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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 6 de marzo de 2018

¿No más inmovilismo? / Por Jorge Arturo Díaz Reyes


Adular al consumidor. Si no quiere la fiesta como es ofrecerle otra. Estar abiertos a transformarla según el mercado (tiempos que corren), toro, liturgia, puyas, banderillas, espada, premios.... ¡Recordemos el peto! ¡Hay que modernizar! ¡No más inmovilismo!

  • Que toro minusválido, que brega caótica, que fuera de cacho, que trapo enganchado, que desarme, que pinchazo, que acero descolocado, que gazpacho... Nada importa. Lo que importa son las orejas en el titular, entre más mejor.

¿No más inmovilismo?

Cali, 6 de marzo 2018
Bogotá, enero 27 2018. Foto: Jorge Arturo Díaz Reyes
Declina la temporada por América y despunta por Europa. En los dominios del toro no se oculta el sol, podríamos aun parafrasear a D. Carlos I. Pero quizá debamos decir, con menos prosopopeya y más realismo que si por acá llueve por allá no escampa.

El aguacero de orejas, digo. A lado y lado del mar los presidentes de corridas amenazan caerse de sus palcos flameando pañuelos regalones. A veces, primero que todos. ¿Qué les pasa? ¿Moda, política, pandemia?

¿Acaso una ola global de incultura taurina? No puede ser, ahí están los reglamentos que les exigen valorar siempre la faena completa, sus tres tercios y en especial la suerte suprema antes que sumarse gregariamente a los momentáneos caprichos de los públicos. O peor, madrugarles, confundiéndolos e incitándolos a error con premiaciones inconsistentes, para consumo publicitario.

Que toro minusválido, que brega caótica, que fuera de cacho, que trapo enganchado, que desarme, que pinchazo, que acero descolocado, que gazpacho... Nada importa. Lo que importa son las orejas en el titular, entre más mejor.

Sin embargo, aunque sus señorías actúen con buenas intenciones; amor al espectáculo y deseo de “salvarlo”, me parece que van por mal camino. Sí, porque al someter el rito al negocio, se obligan más a vender que a juzgar. A obedecer la norma mercantil; “el cliente siempre tiene la razón”. A no contrariarlo, a servirle lo que pida; orejas, rabos y hasta los principios para que sienta que valió pagar y vuelva.

Adular al consumidor. Si no quiere la fiesta como es ofrecerle otra. Estar abiertos a transformarla según el mercado (tiempos que corren), toro, liturgia, puyas, banderillas, espada, premios.... ¡Recordemos el peto! ¡Hay que modernizar! ¡No más inmovilismo!

Y pensar que la verdad ha sostenido por siglos, que Joselito “El Gallo” vino a cortar su primera oreja en La Maestranza solo al cuarto año de alternativa (1915). ¡Bah nostalgias! Todo es toro. Tira el pañuelo Pepe, no seas protagónico. ¡Vengan más orejas!