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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 25 de marzo de 2017

ERA NECESARIO / por Antolín Castro


La capacidad creativa y el valor sin aspavientos 
de Roca Rey era necesario

Así que una escoba como la que trae Roca Rey se nos antoja ideal para barrer de tanta pelusa y telarañas el estado actual de la Fiesta. Su frescura, espontaneidad, su variedad, sus ganas, su valor, su entrega sin límites, su capacidad de sorprender, de llenar todo el escenario, supone un aire fresco necesario que se nos estaba haciendo imprescindible.


ERA NECESARIO

Antolín Castro

España
Es evidente el ascenso meteórico del joven diestro peruano Roca Rey. Un ascenso que, sin lugar a dudas, era necesario. 

La irrupción de jóvenes valores en el escalafón de matadores siempre se ha hecho necesaria, pero en los tiempos actuales con más motivo. En el siglo pasado era raro el torero que estaba más de diez temporadas en activo, lo que permitía la regeneración del escalafón de forma espontánea. Ahora, se instalan en el poder las figuras y ahí se quedan como lapas por docenas de años. No es raro ver cumplir más de veinte años de alternativa a todos ellos.

Esa permanencia es en sí misma una mala noticia. Falta renovación y llega uno a cansarse de ver siempre las mismas caras y las mismas maneras repetitivas, y muchas veces simplonas, de torear. Al tiempo se produce una perversión, como es el taponar la salida de gente nueva. Es más, resulta muy pernicioso para la propia tauromaquia, al instalarse y perpetuarse vicios y caprichos durante mucho más tiempo del natural o necesario.

Así que una escoba como la que trae Roca Rey se nos antoja ideal para barrer de tanta pelusa y telarañas el estado actual de la Fiesta. Su frescura, espontaneidad, su variedad, sus ganas, su valor, su entrega sin límites, su capacidad de sorprender, de llenar todo el escenario, supone un aire fresco necesario que se nos estaba haciendo imprescindible.

Ábranse los carteles, dejen paso a los que con la fuerza de la juventud, o las ganas acumuladas durante años de ostracismo, pueden liberar de la asfixia reinante el encorsetado modo en el que transcurre, desde hace años, el devenir de la Fiesta.

Era necesario, y justo, el darle un vuelco a la situación y, además, nos alegramos de que lo pueda hacer un torero del otro lado del charco. Ya está bien de esa hegemonía, en muchos aspectos tan artificial, de que solo los toreros españoles pueden exhibir y controlar, sobre todo controlar, el mando del mundillo taurino.

Junto a la arrolladora juventud de Andrés Roca Rey, otros jóvenes pueden ir empujando a los instalados, así como es refrescante que toreros que ejecutan el mejor toreo, como Curro Díaz o Paco Ureña, grandes olvidados durante muchos años, renueven el escalafón mayor de los toreros.

La indudable escoba de Roca Rey ha de llegar a todos los rincones para que, al menos, la afición pueda darse el gusto de ver caras nuevas y sentir de nuevo la ilusión anquilosada o perdida.