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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 8 de noviembre de 2018

Sevilla..., ay, Sevilla, esa afición / Por Juan Miguel Núñez Batlles


No es fácil describir los parámetros o criterios para valorar el sentido de la palabra aficionado en su justa medida, y yo diría que incluso excelsa consideración. El aficionado es mucho más que lo que se considera público genérico, con todos los respetos para el espectador ocasional.

Sevilla..., ay, Sevilla, esa afición 

Juan Miguel Núñez Batlles
La participación del aficionado a través de su opinión en el soporte del espectáculo taurino vuelve a ser una eterna cantinela. Porque quieren estar, y sería necesario que estuvieran..., pero deberían aprender a estar.

No es fácil describir los parámetros o criterios para valorar el sentido de la palabra aficionado en su justa medida, y yo diría que incluso excelsa consideración. El aficionado es mucho más que lo que se considera público genérico, con todos los respetos para el espectador ocasional. Precisamente por eso corresponde al verdadero aficionado la reflexión oportuna y definitiva para merecer tan distinguida deferencia. Al aficionado taurino hay que escucharle y tener en cuenta, atendiendo sus reclamaciones. Claro que no vale decir por decir, criticar sin fundamento, y encima pretender sentar cátedra.

Viene esto a cuento por el reciente comunicado hecho público estos días por los considerados, o autoconsiderados, habría que precisar, aficionados de Sevilla. 

Son un grupo, no sé en qué número, que conforman la llamada "Unión Taurina de Abonados y Aficionados de Sevilla". Suelen ser habituales sus quejas y ahora han vuelto a dejar patente sus gustos y deseos, al tiempo que también su rechazo por las ganaderías que han lidiado este año en La Maestranza.

Una lista que incluye sobre todo las divisas que no quieren volver a ver el año próximo en aquella plaza. Y están también, sí, las aprobadas para que regresen al coso sevillano.

Para las valoraciones, los criterios utilizados son duros. Nada nuevo. Y así prevalece el viejo argumento de que el encaste Domecq debería estar proscrito. Viejo y peregrino argumento, si se me permite la consideración.

Prohibido Domecq para estos "aficionados" por el hecho de ser el encaste preferido, según dicen, de las figuras. Y de paso, palo también al imperio del monopolio, que participa en el supuesto desmán de tales exigencias.

Trece ganaderías en total conforman la lista. Y de ellas -siempre en opinión de estos "aficionados"- ocho no deberían volver el próximo 2019 a Sevilla. Estos son los criterios empleados para la descalificación:

A Victoriano del Río le acusan de haber lidiado el toro sin trapío ni fuerzas.

Las Ramblas, dicen que a pesar de su buena presentación echó una corrida desclasada y floja.

A los dos envíos de "Matilla" (García Jiménez) le ponen de "chúpame dómine" por la falta de trapío en sus claudicantes toros.

Se ceban también en la crítica a Garcigrande, sin reconocerle ninguna bravura a sus astados, a los que acusan sobre todo de nobleza. Y digo yo, ¡como si la nobleza no fuese componente fundamental de la bravura! Y hasta el toro "Orgullito" de esta ganadería, indultado por "El Juli", tampoco se salva del menosprecio, por el calificativo de "mediocre" que le aplican.

A Núñez del Cuvillo, pañuelo verde también, dicen que por su medio toro.

A "El Pilar" le acusan de criar toros de granja.

Con "Jandilla" pasa otro tanto, y le recuerdan que no es la primera vez que fracasa por su mansedumbre y flojedad.

Y de Juan Pedro aseguran que sus animales dieron pena en vez de miedo.

Como se puede apreciar, no hay desperdicio en la crítica.

Mientras, en el capítulo de alabanzas tampoco son nada generosos. Estas son las ganaderías que merecen el plácet para lidiar nuevamente en Sevilla. Nombres y méritos, ahí van, con las oportunas, o inoportunas puntualizaciones: 

Torrestrella, quieren que vuelva. Menos mal. Aunque previamente la descalifican por su mala presentación y escasa fuerza. Le reconocen por tanto un borrón.

También aceptan que vuelva "La Palmosilla", por su buena presencia, por su juego enclasado, no obstante, le piden más fortaleza.

A Victorino Martín le quieren igualmente para la próxima temporada, eso sí, advirtiéndole que la paciencia del aficionado tiene un límite para transigir con tanta flojedad en este hierro emblemático que (cita textual) está en deriva.

Con Fuente Ymbro prácticamente todo son alabanzas, aunque le piden más lucimiento en el caballo.

Y Miura tampoco se salva del repaso "por su presentación y juego fácil", sin embargo, al final la aprueban por aquello de que es ganadería del gusto de los aficionados de siempre.

Hasta aquí, lo que señalan en su nota estos "aficionados", a los que ahora toca decirles, qué bueno. Porque hacen bien en criticar y censurar. ¿Pero, a qué viene prohibir? Porque la exclusión nunca es buena, para nada ni para nadie.

Si quieren reivindicar otras divisas, de otros encastes, harían muy bien. No sólo están en su derecho, si no que les asiste una contundente razón. Pero sin dejar fuera a las que hay. 

Aquí caben todas, hay que advertir. Y si son ganaderías preferidas por las figuras, será por algo. ¿Se imaginan si se produjera otra vez en Sevilla el éxodo de las figuras de hace cuatro años, cuando bajó considerablemente el abono y la plaza se vio casi vacía la mayoría de las tardes?

No se trata de tomar partido por el bando de las figuras, muchas de ellas de mazapán o pitiminí cuando lamentablemente le dan la razón a los eternos inconformistas a propósito del toro capitidisminuido. Y al tiempo no quiero que se interprete esto como un contrasentido en mis planteamientos. A buenos entendedores pocas palabras bastan. Es la lógica lo que ha de imponerse. Y estas consideraciones de la "Unión Taurina de Abonados y Aficionados de Sevilla", son muy, pero que muy discutibles.

Eso de prescindir de las ganaderías en la mayoría de las cuales predomina el encaste Domecq, es una locura.

Beligerancia y, al tiempo, equilibrio. No me inclino por la condescendencia a cualquier precio. Pero invoco la tolerancia y, sobre todo, el sentido común.

La protesta es buena para evolucionar. No obstante, hay que plantearla con racionalidad y sentido de la oportunidad. Hay que tener miras de futuro más generosas. Que no está el horno para bollos.