
José Antonio 'Morante de la Puebla'
'..la nefasta presentación de los toros lidiados. Una cuestión incubada, días anteriores al festejo, ante la exposición al público de la corrida anunciada de Hermanos García Jiménez en los corrales de la Real Venta de Antequera. Toros de escasísima presencia y raquítico trapío impropios para la plaza en que se iban a lidiar..'
Un absurdo inadmisible
Por Manuel Viera
Se ha escrito mucho de la recuperada corrida del día del Corpus en la Maestranza. Se han publicado bonitas crónicas sobre el arte, la verdad y belleza del toreo expresado aquella tarde en el ruedo sevillano, pero también sobre un asunto que, sin duda, provocó la polémica: la nefasta presentación de los toros lidiados. Una cuestión incubada, días anteriores al festejo, ante la exposición al público de la corrida anunciada de Hermanos García Jiménez en los corrales de la Real Venta de Antequera. Toros de escasísima presencia y raquítico trapío impropios para la plaza en que se iban a lidiar. Un absurdo inadmisible en cuanto a que la nueva gerencia del coso sevillano dijo, en su día de presentación, apostar por subir un punto la presencia del toro en Sevilla.
Es esta una permanente pesadilla, generada durante años por las figuras tras la nula exigencia del espectador, convertida hoy en un dilema que urge controlar. Es una lástima ese quiebro que le ha dado José Antonio Morante a la presencia del toro en el coso maestrante, porque el aporte de seriedad e integridad del animal es trascendental. Lo contrario minimiza el resultado de la lidia y desfigura la naturaleza del toreo de quien lo hace.
Historias que empañan los grandes logros del maestro y devalúan la dimensión de una tauromaquia tan única como solemne y sincera. El diestro de La Puebla no deja de hacer historia en Sevilla, y ha dejado impresa en la memoria de quien le vio tardes impresionantes llenas de intensidad y entusiasmo, convirtiendo su toreo en sucesión de sugerencias emocionales. Quizá, por esto, es difícil entender que toree lo contrario a lo demandado.
Lo importante, a veces, no es el toreo que se hace, que también, sino el toro con el que se hace. Y uno, sin querer, acaba dándole vueltas a esa absurda demanda del toro “ideal”, criado en la ganadería “ideal”, para conseguir una tauromaquia tan ansiada como inhabitual. Sobre todo si lo pide un torero con más valor que el que pueda sumar todo el escalafón de matadores. ¿Por qué, entonces, exigir lo que no necesita para mostrar la sublimidad?
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