la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 7 de junio de 2026

MADRID/ 26ª San Isidro La bella muerte / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Román con las orejas del bravo tercero sale por la puerta grande. Morenito de Arandela y Fernando Adrián silenciados. Desigual pero encastado encierro...

La bella muerte

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 6 VI 2026
Victorino Martín, trajo una corrida dispar de presencia, pero enrazado y exigente. Dos toros protestados de salida por falta de cuajo, de los cuales uno, el bravo tercero fue el del triunfo. El otro, el segundo, ambos paradójicamente ovacionados al arrastre, junto con el cuarto. Con ellos, los aplaudidos, primero de mucho genio y el quinto que lo fue sobrevalorado. Silenciado el manso sexto. Tres cinqueños, todos cárdenos.

La cumbre de la tarde la alcanzó Román con el tercero “Gallarete”, de 542 kilos. Fue recibido con un lanceo de trámite que no pronosticó nada. Las capas hoy solo sirvieron para la brega pura y dura sin entrar en materia estética. Ni quites ni nada. Francisco de Borja incierto con las puyas pasó su tercio con sanción de la clientela. Tampoco lucieron Pozo y López en el cumplimiento escueto de su contrato. Dos tercios de la lidia y ni asomo de grandeza, como no fuera la codicia manifiesta e ingobernada del Victorino. Entonces, el valenciano salió al paso con el acierto que le dio la victoria; la distancia. Sí señor, la distancia. Mientras sus alternantes encimaron y fracasaron con toros de orejas, él citó de largo, dándole aire e inercia a la pronta y brava arremetida, para verla llegar, embroncar} y vaciar con espacio y tiempo de colocar y ligar la siguiente suerte. Cabeza, buena cabeza.

Por otro lado la emoción del toro, embarcado en tandas que fueron de menos a más, tanto en cantidad como en calidad. De la de a tres y remate pasó a las de cinco en redondo, por bajo, tanto por la derecha como por la izquierda enaltecidas por el galope, la repetición y la humillación del cárdeno. La explosión total en el tendido vino con una serie por la diestra sin ayuda, puro trapo, que fuero, seis, el forzado y el desplante.

La faena no había sido perfecta, le faltó sosiego, quietud, pero la continuidad y el brío tapaban. Lo que pasó a continuación fue lo que la cotizó altamente y decidió todo. La suerte suprema, la razón de ser del toreo. Recibiendo, en los medios, una gran estocada de la cual el bravo resistió hasta el último aliento tratando de embestir al matador que se ufanaba, y doblando en el platillo. Gran momento de la corrida y la feria. Así sé mata un bravo. Así muere un bravo.

Las dos orejas con oposición tardía, de ¡Fuera del palco! Y tal. Pero lo doble petición había sido aplastantemente mayoritaria. Si la suerte suprema es suprema entonces no hay nada que alegar. Una para la faena, y una que podrían ser las dos para la muerte. Total, dos. Los honores al toro fueron unánimes. Qué ovación.

Con el sexto, el manso de la tarde que con su armadísima cara tapaba lo que le faltaba en el resto para ser lo que se dice “un toro de Madrid”, el valenciano, con su triunfo ya en firme, trabajó sin resultado contra la distraída sosería del garbanzo. Y al final con todo el mundo fatigado, le pinchó cinco veces antes de descabellado sin haberlo estoqueado. Un desangelado preámbulo para la Puerta grande. Que no agrió la fiesta de la muchachada que se tiró feliz al ruedo para acompañar al torero.

Morenito de Aranda, luchó a brazo partido, pero sin éxito ni reconocimiento, contra dos toros distintos. Uno de mucho genio y peligro que se le revolvía en corto tiro por tiro, al cual pese a su apuesta no pudo imponerle gobierno y liquidó de pinchazo y dos descabellos, oyendo aviso. El otro, el cuarto, más fijo, bravo y de opciones, tampoco fue dominado y el bajonazo con aviso no ayudaron a que su honesto, arriesgado e infructuoso esfuerzo cobrara algo más que un silencio indiferente.

A Fernando Adrián, se le está midiendo con particular dureza. Exacerbada esta vez porque no supo descifrar la bravura del segundo, desaprovechándolo en un toreo atosigante, sin desahogo. Pese a la buena estocada lo pitaron, y con gran fuerza ovacionaron el arrastre. Volvió a intentar su toreo de cercanía y circularidad que tan buenos réditos le ha dado en esta plaza y muchas otras. Pero ese éxito afila los dientes de parte del público madrileño. Pinchó, colocó una estocada total arriba sin efecto y el aviso y los tres golpes de cruceta estimularon los pitos. 

Madrid. Sábado 6 de junio 2026. Plaza de Las Ventas.
26ª de San Isidro. Sol 28ºC. Lleno. Seis toros de Victorino Martín, 546 kilos promedio, desiguales de presentación y juego

Morenito de Aranda, silencio tras aviso y silencio tras aviso,

Fernando Adrián, pitos y silencio tras aviso.

Román, dos orejas y silencio.

Incidencias: Al final de la corrida Román salió a hombros por la puerta grande.

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