
'..Si las personas razonables tenían alguna duda sobre el futuro del club, ya no la tienen. De aquí saldrá un mandato reforzado de los socios: acaba tu obra, Florentino, haz lo que tengas que hacer, y deja todo atado y bien atado, pero esta vez de verdad..'
Las elecciones del Madrid
HUGHES
Contra Florentino contiende en las elecciones del Madrid un señor llamado Enrique Riquelme, nombre extraordinario en la estela de Danny Daniel, Lucky Luciano o Kris Kristofferson. Parece un gancho más en su intento por volver a la masa social contra Florentino, pretensión que creíamos delirante pero que al parecer tiene su público.
Hay algo desagradable en lo que está sucediendo. Es innecesario el tono de Riquelme, de 37 años, con un señor de 79 que, guste más o menos, ha creado este Madrid del siglo XXI. El Madrid es el club número uno del mundo en ingresos y ACS líder mundial en construcción de data centers y tratan a Florentino como si estuviera gagá solo porque su voz suena menos firme.
No es que esto lo digan cuatro friquis de Internet cuya función es el salvajismo, es que lo han insinuado eximios pelotas de Flóper saltando del barco con el mismo garbo con el que asaltaban canapé en el palco y entrada en las finales.
Tenía razón el Ser Superior (superioridad ahora puesta en duda) en que lo de enfrente parece un contubernio.
Con Riquelme estarían Calderón, Del Bosque, Casillas, la prensa, los ultras, los federativos… todos los damnificados de estos 25 años, lista aderezada por Rosauro Varo, entrepreneur nacional que ya tardaba en asomar la melenita por el Madrid.
La campaña ha tenido guiños vintage. Ver a Riquelme prometiendo a los socios poco menos que un club de campo para casar a los hijos parecía un homenaje a Gómez Pintado o a Palacios, pero esto no son los años 90, el teatrillo de la democracia en el futbol no tiene gracia, y se siente como un innecesario retroceso cognitivo que lejos de suponerle un problema reforzará a Florentino, porque Riquelme nos está recordando dónde estaba el club, qué cosas había y qué casposas mamarrachadas se hacían antes de Flóper. Al final, sin proponérselo, está consiguiendo algo que ni (gómez)pintado: exponer sin ternura todos los errores de Florentino, que los tiene, mientras nos recuerda lo que era y será el Madrid sin él. Y el resultado es fulminante: Florentino (incluso este Florentino) o barbarie.
Florentino o Caspania (Caspa e Hispania). Sin sus visiones, sus cosas y caprichos de visionario, el Madrid se hará nacional, normal, consensuado, al gusto del Marca, El País y la Cope (joder, joder, joder) y eso lo debilitará frente a un odio rival que nunca es menos sino más.
En España, donde nada se quiere nacionalizar, cuando algo lo quieren «españolizar», como al Madrid ahora, es que lo que quieren hacer es otra cosa.
El Madrid, club providencial, endereza sus partidos sin saberse cómo y Enrique Riquelme (suena al «arriba, arriba…» que cantaba el fondo), a su manera involuntaria, está haciendo un gran servicio. Si las personas razonables tenían alguna duda sobre el futuro del club, ya no la tienen. De aquí saldrá un mandato reforzado de los socios: acaba tu obra, Florentino, haz lo que tengas que hacer, y deja todo atado y bien atado, pero esta vez de verdad.
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