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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 15 de febrero de 2019

Todo en bombo, o bombo fuera / por Rafael Comino Delgado



...si el bombo moviliza algún aficionado y hace que vaya a la plaza bien venido  sea, pero  no es la solución, ni mucho menos. Confeccionar unos buenos, interesantes y atractivos carteles es trabajo del empresario. Por eso siempre ha habido mejores y peores empresarios.

Todo en bombo, o bombo fuera

Rafael Comino Delgado
En la pasada feria de Otoño  de Madrid se utilizó el bombo, y según dicen  supuso un cierto revulsivo para la afición (era algo nuevo, dio que hablar y eso fue bueno), si bien la realidad es que ello tuvo muy poca incidencia, si es que tuvo alguna,  en la composición de los carteles, pues las cuatro ganaderías que participaron eran de garantía,  y los toreros, con excepción de Talavante, habrían ido a cualquier corrida y cartel sin poner un pero, dada su situación. 

Para el próximo San Isidro se propone  el bombo, pero solo con 10 ganaderías y 10 toreros. Las ganaderías ya las sabemos y prácticamente  todas son de  garantía; algunas son las habituales de las figura. Ya sabemos que se han apuntado Paco Ureña, Sebastián Castella, Ginés Marín, Ponce y Urdiales, pero, ¿quiénes serán los  otros  cinco?, ¿qué condiciones se exigen para apuntarse?, ¿por qué esos y no otros?,  ¿por qué solo 10? Imagínense  que  quieren apuntarse 20, ¿qué hacemos con los otros 10? En definitiva es un bombo  muy pequeño, un microbombo  con agujeros, aunque generará morbo y dará que hablar, que tal vez es lo que se pretende.

Nosotros  respetamos todas las opiniones, pero   somos contrarios al bombo, no obstante pensamos que si se emplea bombo, hágase de verdad,  que sea para todo. Tal vez excluiría la corrida de Miura que tiene unas connotaciones  muy particulares, pero todas las demás en bombo y todos los toreros en el bombo.

En nuestra opinión  un  empresario  debe   conformar unos carteles que sean del máximo interés para su clientela,  que es la afición y público que pasa por taquilla. Es su trabajo y  su obligación, como ha sido siempre. Él conoce a sus clientes,   debe  conocer sus gustos, y su deber  es complacerle sin trampa ni cartón.  Es evidente que  los públicos y aficionados en general quieren ver  a Morante torear  con arte, con duende, y eso  es casi imposible hacerlo con miuras, por tanto tendrá  que ponerle con ganaderías que lo permitan, pero  no solo lo permiten los juanpedros, los cuvillos, los garcigrandes, también lo permiten  los fuenteymbros, los vitorinos, los adolfos. etc.

En los carteles, como ha sido siempre que el toreo ha estado  en auge y se llenaban las plazas, debe introducir, junto a figuras consagradas,  toreros jóvenes que vienen  destacando,  que se  han ganado el puesto en el ruedo.
El empresario debe conseguir que las grandes figuras toreen todas las ganaderías y con todos los toreros. Es lógico que una figura no vaya   a torear 5 corridas de miura, 5 de Dolores Aguirre,  5 de Adolfo y otras 5 de Victorino al año (que sería capaz de hacerlo), pero sí debe torear alguna o algunas de vez en cuando. El toreo es una profesión de gestos,  y las figuras tienen que hacer gestos para demostrar que por algo son figuras.

Los toreos  deben ser conscientes de que quien verdaderamente les paga es el público que ellos son capaces de meter en la plaza por  su arte y  buen hacer. Como siempre ha sido tienen derecho a torear cuando quieran, con quien quieran y las ganaderías que quieran. Todo  depende de si pueden permitírselo o no. Y el púbico tiene derecho a decir, ya me he cansado de verle una y otra vez con esta o aquella ganadería y por eso ahora no voy a  la corrida. ¡Me aburre! También deben saber que cuando sale un  torero  nuevo que viene apretando, la mejor forma de demostrar que se es verdadera figura no es evitando enfrentarse con él o vetándole, sino diciendo, como ocurría  en otros tiempos, ¡póngalo el domingo conmigo! Claro que para decir eso hay que ser muy buen torero,  muy cabal y amar mucho a la Fiesta.
Todo, en el toreo, debe ser  hecho con la mayor claridad y transparencia, con absoluta verdad, y que se sepa que es verdad. Uno de los valores fundamentales del toreo es su Verdad, hasta la muerte, y así debe seguir siendo.

El empresario, a la hora de confeccionar sus ferias, debe poner encima de la mesa verdad, sinceridad, claridad, y  el que quiera participar que participe y el que no que se quede fuera. Los públicos deben percibir que no se les engaña.

Los ganaderos, los empresarios y  los toreros deben ser muy conscientes del delicado  momento que atraviesa la Fiesta y  poner todo de su parte  para  ayudarla, para que la gente se interese y vuelva  a llenar los tendidos. 

La afición y los públicos en general quieren verdad en el empresario, en el toro, en el torero,  absolutamente en todo; para ello no hace falta bombo, y si se les da  esa verdad volverán a  acudir  a las plazas como hacían en otros tiempos.

Ahora bien, si el bombo moviliza algún aficionado y hace que vaya a la plaza bien venido  sea, pero  no es la solución, ni mucho menos. Confeccionar unos buenos, interesantes y atractivos carteles es trabajo del empresario. Por eso siempre ha habido mejores y peores empresarios.

Sé que habrá opiniones varias al respecto,  y quien  me diga, ¡lo que Vd. propone es una utopía! Bueno es su opinión, tan respetable como las mía.

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