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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 29 de noviembre de 2016

Don Juan Carlos, con Otegi en La Habana honrando a Fidel Castro: el Gobierno debe impedir esa ignominia


Vista panorámica del Memorial Cubano, Miami "Cada cruz lleva inscrita una víctima del régimen de Fidel Castro, Mas de diez miles cruces fueron colocadas

"...El asesinato de inocentes, la emigración forzosa, la persecución de los demócratas, el latrocinio a gran escala y la devastación moral, social y económica que se ha cernido sobre el país caribeño deberían ser argumentos definitivos para arrojar inmediatamente al tirano al vertedero de la Historia..."

  • Ningún mandatario occidental debería acudir a las exequias por el tirano comunista, como gesto de rechazo a lo que representó en vida y a lo que la infecta izquierda liberticida de todo el mundo pretende que siga representando después de muerto.

Don Juan Carlos, con Otegi en La Habana honrando a Fidel Castro: el Gobierno debe impedir esa ignominia


La muerte de Fidel Castro debería haber sido ocasión para poner de manifiesto el horror padecido por el pueblo cubano durante su interminable régimen totalitario. El asesinato de inocentes, la emigración forzosa, la persecución de los demócratas, el latrocinio a gran escala y la devastación moral, social y económica que se ha cernido sobre el país caribeño deberían ser argumentos definitivos para arrojar inmediatamente al tirano al vertedero de la Historia. Pero no: la desaparición del criminal ha dado pie a una operación de blanqueo de su siniestro legado tan escandalosa como aberrante.

En medio de tantos reportajes obsecuentes, despliegues de servilismo infame y pronunciamientos descalificables como el del presidente del Gobierno en Twitter, llegan los funerales de Estado a la mayor gloria del dictador, que sin duda serán un nuevo acto de propaganda del régimen comunista que sojuzga la Isla desde 1959.

Ningún mandatario occidental debería acudir a las exequias por el tirano comunista, como gesto de rechazo a lo que representó en vida y a lo que la infecta izquierda liberticida de todo el mundo pretende que siga representando después de muerto. Fidel Castro no merece siquiera la presencia de funcionarios de segundo orden. Cabe recordar, además, que en el momento de su muerte no ostentaba la Jefatura del Estado cubano, por lo que ni siquiera puede esgrimirse el respeto institucional como pretexto para justificar la asistencia a ese aquelarre totalitario de un solo representante del mundo democrático.

Así las cosas, que el Gobierno haya decidido mandar al rey emérito resulta sencillamente escandaloso. Precisamente por la importancia de la relación con la Isla, España debería abstenerse de enviar a alguien como D. Juan Carlos, cuyo fin de reinado no fue precisamente ejemplar y al que no se debería encima convertir en representante de la Nación en un acto en honor de quien tanto daño ha causado a tantos españoles y a tantísimos cubanos.

El condenado terrorista Arnaldo Otegi ya ha anunciado que viajará a Cuba a rendir un último homenaje a su referente criminal. Razón de más para que el Gobierno evite al rey emérito semejante bochorno y ahorre a España la ignominia de honrar a quien sólo merece deshonra.