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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 19 de junio de 2016

MURIÓ LEANDRO DE BORBÓN EL HIJO DE ALFONSO XIII, UN BASTARDO QUE PROVOCÓ LA LOCURA DE RODOLFO GAONA.



Le gritaban sin piedad los públicos en los ruedos ante alguna mala actuación del torero mexicano
"EL HIJO DE GAONA TIENE CARA DE PESETA"

MURIÓ EL HIJO DE ALFONSO XIII, UN BASTARDO QUE PROVOCÓ LA LOCURA DE RODOLFO GAONA

Ha fallecido Leandro de Borbón

Los diarios españoles, ellos ABC de Madrid, dieron amplia información del fallecimiento de Leandro de Borbón, el hijo del rey Alfonso XIII a quien el Reino de España reconociera como “hijo legítimo del rey español”; y, por carambola a dos bandas, tío del monarca emérito Juan Carlos I. 
A Leandro, al que solo se le reconoció el derecho a apellidarse Borbón, era hijo de Alfonso XIII Rey de España, y de la actriz Carmen Ruiz Moragas. 

El tío Leandro, llevó una vida discreta. Provocó ruido cuando publicó un libro de memorias titulado "El bastardo real", a la vez que solicitó ante los tribunales españoles "la incoación de expediente gubernativo de filiación paterna no matrimonial como consecuencia de la posesión de estado". Solicitud que el Registro Civil reconoció como "hijo no matrimonial" de Alfonso de Borbón y Austria el 21 de mayo de 2003, en un auto sin precedentes. Decisión que no supuso el reconocimiento de ningún título, tratamiento u honores de la Familia Real, que según la legislación española se regula por un Real Decreto de 1987.

Leyendo la noticia recordaba una tarde de aquellas tardes de la Feria de la Chinita, en el Hotel del Lago, reunidos empresarios, toreros, ganaderos y aficionados en la cafetería del Hotel del Lago de Maracaibo José Luis y su hermano Eduardo Lozano, Hugo Domingo Molina, Alberto Ramírez Avendaño y Pedrucho de Canarias con Enrique Bernedo “Bojilla”, quien en vida fuera brillante torero de plata y singular taurino, este contaba refiriéndose a los amores inconfesables del Rey de España que cuando nació Leandro de Borbón, hijo de Carmen Ruiz esposa de Rodolfo Gaona. La guasa sevillana decía que “el hijo de Gaona tiene cara de peseta”. Se refería el gran torero al bastardo del Rey de España. Leandro de Borbón publicó un segundo libro, "De bastardo a infante de España", y en 2007 otro, llamado "Alfonso XIII visto por su hijo".


La relación entre Gaona y la Moragas es parte de la historieta taurina venezolana. Fue cuando Eloy M. Pérez contrató al “Indio Grande” para torear en Caracas dos corridas de toros, a 20 mil bolívares por tarde. Gaona estaba en Lima, Perú, y llegó a La Guaira sin desembarcar en el puerto, ya que siguió su camino a Puerto Rico donde se presentaba la compañía de María Guerrero de la que Carmen Ruiz Moragas era parte del elenco y novia del torero.
Rodolfo Gaona embarcó a la afición de Caracas, se fue a España donde casó con la Moragas siendo esta amante oficial del Rey Alfonso XIII, relación cuyas secuelas le marcaron la vida para siempre.


Rodolfo Gaona, a quien por su elegancia y apostura llamaron “El Petronio del Toreo” fue pues un hombre elegante y guapo, con un toque de exotismo y distinción que atraía a las mujeres como moscas. Actrices y cupletistas de aquel Madrid de principios de siglo se sintieron atraídas por el torero. 
Tuvo incluso una novia antes de conocer a la actriz Carmen Ruiz Moragas. Nos relata Manolo Lozano que esta también perteneciente al mundo del espectáculo, la cupletista Paquita Escribano que en aquellos años compartía cartel con las famosas Adelita Lulú y La Goya. 
Paquita Escribano, cuenta Lozano, era una mujer de extraordinaria belleza y probablemente quiso más al torero azteca que la mujer con la que desgraciadamente más tarde se casaría. 

