la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 21 de junio de 2016

Premeditación y alevosía / por Paco Delgado

Los orígenes de la fiesta de los toros en la ciudad de Xàtiva se remontan al año 1509 y ya en el siglo XVIII comenzaron a celebrar festejos con asiduidad. Por su coso taurino, inaugurado en 1919, pasaron todas las figuras del toreo y fue reconstruido en el año 2006, convirtiéndose en un amplio recinto multiusos.


La nueva izquierda, radical y poco leída, revanchista y peligrosa, tiene fijación con el tema taurino.

  • Políticamente hay un gran interés en suprimir esta seña de identidad inequívoca y netamente española y si hay muchos que lo apoyan y jalean, no hay que olvidar que son más, muchísimos más, los que no están dispuestos a que acaben con ellos. Ni a que se les tome el pelo.

Con la irrupción de los nuevos partidos de izquierda radical y su enfermiza fijación antitaurina, no hay semana que los aficionados no tengan disgustos o sobresaltos.

Uno de los últimos ha tenido lugar en la ciudad valenciana de Játiva, en la que, pese a la tradición, los muchos años de antigüedad de su feria taurina y la importancia de su plaza de toros -por la que han pasado todas las figuras de todos los tiempos y de la que Joselito El Gallo dijo que era la más grande del mundo- no habrá toros en sus fiestas de agosto. Y será así porque así lo ha decidido el equipo de gobierno de su Ayuntamiento -formado mayoritariamente por concejales de PSOE, Izquierda Unida y Compromís- mediante una argucia ilegal y que más parece una tomadura de pelo que otra cosa. Está de moda prohibir los toros, en cualquiera de las modalidades que la tauromaquia admite, y los próceres de esta izquierda revanchista y peligrosa se apresuran a no dejar pasar oportunidad de demostrar su inquebrantable adhesión a la causa, añadir una muesca a su culata y fardar de trofeos.

Con premeditación y alevosía, -no sé si también con nocturnidad, pero sí con falta absoluta de información y publicidad y total convicción de lo que hacían-, para tratar de evitar que hubiese festejos taurinos en su tradicional Fira d’Agost, desde el propio Ayuntamiento se convocó una especie de referéndum para votar sí o no a los toros en la feria. Un referéndum convocado vía internet y en el que se votaba asímismo por este medio, con lo cuál fueron miles los aficionados que ni se enteraron ni, lógicamente, pudieron dar su opinión al respecto. Finalmente fueron 6.191 vecinos los que votaron, incluyendo a los muchos menores de 18 años que tomaron parte en esta iniciativa, lo que supone un 24,67% del censo de esta ciudad. De ese total de votantes, un 51% (lo que significa un 12,58% de la población) se pronunció a favor de suprimir los festejos taurinos y el 49% restante se mostró favorable a su celebración, con una diferencia de tan sólo 79 votos a favor de los prohibicionistas.

Ese no a los toros aún colea y lleva camino de ser un quebradero de cabeza para el alcalde, el socialista Roger Cerdà, quien quizá se ha apresurado demasiado al fulminarlos de la programación festiva, si bien la victoria numérica del no contra el sí es evidente (3.135 votos frente a 3.056), esos pocos votos de diferencia significan casi un empate técnico. Pero además, el dato encierra una interpretación poco favorable para los partidarios de prohibir los espectáculos taurinos, y es que si los toros ya se hacían y son una tradición asentada, el no a su celebración debería ser un voto reactivo y, por lo tanto, ampliamente mayoritario para ser vinculante.

Sabedores de que prohibir los toros es algo que no pueden hacer, los partidos promotores de esta consulta antitaurina se han preocupado bastante de publicitar que no se trata de una prohibición; simplemente, argumentan, "se trataba de una consulta sobre la programación de la feria con la finalidad de decidir el incluir o no los toros en dicha programación así como no ceder un espacio también municipal como el coso a una actividad que rechazan". Ojo, que rechazan ellos, no los vecinos, y son ellos los que se arrogan la potestad de decidir si dan o no toros, si permiten o no disfrutar a los setabenses de su afición y, en definitiva, los que hacen y deshacen a su antojo, pasando por encima de todo y de quien sea. Democrático, ejemplarizante y aleccionador. Vaya que sí.

Llama también la atención que un medio de comunicación de Valencia, un diario de gran aceptación y tirada, incluyese en portada y con gran despliegue tipográfico un titular que llama al engaño: "Játiva dice no a los toros", cuando ni es la ciudad quien lo decide ni la consulta tenía ese objeto. Políticamente hay un gran interés en suprimir esta seña de identidad inequívoca y netamente española y si hay muchos que lo apoyan y jalean, no hay que olvidar que son más, muchísimos más, los que no están dispuestos a que acaben con ellos. Ni a que se les tome el pelo.