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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 5 de junio de 2026

Real Madrid: Blanco y en botella / por Daniel Vila García


RIQUELME ES ALGO MÁS QUE UN MELÓN POR ABRIR. RIQUELME ES UN PELIGRO PÚBLICO PARA LOS INTERESES DEL REAL MADRID

Blanco y en botella

Daniel Vila García
Cuando estamos inmersos en un proceso electoral cualquiera, siempre tenemos la tentación de abandonar la razón en pos de la emoción. Conocedores de esta conducta humana, los expertos en marketing político se valen de sus artimañas para perpetrar las candidaturas de los clientes que contratan sus servicios. Más allá del bien y el mal, unos profesionales aviesos modelan a un tipo sin escrúpulos dispuesto a todo. ¿Es eso básicamente lo que sucede en el mundo de la política? Pues, visto lo visto últimamente, creo que a nadie le cabe ninguna duda, ¿verdad?

En los últimos años, la neurociencia ha entrado a saco. En este terreno, la tecnología gobierna a golpe de algoritmo creando la siguiente ilusión óptica en el usuario: desde tu supuesto libre albedrío tienes la potestad de elegir cada apartado de tu vida sin determinismo alguno. En todos los sistemas políticos, priman unas luces y unas sombras. La mayor sofisticación de la democracia es hacernos creer que en nuestras manos tenemos una papeleta mágica que otorga poderes ilimitados a un candidato de nuestro gusto. El temor del hombre inteligente es vivir rodeado de personas grises que olvidan el deber de fiscalizar el ejercicio del poder de unos cuantos profesionales al servicio de una mayoría social.


Todos sabemos la postura de Jorge Luis Borges frente a la democracia. El escritor argentino tenía una postura descreída acerca de sus bondades hasta el punto de que la llamó «un abuso de la estadística». Una postura similar ante este fenómeno la tenía Fernando Sánchez Dragó cuando comentaba lo siguiente: «Quien haya asistido a una reunión de una comunidad de vecinos no puede creer que el alma exista». Si cito a dos escritores con bastante peso popular y pozo intelectual es porque creo que muchas veces debemos oír a las personas con mando en plaza en saber y gobierno intelectual.

Todo este preámbulo es necesario para decir lo siguiente: en estas elecciones a la presidencia del Real Madrid vemos claramente cómo un candidato es de fiar y el otro, no. El primero, Florentino Pérez, se presenta con sus propias credenciales. El segundo, con castillos en el aire. Mientras el señor Pérez enseña todas sus cartas, el joven Riquelme es algo más que un melón por abrir. Lo voy a decir sin rodeos: Riquelme es un peligro público para los intereses del Real Madrid.

¿Y en qué me baso? Tengo ojos y oídos para leer y oír lo que dice el candidato Riquelme. También tengo suficiente capacidad para entender lo que sugiere su discurso. Y, además, poseo el bagaje necesario para descubrir a un vendedor de paraguas en el desierto. En las últimas semanas, el chico Riquelme va presentando a sus cómplices, a saber: Ramón Calderón, Manolo Lama, Miguel Ángel Gil Marín o Iker Casillas.

En esta pléyade de prohombres de la vida pública, echo de menos al gran Nanín, otrora esbirro de Calderón cuando perpetraron el pucherazo en la Asamblea de Socios del Real Madrid en 2009. Dicho pucherazo propició la dimisión de Calderón cuando la fortuna y la decencia pillaron in fraganti a los macarras de la moral.

A día de hoy, la mayor parte de nosotros no podemos calibrar la importancia de la vuelta de Florentino Pérez al Real Madrid. Que me perdonen los creyentes por la blasfemia, pero aquello fue la auténtica Segunda Venida. Durante los años posteriores a la dimisión de Florentino Pérez, el Madrid se convirtió en algo vulgar y desangelado. Se ganaba alguna liguilla, pero aquello daba entre pena y grima. Muchos de nosotros nos preguntábamos si la magia se había acabado, si jamás podríamos recuperar el polvo de estrellas.

El madridismo sensitivo se preguntaba una y otra vez: ¿Es este Madrid cañí y hortera el que verán mis hijos? ¿Hay alguien capaz de recoger la corona en el río? ¿Es Florentino el que ha de volver? Todos sabíamos que Florentino era el único que podía poner orden en las zahúrdas y devolver la ilusión al madridismo. Dicho y hecho.


Como un padre magnánimo, Florentino volvió sobre sus pasos y salió entre la multitud para volver a liderarnos a todos. Porque Florentino es tan inevitable como ese célebre personaje de Marvel llamado Thanos. Friedrich Nietzsche señalaría al señor Pérez como un auténtico líder. Más allá del bien y el mal, Florentino Pérez es el último arquetipo del madridista que aspira a trascender.

El 1 de junio de 2009, cuando arrancó su segundo ciclo presidencial, Florentino Pérez hizo en un verano lo que solía hacer antes en cuatro. En materia de fichajes presentó de una tacada a jugadores estratosféricos como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema o Xabi Alonso junto a nombres más tipo fondo de armario entre los que destaco a Álvaro Arbeloa o a Esteban Granero.

En aquel lejano verano del 2009 Florentino Pérez volvió a fascinar al mundo del fútbol. No obstante, el máximo responsable del Real Madrid tenía un secreto: esta vez no iba a dejar ningún cabo suelto. Como cualquier hombre de una inteligencia superior, Pérez sabía cuáles fueron sus fallos en el pasado y ahora quería corregirlos. A nivel de configuración de jugadores, me llamó la atención cómo se aseguró de que hubiera jugadores suficientes para hacer una plantilla potente. El epítome de esto que señalo lo encontraríamos en la temporada 2016/2017, cuando el Madrid de Zidane alineaba dos onces de titulares capaces de pasearse por el campeonato liguero y, además, ganar con solvencia la Copa de Europa.

Concretando: el 7 de junio el socio está llamado a ejercer su derecho al voto. Espero que el socio del Madrid sepa elegir sabiamente entre dos candidaturas que son el día y la noche. Mientras Riquelme pasa la noche del miércoles 3 entre Trancas y Barrancas soltando una necedad tras otra, Florentino Pérez anuncia en un descanso de la entrevista que si él es elegido este domingo, José Mourinho será el entrenador para la próxima temporada. ¿Qué quieren que les diga? Blanco y en botella.
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