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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 11 de junio de 2026

Besamanos de aborteras / por Sertorio



'..Mientras, las excavadoras del Régimen trituran los huesos de los mártires con las bendiciones del cardenal Cobo y de sus ganimedes y corydones. Revolar de albas, cíngulos anudados en la cintura de los efebos. Tal Iglesia para tal Régimen..'

Besamanos de aborteras

Sertorio
El Dalái Lama romano vino a España para bendecir a sus destructores. El Régimen del 78 se legitimó urbi et orbi en un oficio de difuntos o de mefistofélicos lémures para mayor gloria de todos los autores del finis Hispaniæ, del Borbón abajo. Pedro Sánchez, abrazado por el Sumo Hacedor de Puentes, consigue un divino espaldarazo en capilla, antes de recibir a puerta gayola a todos los miuras judiciales que le esperan al final de su legislatura, la más inane, corrupta e impotente de todas las padecidas en esta república de taifas coronadas que aún se llama España.

Vestida toda de blanco, la reina atea y redicha, señorita empoderada de provincias, asiste con innato gesto adusto, en las antípodas de la campechanía borbónica, a las honras de un Dios en el que no cree. No es la única, lo mismo les pasa a los oficiantes. A su lado, un jefe del Estado fainéant intenta no significarse, no dar la nota, no alzar la cabeza. Su papel es continuar, mantener la dinastía, perdurar durante otra generación con etología de enfermedad hereditaria. Ese abúlico mascarón del Régimen, la Corona… de espinas no, tampoco de hierro carolingio, quizás cornificia, al asirio modo. Pontífice y Cornífice, Trono y Altar, dos majestades que ya no son lo que eran; estrellas de la cultura pop para veneración de climatéricas, espantajos en el teatro de sombras de las oligarquías globales. Infantas y meninas posmodernas posan para regodeo de peluqueros y porteras. «Nada por el pueblo, pero con el pueblo». Igual que una corrida de toros en tiempos de Fernando VII. Ése es el espíritu de la liturgia de masas, el lema del despotismo deslustrado del 78.

¿Por qué este alboroto, esta zambra, este carnaval goyesco? Prevost no trae consigo el Evangelio de los Apóstoles, sino el grimorio de la Agenda 2030. Pescador no, mariscador de hombres. La cabeza de la Cristiandad defiende la deconstrucción de Europa, la conversión de nuestras naciones en caravanas nómadas de apátridas, la metamorfosis de las clases medias en lumpen y, además, ataca a los que pretenden permanencia en su espinoziano ser porque “polarizan”. Santo Padre, eso es lo que tiene el debate libre de ideas: puntos de vista muy encontrados. Hostiles, incluso. Y los macabeos de Vox aplauden con las orejas desde su polo del hemiciclo, higuera seca y ciego sanedrín aborrecido por el Vicario de Cristo, el mismo que no admite emigrantes en su principado temporal, en sus lugares santos, puros, haram.

¿Renace el catolicismo? Más bien el papismo. Sin duda, después de medio milenio, Roma le da la razón a Lutero y cae abiertamente en idolátrico culto al Papa, sugar daddy de la Curia, Gran Inquisidor dostoyevskiano, agakán de un posconciliarismo sin ideas, sin alma y sin más norte que convertirse en la oenegé más grande del planeta, en un poderoso holding de obispos, en un colosal charity business nutrido con los impuestos de sus groupies. Una grey y un pastor solo en el suelo: ley de la cantidad y signo evidente de los tiempos. Todo es mercado: ¿qué mejor marketing que posar con el líder más radical de Occidente? El Papa de los progres recibe en Palacio el besamanos de las aborteras y de los grandes bujarrones del Reino. Lacias y ralas cabezas azules se inclinan torpes para besar el anillo del Pescador, que vuelve a casa con el zurrón repleto de óbolos, dracmas y denarios para San Pedro. Mientras, las excavadoras del Régimen trituran los huesos de los mártires con las bendiciones del cardenal Cobo y de sus ganimedes y corydones. Revolar de albas, cíngulos anudados en la cintura de los efebos. Tal Iglesia para tal Régimen.

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