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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 9 de marzo de 2018

EL ANTECEDENTE MERIDEÑO / por Eduardo Soto Alvarez



Ha llegado el momento crucial de actuar y evitar que se continúe perpetrando tal crimen de lesa la patria. En las circunstancias actuales, la mejor forma de actuar es ratificar de manera inequívoca a la comunidad internacional, el  mayoritario rechazo a la tiranía que nos agobia, para que, conforme a compromisos  internacionales vigentes adquiridos por todos y poniendo sus barbas en remojo, cumpla con su cometido, de rescatar la vigencia de la Constitución y las leyes en nuestra pequeña Venecia.


EL ANTECEDENTE MERIDEÑO

Eduardo Soto Alvarez
La verdad es que a pesar de estar fuera del país, seguí con atención las celebraciones del Aniversario de Oro de la Monumental de Mérida. La efeméride me interesó desde temprano y  escribí unas cuantas líneas al respecto, pues fui consecuente feligrés por  poco más de diez años, hasta que en 2016 tuve que cortar  amarras presenciales con la Plaza, pero seguí interesado  en el acontecer taurino merideño.

De lo reseñado, quisiera evocar  las palabras del Dr. Álvaro Sandia Briceño, distinguido jurista y aficionado, en el acto celebrado en un restaurant de indiscutible solera taurina, pues permiten conocer de manera pormenorizada y amena, el proceso de gestación, acelerado por cierto, que desembocó en el alumbramiento del hoy cincuentenario coso, que ha llegado a ser uno de los emblemas de la Ciudad de los Caballeros.

Pero más allá del minucioso recuento de pasos y  protagonistas  que hicieron posible tal logro, el escrito refleja el espíritu de equipo, la unidad de propósito y la indeclinable voluntad de acción de personas e instituciones, tanto  públicas como   privadas que, al  actuar de consuno, pudieron concretar un sueño colectivo y transformarlo en la palpitante realidad que ahora cumple medio siglo.

Este loable esfuerzo, que abarcó todos los sectores de la comunidad merideña, es demostrativo de lo que se puede lograr juntos, cuando nos mueve una motivación común para actuar, de manera  coordinada y sin  cejar en el empeño, hasta ver cumplido el objetivo y trazado. 

Casos como este, que ciertamente no es el único, deben convencer a los venezolanos que no podemos cruzarnos de brazos a esperar un milagroso salvataje del exterior.

Tenemos que organizarnos en función  de denunciar de manera sistemática la opresión y no para crear disenso en nuestras filas, al entrar en conversaciones estériles ni candidaturas inútiles, sino para dar señales inequívocas, constantes y generalizadas a la comunidad internacional de nuestro profundo rechazo al despotismo. De lo contrario, la haríamos  lucir más papistas que el Papa y  desinflaríamos su entusiasmo, precisamente ahora cuando percibe con   meridiana claridad el talante dictatorial del régimen, los peligros que entraña para todos y lo inconveniente de observar impertérrita como nuestra tragedia se agudiza y puede hacer  metástasis en la región.

Tenemos que demostrar que somos capaces de recuperar la tenacidad de Bolívar, cuando rodeado de adversidades extremas, no vaciló en desafiar hasta la propia naturaleza. No puede ser que el accionar patriotero y traidor del régimen, haya hecho tanta mella en nuestra idiosincrasia, para ir  transformando al otrora bravo pueblo, en una masa amorfa,  macilenta y holgazana, que malbarata su tiempo en  colas para recibir mendrugos a cambio de doblar la cerviz. 

La pandilla del poder pretende continuar manipulando al titular indiscutible de la soberanía, hasta convertirlo en un conjunto de zombis, sin arraigo patriótico ni  espíritu de lucha, salpicado además de  iscariotes, capaces de vender hasta su mismísima  progenitora por unas míseras monedas.

Ha llegado el momento crucial de actuar y evitar que se continúe perpetrando tal crimen de lesa la patria. En las circunstancias actuales, la mejor forma de actuar es ratificar de manera inequívoca a la comunidad internacional, el  mayoritario rechazo a la tiranía que nos agobia, para que, conforme a compromisos  internacionales vigentes adquiridos por todos y poniendo sus barbas en remojo, cumpla con su cometido, de rescatar la vigencia de la Constitución y las leyes en nuestra pequeña Venecia.