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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 6 de marzo de 2018

Rock en el ruedo / por Paco Delgado



Rock en el ruedo

Si ha servido para animar el cotarro, lo han logrado. La publicidad  ha surtido efecto y el cartel con que se ha movido la actuación del  grupo norteamericano Metallica en España ha cumplido con creces su  función. El famoso grito en la pared se ha dejado oír de nuevo y se  ha vuelto a poner de manifiesto que nada como llamar la atención para  vender.

Viene todo esto a cuento de la imagen que se utilizó para promocionar  los tres conciertos que el cuarteto de San Francisco ha dado en  nuestro país y en el que la figura principal era un rockero vestido  de torero.

Una vez más, dos de las más populares manifestaciones culturales de  la humanidad, música y tauromaquia, se han dado la mano, en esta  ocasión para dar a conocer un evento musical. Una performance de un  grupo nada convencional que no tocaba por estos lares desde hacía  seis años. Y avisaron echando mano de una propaganda tan potente como  sugestiva, la ya dicha del torero melenudo y con bigote, dejando  claro que los prejuicios son cosa de pacatos, reprimidos y, a menudo,  malintencionados.

Pero no ha sido esta la primera vez que ha sucedido algo parecido.  Hace más de medio siglo dio la vuelta al mundo la imagen de The  Beatles bajando del avión que les trajo a Madrid tocados de montera.  Tampoco tuvieron reparo en posar vestidos de torero ni de tocar con  un sombrero de ala ancha. Claro que su caso es muy significativo y su  manager y descubridor, Brian Epstein, era un ferviente aficionado que  todos los años gastaba sus vacaciones en España para ver corridas de  toros y hasta llevó a John Lennon a más de una plaza buscando  aficionarle.

Jimi Hendrix, otra grandísima estrella del rock, el hombre que cambió  la manera de tocar y entender la guitarra eléctrica, actuó por  primera -y única- vez en España no por que tuviera especial interés  en hacerlo en la inauguración de la sala mallorquina Sargent Peeper,  sino porque sí tenía muchísimas ganas de ver torear, en vivo y en  directo, a Manuel Benítez “El Cordobés”, que por aquellas fechas,  verano del 68, toreaba en el hoy medio abandonado Coliseo Balear de  Palma de Mallorca.

Muchos han sido los músicos que se han servido de la estética taurina  para promoción o en sus actuaciones. Madonna, por poner otro ejemplo  de personaje que arrastra multitudes, es una fan confesa y convencida  del toreo y no pocos han sido sus trabajos en los que ha actuado  vestida de torero, con atuendos de clara inspiración taurómaca o en  los que hasta ha producido vídeos y películas con imágenes de  corridas y con toreros de verdad, Emilio Muñoz, verbigracia, como  protagonistas. O los Rolling Stones, cuando en su primera actuación  española, el 11 de junio de 1976, en Barcelona, en la Monumental  ahora cerrada, arrancaron el show con “Honky Tonk Women” y Ron Wood  apareció vestido de torero. O, ya en plan casero, Miguel Bosé -hijo  de figura del toreo- lucía un terno blanco y oro en las galas de sus  primeros años en el show business. O, siguiendo con artistas  españoles, Los Bravos, que a mediados de la década prodigiosa  lograron ser ampliamente reconocidos fuera de nuestras fronteras y  discotecas, se vistieron de torero, Gabinete Caligari o Manolo Tena  dedicaron canciones a toreros, el grupo cordobés Los Yacentes se  autodenominaba como rock taurino, Miguel Ríos bautizó una de sus más  famosas y triunfales giras como Rock en el ruedo, etcétera, etcétera.  La lista se haría interminable y aunque el tema me mola, tampoco es  cosa de aburrir, aunque queda claro, una vez más, que en el mundo del  arte todo se da la mano y nada excluye a nada. Y menos a un  espectáculo tan de verdad y potente como nuestra fiesta nacional.