HAY UN MADRIDISMO DE MIRAS CORTAS, AFERRADO A CONCEPTOS RANCIOS; POR OTRO LADO ESTÁ EL MADRID DE BERNABÉU Y FLORENTINO, UNIVERSAL, AUTÓNOMO Y VANGUARDISTA. AFORTUNADAMENTE, VOLVIÓ A GANAR EL SEGUNDO.
Enhorabuena al madridismo
Jesús Bengoechea
En una prueba de madurez que a mí me parece emocionante, dos tercios de los socios del Real Madrid que ayer acudieron a votar decidieron reelegir a Florentino Pérez como su presidente para los próximos cuatro años. Los enemigos de Florentino aún no han aprendido a calibrar un dato sin cuya consideración jamás lograrán descabalgarle del Madrid, tal como pretenden.
Ese dato es tozudo. No es numérico, pero sí tan incontestable como las matemáticas. El gran ídolo del madridismo del siglo XXI no es Cristiano. No es Zidane. No es Ancelotti ni Modric ni Kroos ni Roberto Carlos ni Sergio Llull. El gran ídolo del madridismo del siglo XXI es Florentino Pérez. Tratar de derrocarle es afán tan baldío como intentar enjaular una idea. Un 67% de los 33.000 socios que votaron ayer sienten por él una devoción tan grande como inmenso es el abismo que sienten bajo sus pies ante la perspectiva de que su mandato acabe. Es solo un 67% debido a la muy particular idiosincrasia del socio. Sí extrapolas esa gratitud y confianza a los millones de madridistas de corazón (aunque sin carnet) que hay en el resto del mundo, el porcentaje es infinitamente superior.
Por razones que habrá que analizar muy cuidadosamente, el 33% restante optó por dejar constar su disconformidad con la gestión de Florentino con un voto de castigo que produce perplejidad, no porque no hayan existido errores dignos de criticismo por parte del mandatario blanco, pues errores siempre hay, sino porque son ignotas las razones que pueden llevar a un madridista a desear el triunfo de esa candidatura. Ese 33% deberá ser analizado con suma atención. Corresponde ahora al reelegido presidente mostrar la debida sensibilidad con las razones de esa desafección. Ya mostró su inclinación en ese sentido en el discurso de análisis de los resultados, indicando que escuchará con especial atención “a los que no me han votado”.
Las elecciones han sido históricas en el sentido académico de la palabra, es decir, han vuelto a dejar bien claras dos corrientes antagónicas desde 1902.
Por un lado, ha habido siempre un madridismo tradicionalista e inmovilista, de miras cortas y objetivos ramplones, aferrado a conceptos rancios y paralizantes de localismo y folclore, frecuentemente anclado a hipotecas que le hacen dependiente de otras entidades (gobiernos, empresas, medios) que le impiden seguir su propio camino.
Por el otro, está el Madrid de D. Santiago y de Florentino, que es un Madrid con vocación de universalidad y vanguardia, el que construyó un estadio monumental en medio de la posguerra y lo llenó de genios del balón y ahora plantea la adenda futurista del Bernabéu infinito; el que antaño fundó la Copa de Europa y hoy sigue ejerciendo un liderazgo abrumador entre los clubes europeos en unas negociaciones con la UEFA que democratizarán la vieja Copa de Europa sobre la ola tecnológica del streaming. A diferencia de su antagonista, este es un Madrid libérrimo, autónomo, dueño de su destino merced a su enfoque en la generación de ingresos y la gestión responsable. Y es el Madrid que por suerte, por inmensa suerte, volvió a ganar ayer.
Enhorabuena al madridismo. También, si me lo permiten, a los que ayer no votaron a Florentino. Con el debido respeto, los que sí le votamos les libramos de una de las cosas más ingratas de la vida: el arrepentimiento. Un abrazo sincero para ellos, y de nada.



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