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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 29 de marzo de 2017

Valencia: El análisis de las Fallas 2017 en cinco claves / por Carlos Bueno



El indulto de Pasmoso, la falta generalizada de casta de los toros, la gran respuesta de público, la inexistente exigencia presidencial y el compromiso de los toreros. Cinco claves que resumen la recién finalizada Feria de Fallas de Valencia.


 El análisis de las Fallas 2017 en cinco claves

Es muy difícil, pienso que prácticamente imposible, poner a todo el mundo de acuerdo cuando se produce un indulto. El perdón de la vida de Pasmoso en el serial josefino no podía dejar de ser polémico. Reconozco que en directo me pareció algo excesivo, pero visto con la perspectiva que da el tiempo pienso que se realizó lo correcto. El toro de Domingo Hernández fue un gran animal. Bravo, con fijeza, recorrido, de larga duración y repetidor incansable. Es verdad que en el epílogo de la faena salió más distraído, aunque analizando su juego hay que convenir que llevaba ofrecidos más de cuarenta pases en los que aparentaba querer comerse la muleta con emoción. ¿Que al final le faltó un gramo de humillación? Ahora juzgo que no es demasiado decisivo. Lo verdaderamente importante es que con astados como Pasmoso sale ganando el ganadero, porque puede conseguir descendencia suya con cualidades similares, y la afición, que denota su alto grado de sensibilidad, algo crucial en estos momentos de tantos ataques antitaurinos.

La bravura de Pasmoso fue un oasis dentro de un mar de falta de raza general. En ocho corridas de toros, contando la de rejones, apenas asomaron media docena de ejemplares con un mínimo de casta aceptable; demasiado poco para no defraudar a la clientela y conseguir afianzarla. La decepción se extendió entre los aficionados al añadir a esta circunstancia la desigualdad en la presentación de los ejemplares de la feria. El empresario tendrá que tomar nota y, en adelante, contratar ganaderías que cuiden el trapío del toro que envían a Valencia y que den un juego mínimamente aceptable. Y si ha sido la propia empresa quien ha escogido el ganado, que entone el mea culpa y rectifique. Está mucho en juego.

A pesar de ello, el público valenciano ha respondido a la llamada de la feria en un número superior al de años precedentes y, además, ha soportado de forma estoica decepciones de difícil digestión. Será que la insistente y cargante corriente anti está causando el efecto contrario al por ellos deseado, y lo que se ha producido es una respuesta positiva de gente que ha mostrado su posición significándose con los toros y acudiendo a la plaza. Además han demostrado poseer una paciencia casi de santo cuando los astados salían de chiqueros sin la presentación más oportuna, cuando comprobaban que la supuesta bravura que deberían poseer se había quedado en la dehesa, o cuando los presidentes metían la pata de manera mayúscula.

Y es que la unificación de criterios de los equipos presidenciales ha sido pura quimera una vez más. Y lo peor es que en demasiadas ocasiones se ha dado la imagen de no poseer el grado de exigencia que merece una plaza de primera. No se trata de ser duro, sino simplemente justo. Y dentro de la justicia entra, tanto no escatimar orejas ganadas a ley, como no regalar apéndices o vueltas al ruedo que nadie ha solicitado por inmerecidas. Sólo el rigor mantendrá la Fiesta. El día que todo valga la tauromaquia perderá su sentido, y Valencia merece unos presidentes que demuestren conocer esta máxima y poseer la capacidad de ponerla en práctica.

Más allá de polémicas ganaderas, empresariales o presidenciales, hay que valorar la actitud de los toreros de forma muy positiva. El nivel de entrega de todos ha sido altísimo. Nadie pasó por las Fallas en tono conformista sino todo lo contrario. La disposición fue máxima desde los coletudos más jóvenes y neófitos a las figuras más consagradas, desde los más bullidores a los de corte más artístico. Nadie escurrió el bulto después de sufrir algún percance poniendo en valor el componente heroico que comporta ser torero, y nadie dejó de intentar sacar provecho de todos los toros independientemente de sus condiciones.

Así es que el recién finalizado ciclo josefino ha dado argumentos positivos para la esperanza y, afortunadamente, los negativos son solucionables de forma fácil. Sólo hace falta un poco de buena voluntad y una dosis de verdadera afición.