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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 13 de marzo de 2017

Real Madrid. A la hoguera con Mateu tras la ascension a los altares de San Aytekin de Bavaria / por Juan Manuel Rodríguez



 A Zidane y a Víctor, los entrenadores, y a los jugadores de ambas plantillas se les preguntó sólo por su actuación, y a mí se me ocurre preguntarme: "¿Por qué ahora sí?"... Y mi respuesta es: "Porque se trata del Real Madrid y de un arbitraje que, en apariencia, beneficia al equipo de Zidane".


A la hoguera con Mateu tras la ascension a los altares 
de San Aytekin de Bavaria


Juan Manuel Rodríguez
Desde este domingo ya se puede volver a hablar otra vez de los árbitros en España. Es un alivio. Esa tradición histórica (a la de hablar del arbitraje me refiero) sólo se quebró tras la remolcada del Barça y, paradójicamente, supuso una tregua nacional encaminada a obviar una de las actuaciones arbitrales más calamitosas que uno recuerda. Ayer se dio nuevamente el banderazo de salida para poder criticar sin cortapisas al árbitro, en esta ocasión Mateu Lahoz, sin que ninguno de esos periodistas deportivos que se tiran todo el año hablando del árbitro pero que el otro día miraron hacia otro lado, se rasguen las vestiduras. A Zidane y a Víctor, los entrenadores, y a los jugadores de ambas plantillas se les preguntó sólo por su actuación, y a mí se me ocurre preguntarme: "¿Por qué ahora sí?"... Y mi respuesta es: "Porque se trata del Real Madrid y de un arbitraje que, en apariencia, beneficia al equipo de Zidane".

Los ex árbitros que hablan de la actuación de los árbitros sólo responden a las preguntas que les hacen sobre determinadas jugadas. Por ejemplo: "¿Hubo penalti de Carvajal sobre Sanabria en el minuto 39?"... Si a esa pregunta el ex árbitro de turno responde que sí, que hubo penalti, a mí me gustaría repreguntarle qué es lo que hicieron sobre Álvaro Morata en los minutos 3 y 7 (en este último por dos veces, a la salida de dos saques de esquina distintos) del partido. Sabedores de que el Real Madrid (y a las pruebas de Ramos me remito) hace mucha pupa en las jugadas a balón parado, todo vale contra los jugadores del equipo blanco, todo. En esos minutos a los que me refiero hay tres agarrones nítidos sobre Morata, el tercero del cuello. Las imágenes son clarísimas en todas las jugadas, en todas, pero en la tercera hay un primer plano cristalino que, sin embargo, no mereció mayor comentario del narrador y los dos comentaristas habituales de los partidos del Real Madrid.

La jugada que más se afea a Mateu, que sí es cierto que se ha desinflado como árbitro, es sin embargo una que se produce en el minuto 23, cuando ya han pasado las otras tres anteriormente referidas y que, en mi opinión, deberían haber sido penalti. Dejo a un lado el fuera de juego inexistente pitado a Cristiano, que marca su segundo gol, u otro penalti clarísimo cometido sobre CR7. Adán dice que Mateu les reconoce en el descanso que él ve contacto entre Keylor y Brasanac pero que no le parece suficiente para pitar penalti; yo, sin embargo, sí veo que Brasanac y Keylor chocan... en la disputa de un balón dividido que ninguno de los dos jugadores tiene controlado. Sobre esta última jugada, que afectaría negativamente al Madrid, sí hay, sin embargo, mil repeticiones desde mil ángulos distintos y, por supuesto, el narrador y los dos comentaristas se vuelven, de repente, muy dicharacheros. 

Yo creo que Mateu acertó y que, en líneas generales, perjudicó notablemente al Madrid. Guste o no guste, eso es lo que pienso. Y confieso que, tras el paréntesis de Aytekin, en España se vuelva a hablar de los árbitros.