El extremeño José Garrido, vio devuelto su débil primero y reemplazado por un cuatreño negro de 625 kilos, al cual recibió de rodillas con cinco verónicas y media, otra de pie y una larga. Tras brindar al público explotó la fijeza suave, muy en corto tal vez innecesariamente, pues por bajo, templado, largo, obedecida sin glosas. La estocada completa delantera con gran hemorragia bucal deslució la faena, y la oreja concedida por voto popular tuvo alguna justificada sonora oposición
Con el cuarto se fue a portagayola, en el tercio, hay que anotarlo en esta época de largas en los medios que se tiene por tales. Le salió limpia y seguida por cuatro verónicas y media esta sí en el platillo. El muleteo no alcanzaba a sintonizar del todo, por el andar mortecino y servil del Montalvo. Sin embargo, la media espada tendida y trasera, el aviso y los dos golpes de cruceta fueron espléndidamente pagados con un saludo cuestionado.
Ismael Martín, el suizo de nacimiento, trajo aires festivos a Las Ventas, tan poco dada a ellos. A la gayola con sus dos toros, variado con la capa y espectacular en banderillas en sus dos tercios. El primero rematado con un gallego a cuerpo limpio toreando hacia atrás con la mano en la testuz largamente bajo la ovación, Con la muleta, su gestión vino a menos en la medida que la tonta sosería del toro aumentaba. Pero ya tenía la gente cautivada con su personalidad y entusiasmo y apuesta, de tal manera que cuando la estocada desprendida actuó, le pidieron la oreja muchos, pero don Pedro Fernández Serrano no se atrevió a tanto. En fin, el saludo sí fue unánime.
Con el quinto se creció, portagayola, siete verónicas y revolera. Coge los palos y echa otro tercio de ovaciones con dos sesgos de impacto, y un tercer par, evocando al Soro a la moviola, corriendo hacia tras, pero con el toro pegado a su cintura, hasta que lo paró con los palos. Ole. Y la plaza de pie a grito pelado. Con la muleta echó cal y arena en proporciones iguales. Naturales y derechazos plausibles hasta la cogida que permitió, con enganchones y perdidas de terreno. Pero todo respaldado por una sincera y veraz decisión. Cómo sería, que el pinchazo y la estocada baja con que mató no fueron óbice para una vuelta de mucha fiesta.
El valenciano Samuel Navalón, contrastó con su vocación por la lentitud, el temple, la planta quieta, el cuerpo a plomada y la ligazón, aunque por momentos, picado quizá por la fogosidad de sus alternantes, se dejó arrastrar al tremendismo de la gayola y el toreo postrado. Pero evidente que no es lo suyo. El parece querer ir por los caminos del arte. Bien hace, sus maneras y naturalidad lo sustentan.
Su lote fue opuesto, el tercero noblote y blando no contagiaba. Tras una estocada avisada, salió a saludar espontáneamente, error craso. El sexto fue quizá el mejor de la corrida pues su colaboracionismo era más entusiasta. Y Samuel lo lució de rodillas y de pie, acompasándose con tandas cortas, apegadas que incluso llegaron a la cogida, y no por culpa del alma mía del toro, Sin sangre, por fortuna. Una estocada laboriosa, arriba, de tardo efecto, motivó dos avisos, pero al fin el saludo estuvo bien para todos.
La tarde tuvo un gran mérito, la competencia de tres tauromaquias distintas, en una época en que todos parecen querer hacer lo mismo.
- FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Miércoles 3 de junio 2026. Plaza de Las Ventas. 23ª de San Isidro.
Sol 32ºC. Tres cuartos de aforo. Ocho toros, seis de Montalvo, 1º bis de Casa Toreros, y 5º bis de Fermín Bohórquez, en conjunto dispares, dóciles y blandos.
José Garrido, oreja y saludo tras aviso.
Ismael Martín, saludo tras petición y aviso, y vuelta tras aviso.
Samuel Navalón, saludo y saludo tras dos avisos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario