de la Atienzar y Rafael de Córdoba. Nada destacable. Sí el enfado de José Antonio porque había más gente en los tendidos y menos dinero en las taquillas. Se presagiaba la tormenta empresarial que se iba a desatar al final de aquella temporada. El caso es que los del “chispeante” le vieron las orejas al lobo aunque tuviera la figura menuda y graciosa de una joven de Albacete. Se tuvo que marchar a las Américas. Había triunfado también en Madrid, en Carabanchel y Las Ventas, en Sevilla, Valencia y Barcelona, tomó esa alternativa en México y, a pesar de que a su vuelta a España, le apoderó Emilio Mera, el que había sido mozo de espadas de “Miguelín” y contaba con el apoyo de José Flores, hijo de “Camará”, no le dieron oportunidades de demostrar su valía. Volvió a Colombia, toreó en casi todas las plazas de aquel país y regresó a España. En esta ocasión fue José Luis Martín Berrocal su mentor, toreó en Barcelona, Figueras y San Feliú gracias al empresario Zulueta y se despidió en esta última plaza el 11 de julio de 1987. No pudo más. El hipotético enemigo no era el toro.


La lista que facilita Muriel Feiner de las mujeres que han tomado la alternativa se completa con las siguientes: 

Lola de España (Lima, 1986), Cristina Sánchez (Nimes, 1996), Mari Paz Vega (Cáceres,1997), Raquel Sánchez (Toledo, 2005), Marbella Romero (Morelia, México, 2008), Hilda Tenorio (Monumental de México, 2010 ), Sandra Moscoso (Ubrique, Cadiz,2010), Lupita López (Monumental de México, 2011), “Milagros del Perú (Moralzarzal, Madrid, 2013), Karla de los Ángeles  (Monumental de México, 2014), Paola San Román (Morelia, México, 2015), Conchi Ríos (Cehegin, Murcia, 2016), Melina Parra (Guano, Ecuador, 2016) y Rocío Morelli (Duitama, departamento de Boyaca, Colombia 2017). 

De esas dieciocho alternativas, nueve se otorgaron en México, tres en la Monumental capitalina, cinco en España (Cáceres, Toledo, Ubrique,  Moralzarzal y Cehegín, y sendas en Francia (Nimes), Perú (Lima), Ecuador (Guano) y Colombia (Duitama). A destacar Cristina Sánchez, a la que le dio los trastos de matar Curro Romero en Nimes, confirmó en Las Ventas y nunca perdió su feminidad y encanto en lucha tan dramática y desigual. También Mari Paz Vega, la malagueña que se hizo torera en tierras de Aragón apoyada por su mentor, Julio Navarro, que le dio aposento y trabajo en el establecimiento hotelero que regentaba y oportunidades de ejercitarse en su afán taurino. De familia de toreros, tuvo que marchar a tierras americanas para mantenerse en activo. No ha logrado confirmar su doctorado en Las Ventas.

Luego hay otras féminas que no alcanzaron la alternativa pero que sí mostraron sus virtudes en la lidia del toro; sobre todas, Conchita Cintrón, en privado y con el beneplácito de personajes como Juan Belmonte, Cossío y Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez en Jaén, el día que se bajó del caballo para despedirse de los ruedos españoles. Su padre era portorriqueño de ascendencia española, su madre norteamericana de origen irlandés y ella nacida en Chile y criada en Perú. Y torera por la gracia de Dios. En España, le apoderó Marcial Lalanda, que también apoderó a Pepe Luis. Festival en Las Ventas con Juan Belmonte, Álvaro Domecq, Duque de Pinohermoso y Juan Pedro Domecq. A puerta cerrada. 
De clausura. Quiero recordar también a Amina Assis, morena como una diosa inca, a Bette Ford y Patricia McCormick, de Texas a la Monumental de México, a Mari Fortes, torera, empresaria, profesora de la Escuela Taurina de Málaga y madre del matador de toros Saúl Jiménez Fortes, el torero que ha superado pruebas de fuego en forma de cornadas espeluznantes. Mi paisana Carmen Zaldívar, de Gallur, ahora de asesora de la presidencia  en el coso de Pignatelli. Y, para el final, Ángela Hernández, la que consiguió derribar el muro de la incongruencia antes de las batallas por la igualdad. Fue, ya lo he dicho, el 12 de agosto de 1974, cuando el Boletín Oficial del Estado publicó una Orden del Ministerio de la Gobernación por la que se suprimían las limitaciones impuestas a la mujer para participar en espectáculos taurinos. Ángela, hija de guardia civil y nacida en Alicante, pasó por la plaza-escuela del padre de los Esplá. Después de conseguir que las mujeres pudieran pisar los ruedos españoles, su carrera fue dura y complicada y no alcanzó la cumbre con la que sueñan todos los que se visten de luces. Citaré como remate a la que fue escultural “vedette” con un éxito sin par, “La blanca doble”, y un promotor concienzudo, Manuel Lozano, verso suelto de los Lozano taurinos. Luego vinieron unas cuantas más, pero en versión cabaretera. Duraron poco.