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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 20 de junio de 2016

LA VIOLENCIA / por Antolín Castro


En los toros lo más el ¡Pum, petardo! de Las Ventas. Nada que ver

"...En territorio francés están ocurriendo estos hechos, lo que significa que es en un país taurino, uno de los acusados de la violencia que suponen las corridas de toros..."
  • En cualquier caso, la violencia no está en los toros, está en el fútbol y no se oye ninguna voz que pida su prohibición, lo que supone, de facto, una ventaja intolerable o, sencillamente, es que la cobardía de quien pide la prohibición de los toros, lo hace a sabiendas de que su capricho le va a salir demasiado barato.
LA VIOLENCIA

En estos días en los que se está celebrando la Eurocopa, campeonato europeo de fútbol por selecciones nacionales, estamos asistiendo a episodios de violencia extrema entre seguidores de un país u otro, principalmente han sido brutales las escenas entre rusos e ingleses.

En territorio francés están ocurriendo estos hechos, lo que significa que es en un país taurino, uno de los acusados de la violencia que suponen las corridas de toros.

Jamás se ha presenciado en plaza alguna, o en sus alrededores, un espectáculo tan brutal y agresivo como lo vivido en estos días en el fútbol. Nunca los aficionados a los toros han llegado a esta sinrazón. Sin embargo, han tenido, y tienen, que soportar, el ser llamados asesinos por el simple hecho de ser espectadores de festejos taurinos.

Está clara, clarísima, la diferencia entre unos y otros aficionados. Ni por asomo estos aficionados taurinos han abrazado, o les ha abrazado a ellos, esta barbarie que sonroja a cualquier ser civilizado. 

Pero no hemos visto nunca una persecución, un marcaje, como el que se les dedica a los aficionados a los toros, para con los salvajes del fútbol. Será que, de entrada, les consideran animales, y por esta razón tienen una patente para no ser insultados o, quizá, sea mucho más temible ponerse delante de ellos a llamarles asesinos. Puede que esto último sea la verdadera razón.

El pacifismo de los taurinos es tan grande que se acude a insultarlos, a ofenderlos gratis, a sabiendas, como sucedió con los cristianos de la antigua Roma, de que no van a responder a las provocaciones. A eso hay que llamarlo cinismo por un lado y ventajismo por otro. Insultar o acosar a quien no paga con la misma moneda es de cobardes, pero también de oportunistas.


Se puede asegurar que nunca va a suceder en los toros que los partidarios de uno les revienten la cabeza a otros, a golpes o silletazos, como hacen estos animales. Lo sabemos nosotros y lo saben ellos, los acosadores. En ese sentido, se parecen mucho a esos maridos que acosan e insultan a sus mujeres, sabedores de que no se van a revolver contra ellos. 

En cualquier caso, la violencia no está en los toros, está en el fútbol y no se oye ninguna voz que pida su prohibición, lo que supone, de facto, una ventaja intolerable o, sencillamente, es que la cobardía de quien pide la prohibición de los toros, lo hace a sabiendas de que su capricho le va a salir demasiado barato. Enfrentarse a las masas del fútbol sería propio de héroes y nuestros acosadores pueden ser todo menos eso.