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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 12 de marzo de 2016

Así trata ETA a los niños: de ataúdes blancos a pancartas,


La intención no era otra que la de señalar que las familias, especialmente los más pequeños, tienen derecho a ver a sus padres.


Una de las imágenes más impactantes de los homenajes dispensados al criminal Otegi tras su excarcelación ha sido la de dos niñas portando una pancarta que pedía el acercamiento de los presos a cárceles vascas.


MEMORIA CRIMINAL DE LA BANDA
Así trata ETA a los niños: de ataúdes blancos a pancartas


Viernes, 11. Marzo 2016
La manipulación publicitaria del entorno de la banda terrorista de ultraizquierda ETA no tiene límites. En los actos que celebraban la puesta en libertad de Arnaldo Otegi, condenado por intentar recomponer la estructura política etarra a petición de la propia banda, se usó a dos niñas de corta edad que portaban una pancarta que pedía el acercamiento de los asesinos de ETA a cárceles vascas. La intención no era otra que la de señalar que las familias, especialmente los más pequeños, tienen derecho a ver a sus padres.

Sorprende esta sensibilidad en una banda que después de haber asesinado a 23 niños jamás ha pedido perdón por ello, no ha manifestado arrepentimiento alguno y no le ha importado segar vidas de niños, algunos eran solamente bebés de un año. La primera víctima fue María Begoña Urroz, de año y medio, que muró en 1960 tras la detonación de una bomba en la estación de Amara en San Sebastián. Después de ella ha habido otras 22.

Veinte años después fue asesinado José María Piris, tenía 13 años cuando murió al hacer explosión una bomba abandonada por ETA dentro de una bolsa de deporte. La tercera víctima infantil tenía también 13 años, se llamaba Alfredo Aguirre y murió a causa de una bomba puesta en un portal. Daniel Garrido tenía 14 años cuando viajaba en coche con sus padres y dos terroristas dejaron una bomba en el techo del coche. Los tres murieron.

El siguiente grupo de niños asesinados por los terroristas etarras fueron víctimas del atentado perpetrado por el grupo separatista vasco en el supermercado de Hipercor de Barcelona el 19 de junio de 1987. Fueron: Sonia Cabrerizo, de 15 años; su hermana Susana, de 13; Silvia Vicente, 13 años y su hermano Jorge que contaba 9 años. Aquel día los etarras segaron la vida de 21 personas en el centro comercial que dejaba claro, una vez más, que todo español era objetivo de los atentados terroristas.

El 11 de diciembre de 1987, en el atentado contra la casas cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, también murieron niños. Fueron seis: Silvia Pino, de 7 años; Silvia Ballarín, de 6; Rocío Capilla, de 12; Pedro Alcaraz, de 16; Ester Barrera, de 3; y Miriam Barrera, de 3.

Los años ochenta fueron los más duros en la actividad criminal del terrorismo de ETA. Así, en 1988 moría el último niño de la década. Fue Luis Delgado, asesinado con 3 años al explotar un coche bomba.

Los años noventa conocerían nuevos ataúdes blancos. En 1991 era asesinada María del Coro Villamudria al estallar la bomba lapa adosada a los bajos del coche. En el atentado resultaron heridos los tres hermanos de la joven. Los asesinos etarras no dudaron en poner la bomba cuando un policía llevaba a sus cuatro hijos al colegio.

Una nueva matanza en una casa cuartel de la Guardia Civil, esta vez fue en Vic, también en 1991. Cinco niños que jugaban en el patio del complejo murieron cuando los terroristas introdujeron un coche bomba en su interior. Fueron: María Cristina Rosa, de 14 años; María Dolores Quesada, de 8; Ana Cristina Porras, de 10; Vanesa Ruiz, de 11; y Francisco Díaz, de 17.

Fabio Moreno tenía solamente 2 años cuando en 1992 viajaba con su padre y un comando terrorista introdujo una bomba en su coche. Ese mismo año era asesinado también Juan José Carrasco en Madrid al explotar una bomba en los bajos del vehículo de su padre.

La última víctima infantil de la banda terrorista de ultraizquierda fue Silvia Martínez. Contaba solamente 6 años cuando la banda separatista explosionó un coche bomba frente a la casa cuartel de la Guardia Civil en la localidad alicantina de Santa Pola, fue en 2002.