La actriz Carmen Ruiz Moragas, además de bella y hermosa, fue una mujer de una gran cultura. Capaz de interpretar papeles en francés e inglés perfectamente, lo que pocas actrices de la época podían hacer. Mujer de una gran personalidad que deslumbraba a los hombres, pues reunía en su persona no sólo belleza sino elegancia y talento escénico. Tanto, que pronto llamó la atención del propio Rey Alfonso XIII, que se enamoró de ella perdidamente al primer golpe de vista. Carmen Ruiz fue desde 1916 y durante toda la década de los años veinte el gran amor del Rey Alfonso XIII, que aunque trotaba de lecho en lecho, encontró en el de Carmen Ruiz Moragas la pasión que era incapaz de despertarle la propia reina Victoria Eugenia. Además, la transmisión de la hemofilia que ella trajo al matrimonio fue el pecado que el Rey jamás le perdonó a la Reina”… Para desgracia de Rodolfo Gaona el matrimonio fue una farsa, una tapadera para ocultar los amores de la actriz con el Rey. Los públicos en los ruedos ante alguna mala actuación del torero le gritaban sin piedad que "el hijo de Gaona tiene cara de peseta", y otros comentarios crueles y difíciles de sobrellevar para cualquier persona y menos para un torero que era la personificación del “macho” y el “héroe

Gaona se percató pronto de que había una tercera persona en su relación con Carmen, y que el Rey era el verdadero amor de su mujer y no él. Los celos, más que justificados en este caso, hicieron presa del torero y convirtieron la convivencia de la pareja en un auténtico infierno. Lo que son las cosas, Gaona admirado igual que un héroe como torero, estaba en boca de todo el mundo y era víctima de los comentarios y cuchicheos en aquel Madrid de principios de siglo. Los “cuernos” eran más que evidentes y eso estaba en la calle. El torero no pudo soportar más aquella situación y se separó de la actriz a los dos meses de haber contraído matrimonio con ella.


Tras la separación, Gaona se marchó a México con el corazón roto y absolutamente asqueado de España y los españoles, de hecho nunca más volvió a torear en España. La actriz Carmen Ruiz Moragas, que ya no tenía ataduras con nadie, volvió con ardor y pasión a los brazos del Rey y fruto de aquella apasionada relación nacieron dos hijos bastardos del Rey: primero María Teresa de Borbón y más tarde Leandro Alfonso de Borbón, ahora conocido por sus apariciones televisivas y por haber publicado con todo lujo de detalle toda esta historia en dos libros: “El bastardo real” y más tarde “De bastardo a Infante de España”, que salió a la calle este último cuando los Tribunales de Justicia le reconocieron su estirpe y que era hijo de su Majestad el Rey Alfonso XIII.

En todo caso, el fugaz matrimonio entre el torero y la actriz y su posterior ruptura, continuó durante muchos meses en boca de todo Madrid y era motivo de comentarios en tertulias y conversaciones de los cafés que en aquellos años llenaban las calles de la capital de España.

Al indio Grande le cambió incluso el carácter desde su separación de la actriz, y de ser una persona abierta, divertida y simpática, pasó a ser agrio, huraño, tosco, desconfiado, solitario y huidizo. Todo este escándalo amoroso le creo también mala fama en su propio país. Estaba en boca de todo el mundo, no sólo como esposo cornudo y burlado por una mujer, sino que circulaban malintencionados comentarios que apuntaban que la causa de la separación entre el torero y la actriz española había sido su presunta homosexualidad. Todo esto, como comprenderán, le hizo un daño terrible a su fama y a su dignidad como hombre y como torero.

Carmen Ruiz Moragas murió el 11 de junio de 1936 poco antes del comienzo de la Guerra Civil, cuando contaba la edad de 38 años. Murió a causa de un cáncer del que fue operada quirúrgicamente sin éxito.
Sobre su muerte y el inmenso amor que el Rey le profesaba, cuanta su hijo Leandro Alfonso en uno de sus libros, que su madre Carmen Ruiz Moragas cuando estaba en estado agonizante, le encargó a su ama de llaves que cuando falleciera le untara sus labios de vez en cuando con canela y hierbabuena, pues estaba segura de que Alfonso vendría a despedirse de ella. Así ocurrió unas doce horas después de su defunción. El Rey Alfonso XIII que se encontraba exiliado en Francia, cruzó de madrugada la frontera por Bayona en el más absoluto secreto y fue hasta Madrid a despedirse de su amada. Una vez en la casa de la actriz, sólo y en silencio, postrado ante su cadáver la besó en los labios y rezó con amargura por el alma de la mujer a la que más amó. Unas horas más tarde y con mucha discreción volvió a salir de España, sin que nadie hubiera notado su presencia en Madrid.