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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 20 de noviembre de 2016

PEQUEÑA CRÓNICA PARA UN CRONISTA MENOR / por Fortunato González Cruz



"...Alguna vez fuimos a tentaderos de vaquillas y conservo el recuerdo en la placita de tientas “El Morichal” de la familia Grisolía, cerca de El Vigía, cuando daba pases naturales y derechazos como un maestro, aprendido en las dehesas de su querida Salamanca..."


PEQUEÑA CRÓNICA PARA 
UN CRONISTA MENOR

Fortunato González Cruz*
Monseñor Baltazar Porras llegó a Lagunillas en bicicleta a una visita pastoral, para enorme sorpresa de quienes le esperaban con arcos adornados de flores y frutos. Un día fue atropellado por un carro y sufrió fracturas. Cuando monseñor Miguel Antonio Salas le recriminó por lo que consideraba una práctica impropia de su obispo auxiliar, éste le sacó una fotografía del papa Juan Pablo II patinando sobre hielo. Se metió de lleno en el Seminario Arquidiocesano de Mérida a compartir con los muchachos en las aulas de clase, en los comedores, en las casas campesinas con sus familias y en la cancha de futbol donde desarrollaba habilidosas jugadas para encajarles un gol. Le apasiona el deporte y lo practica.

Alguna vez fuimos a tentaderos de vaquillas y conservo el recuerdo en la placita de tientas “El Morichal” de la familia Grisolía, cerca de El Vigía, cuando daba pases naturales y derechazos como un maestro, aprendido en las dehesas de su querida Salamanca. No había boletos para la encerrona de Joselito en Madrid y yo tenía uno. Llegó a Barajas, me llamó al hotel y me dijo “No sé qué harás pero somos mi maestro don Gaspar y yo”. Gracias a Joselito y a José Carlos Arévalo fuimos los tres a aquella inolvidable corrida, que festejamos en la placita Santa Ana. 

Un tanto irreverente fue colocarle el nombre “Baltazar” a un hermoso toro de la ganadería El Prado de Hugo Domingo Molina, negro, con 486 kilogramos, a quien el viernes 5 de febrero de 2016, Enrique Ponce le hizo la faena más meritoria de la feria. El maestro supo de las cualidades del toro, en particular de su bravura y nobleza, y le brindó la faena a don Juan Lamarca, presidente de Las Ventas. Le apasionan los toros y no ha dudado en plantarse frente a sus pitones. Pensará, parodiando a El Espartero, que “más cornás da la vida”

Le apasiona la lectura y tiene la que es, quizás, la mejor y más variada biblioteca de Mérida. Su vocación por la historia lo llevó a dedicar tiempo y esfuerzo al Archivo y al Museo Arquidiocesano, fuentes fundamentales de los acontecimientos de la provincia y de la ciudad. Esta inclinación me llevó a designarlo, en nombre de los merideños, Cronista de la ciudad. Escogió hacer su “crónica menor” por respeto y reconocimiento a don Tulio Febres Cordero, el “cronista mayor”. ¿Qué ciudad puede ostentar el lujo de tener un Cardenal de la Iglesia como cronista?

Una vez fuimos en compañía de su papá Baltazar y de mi hijo Juan José al Congo Mirador, uno de los hermosos pueblos de agua en la desembocadura del Catatumbo, donde se producen los famosos relámpagos. Compartimos con una familia de pescadores su limpio palafito y participamos en las fiestas de la Virgen del Carmen, patrona del pueblo. Participamos de la celebración eucarística, pescamos curvinas, nos bañamos en el enorme chorro del pozo que surte de agua potable al pueblo, una herida del Baltazar padre fue curada con borra de café, y nos metimos en el río en la pequeña playa de arena de Ologá, donde bailaban a la Virgen con expresiones sincréticas africanas. 

A veces buscábamos con el equipo de periodistas del diario “El Vigilante” el titular más apropiado. Cuando salió la candidatura de Eduardo Fernández a la presidencia de la República, el titular lo puso monseñor Porras: ¡Soltaron al tigre!

En una reunión con teólogos en el Seminario Mayor de Tlalpan, México, compartía la misma mesa con el Cardenal Oscar Rodríguez Madariaga de Tegucigalpa, con Gustavo Gutiérrez, con Juan Carlos Scannone, con delegados de Benedicto XVI y cuando dije que venía de Mérida de Venezuela, todos conocían a monseñor Porras, lo admiraban, y, sobre todo, lo querían. 

Anunciado Cardenal, su primera misa fue ante el Nazareno de Achaguas, llegó a Mérida y se fue con los seminaristas, luego a San Rafael de Mucuchíes a celebrar con sus habitantes sus fiestas patronales, después a Tovar a enterrar a su amiga María Elena Mora, compartió con sus pares de la Academia de Mérida y antes de viajar a Roma pasó por Cagua a pedirle la bendición a su mamá.

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*Fortunato González, es Catedrático de la U.L.A. de Mérida-Venezuela / Miembro de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales / Fundador y Director de la Cátedra de Tauromaquia "G. Briceño Ferrigni" de la U.L.A.