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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 6 de marzo de 2018

De pronunciamientos y encerronas en La Maestranza de Sevilla(I) por A. R. del Moral



La lista de toreros que ha afrontado el reto de encerrarse en solitario en la plaza de la Maestranza es larga. El empeño está salpicado de éxitos y fracasos y algunos gestos que pasaron al olvido

Curro Romero es el torero que más veces ha afrontado el gesto de encerrarse en solitario en la plaza de la Maestranza; lo hizo en 1966, 1968 y 1972.

De pronunciamientos y encerronas
en La Maestranza de Sevilla(I)

Curro Romero es el torero que más veces ha afrontado el gesto de encerrarse en solitario en la plaza de la Maestranza; lo hizo en 1966, 1968 y 1972. Abrió la Puerta del Príncipe en las dos primeras. / El CorreoCurro Romero es el torero que más veces ha afrontado el gesto de encerrarse en solitario en la plaza de la Maestranza; lo hizo en 1966, 1968 y 1972. Abrió la Puerta del Príncipe en las dos primeras

Pepe Luis Vázquez despachó seis toros de Benítez Cubero
 en la corrida de la prensa de 1945. / Archivo A.R.M.

La proyectada encerrona de Diego Ventura –que escenificará su pronunciamiento en la plaza de Espartinas– sigue dando pie para tirar de un hilo histórico que no deja de brindar sorpresas. Los anales de la plaza de la Maestranza recogen gestos similares que no siempre se resolvieron con éxito. Algunos de estos empeños permanecen en el recuerdo del aficionado y en los márgenes de la historia pero otras pasaron al olvido al arrastre del sexto. No pasaremos del siglo XX en la primera parte de este trabajo que promete continuidad la semana que viene. El repaso a esa historia nos hace tropezar con el gesto de un torero prácticamente olvidado, Moreno de Alcalá, que despachó seis de Miura él solito entre mamporros y volteretas. Fue el 8 de agosto de 1907 inaugurando esta lista en la que, como en botica, hay de todo.

En esos años algo estaba a punto de cambiar en el toreo. Gallito, aún novillero, ya era considerado un maestro consumado que el 15 de agosto de 1912 se encerró con sendos ejemplares de Benjumea, Miura, Murube, Parladé, Tovar y Santacoloma. Lo hizo a beneficio de la hermandad de la Macarena que, entre otros proyectos, pudo afrontar la realización de la fastuosa corona de oro de la joyería Reyes que había diseñado su amigo Juan Manuel Rodríguez Ojeda. El propio Gallito protagonizaría la siguiente encerrona de la lista estoqueando seis de Carmen de Federico –El sobresaliente Pacorro despachó el sobrero– en la tarde del 24 de junio de 1917. Se organizó –marcando una constante– para la Asociación de la Prensa. El coloso de Gelves cortó cinco orejas…

La muerte de José el infausto 16 de mayo de 1920 en la plaza de Talavera de la Reina marca el final de aquella apasionante y breve Edad de Oro. Llegaba un tiempo nuevo que encarnan toreros como Manuel Jiménez Chicuelo, que afronta el difícil reto el 24 de marzo de 1921 con seis ejemplares de Curro Molina a los que despacha sin demasiado éxito, ésa es la verdad. Le sucede en el empeño otra gran figura de la Edad de Plata, el infortunado Manolo Bienvenida, que asume el compromiso el 19 de octubre de 1930. Lo hizo a beneficio de la Cruz Roja, estoqueando siete ejemplares de Moreno Santamaría de los que se llevó tres trofeos. Bienvenida, seguramente el mejor de su casta, moriría ocho años después víctima de un tumor maligno.

Malos eran también los tiempos que se avecinaban… Pasada la Guerra Civil y en plena hegemonía manoletista hubo que esperar hasta el 12 de junio de 1941 –festividad del Corpus– para contemplar un nueva encerrona, organizada –cómo no– por la Asociación de la Prensa. La protagonizó Pepe Luis Vázquez, que despachó seis ejemplares de Benítez Cubero a los que sólo cortó una oreja. El reto tendría que esperar a otro día del Corpus, 25 años después, que sí quedó grabado en los anales de la historia del toreo. Curro Romero tumbó seis de Urquijo a beneficio de la Cruz Roja a los que cortó ocho orejas. El camero se desquitaba así de una discreta Feria de Abril cimentando, de paso, el sentimiento que hoy entendemos por currismo.

