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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 24 de junio de 2016

Alicante. Lo que vi en la tele: Ponce compitió con Ponce; López Simón con Roca Rey / por J.A. del Moral.





Ayer se pasaron elogiando a José Tomás antes y durante la corrida. Es verdad que su tirón es enorme. Pero deberían haberse preguntado, de paso, por qué Tomás no se deja televisar. Digo yo que si Tomás toreara como lo hacen todas las figuras y se dejara televisar, su tirón no sería el mismo.

Lo que vi en la tele: Ponce compitió con Ponce; López Simón con Roca Rey

J.A. del Moral · 24/06/2016
No es lo mismo ver una corrida en la plaza que por televisión. Yo suelo verlas en las plazas. Pero ayer no tuve más remedio que sentarme ante el televisor. Y no solo para ver, también para escuchar a los comentaristas que, por cierto o al menos ayer, no pararon un solo momento de charlar sobre lo divino y lo humano. Ayer se pasaron elogiando a José Tomás antes y durante la corrida. Es verdad que su tirón es enorme. Pero deberían haberse preguntado, de paso, por qué Tomás no se deja televisar. Digo yo que si Tomás toreara como lo hacen todas las figuras y se dejara televisar, su tirón no sería el mismo.

Por lo que supone de inadmisible impertinencia, Emilio Muñoz se atrevió a censurar lo del smoking de Ponce en Istres. No sé si lo dijo para congraciarse con Antonio Burgos o por qué. Pero no me parece bien que Emilio se meta también en estos berenjenales. Y él menos que nadie. ¿Con que autoridad lo dijo? Más respeto al más respetable del toreo de todos los tiempos. O no, Emilio, ¿o no?


Respecto a lo que hicieron los toreros con la estupenda corrida de Daniel Ruíz, me permito opinar que Enrique Ponce no compitió con sus dos jóvenes compañeros, sino con él mismo. El contraste entre la maestría y la gran clase del maestro valenciano fue tremendo. Pero la masa que casi llenaba la plaza no supo apreciar tamaña diferencia.


La masa se entusiasmó más con el indudable valor y yo diría mejor con el enorme arrojo de López Simón y, sobre todo, con la asustante disposición de Roca Rey que ayer volvió a estar en el filo de la navaja en varias ocasiones. Fue el suyo el peor lote de la corrida, el peor de los cinco de Daniel Ruíz y el aun peor sustituto de La Pamosilla. Y estuvo por encima de ambos. Sí. Pero…

En este pero debo señalar que Andrés Roca Rey expuso demasiado rozando la cogida varias veces – como siga así, cualquier día le va a partir un toro por la mitad – y se equivocó en el planteamiento de la faena al de La Palmosilla. ¿Por qué? Pues porque después de torear muy bien a la verónica en el saludo – el animal tomó el capote con franca nobleza – el toro pareció cambiar a malo en la muleta. Cambio que, en mi opinión, se debió al erróneo inicio de la faena, citando desde fuera para pegar pases cambiados, estando el toro en los adentros. Y eso, querido Andrés, perjudica muchísimo a las reses porque en estas situaciones se ven forzadas a embestir muy forzados y lo hacen con mal genio. A los toros hay que ayudarlos. De ninguna manera a obligarlos a ir por donde más les cuesta. De modo que, en vez de ir a mejor van a peor que es lo que te ocurrió con este sexto y último de la corrida.

Prefiero al Roca Rey más sensato, más templado y más clásico que al tremendista. El tremendismo está al alcance de cualquier desesperado. Pero Roca no debería mostrarse con tanta desesperación. No le hace falta aunque él cree que si. Craso error que le puede costar muy caro. Y eso no queremos que ocurra de ninguna manera. Roca Rey debe centrarse mucho más en buscar la calidad que la cantidad. Y como tiene calidad, se equivoca olvidándose de esta virtud.

Ayer vi a López Simón más en torero que en tremendista. Le vi por eso mejor que otras veces. Pero, señores, es que tuvo un lote de revolución. Sobre todo su primer toro que fue de lío grande. Y quiso mucho y hasta bien el de Barajas… pero como su toreo carece de clase y de eso no tiene la culpa porque la clase no se aprende – se tiene o no se tiene -, el resultado artístico de sus labores muleteras no se correspondió ni de lejos con la calidad de sus oponentes. Lo siento.