En 1967 hay ración doble. El diez de agosto, en sesión nocturna, Riverita sólo se lleva un trofeo de los seis utreros de Pareja Obregón. Sólo 21 días después, el primero de septiembre, el infortunado novillero Carnicerito de Úbeda repetía la hazaña con seis de Paco Rincón metiendo cinco orejas en la talega. Un año después, el día de San Antonio de 1968, Curro Romero vuelve a afrontar el reto con toros de Núñez, Alipio y Tassara. Fue su tercera Puerta del Príncipe. En el verano de aquel 68 no faltaría el empeño novilleril: esta vez fue Juan Carlos Beca Belmonte el que se atrevió con media docena de utreros de Pilar Herráiz a beneficio de los empleados de la plaza. Llegó el 69, y con él el gesto del sanluqueño José Luis Parada, aún novillero, que despena seis de Guardiola.
Se estrenan los 70 y con ellos, la tercera encerrona en solitario de Curro Romero. Fue el día de San Pedro de 1972, con toros de Martín Berrocal. Cortó tres orejas pero renunció a la salida a hombros. Otro artista del ramo, Rafael de Paula, escoge el 12 de octubre de 1972, para estoquear seis moritos a beneficio de los periodistas y con discretos resultados. Al año siguiente es la SER la que organiza una corrida en la que Galloso pecha con los seis de rigor. En el 78, con idéntico formato, le tomó el relevo José Antonio Campuzano, discreto con los de Pallarés.

Hay que aguardar hasta 1982, el año del Mundial, para que una encerrona en solitario vuelva a tomar carácter de acontecimiento. El 12 de octubre, Paco Ojeda se recetó siete de Manolo González en la tradicional corrida de la Cruz Roja. El de Sanlúcar estuvo cumbre con ellos; les cortó cuatro orejas y abrió la Puerta del Príncipe pero, sobre todo, rubricó su definitiva eclosión como figura histórica del toreo. Dos años después y en la misma fecha –ni veinte días después de la muerte de Paquirri– era Tomás Campuzano el que afrontaba el reto pero cayó herido cuando lidiaba el tercero. El sobresaliente era El Estudiante, que se quitó de en medio los cuatro restantes a trancas y barrancas.
Al mediar los ochenta se perfila el reinado de Juan Antonio Ruiz Espartaco que, decidido a coronarse, se anuncia con seis de Miura en la Feria de Abril de 1987. El empeño no estuvo acompañado del éxito y el diestro de Espartinas fue muy criticado por soltar un sobrero de Juan Pedro Domecq que tampoco sirvió para arreglar el desaguisado. Pero, ojo, ésa no fue la única encerrona de aquel año. Rafael de Paula, seguramente espoleado por la mitificada faena al toro de Benavides en la madrileña Feria de Otoño, aceptó el reto de Diodoro Canorea. Le prometió un pastizal y le encerró seis toros de distintas ganaderías. Paula, entre altibajos, lo bordó con el capote y fue capaz de cuajar al quinto de Bohórquez.

Dos años después era Fernando Cepeda el que apostaba las seis fichas en un único casillero para la corrida de la Cruz Roja del 89. El torero de Gines andaba en trance de convertirse en figura pero, a pesar del buen sabor de su actuación, le faltó pasar la raya definitiva de la primera fila. En 1990 hubo ración triple y dispares resultados. Manzanares padre fue el primero en disparar, sin lograr dar ni una sola vuelta al ruedo en la corrida del Corpus, organizada por la Asociación de la Prensa. Manuel Caballero, a la cabeza de la novillería, asumía el reto de estoquear un encierro de Torrestrella el día de la Virgen dando una gran dimensión. El tercero de aquel año fue Manili, que ya había tomado el camino de vuelta pero aún fue capaz de abrir la Puerta del Príncipe ese 12 de octubre. Pero no acaba aquí esta historia. La semana que viene más: les contaremos los 90 y lo que va de siglo