la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 26 de septiembre de 2011

BARCELONA, ADÉU A LOS TOROS / Por Jardinero de San Mateo



BARCELONA, ADÉU A LOS TOROS 

Jardinero de San Mateo
Dice mi dilecto amigo Fernando del Arco del  Izco –fundador del Círculo taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida de Barcelona y líder de la resistencia taurina en Cataluña-, en el programa de mano de la corrida del domingo pasado en esa ciudad que “Hoy se inicia el prólogo del libro que abrirá oficialmente el 1°  de enero del 2012 con la prohibición de la fiesta de toros, decretada el 28 de julio del 2010 por la mayoría de los políticos que formaban el Parlament de Catalunya  ¿cuánto durará esta prohibición? Yo creo que estará en vigor todo el año 2012 y estoy convencido de que uno de los dos caminos abiertos para su revocación surtirá efecto, las aguas volverán a su cauce y se cerrará una herida abierta entre Barcelona (no pongo Cataluña) y la mayor parte del resto de España, pues la prohibición de la fiesta en una Autonomía Española es una medida política totalmente innecesaria”.

A las seis de la tarde, bajo el sonoro grito de ¡libertad! ¡libertad! Partieron plaza Juan Mora, verde y oro, quien ha trocado su vieja fama de torero de “espejo” para ofrecernos su concepción pura y magistral del toreo, evidencia fue hace un año en Las Ventas de Madrid las tres orejas y en hombros ante dos reses de Torrealta;  José Tomás Román Martín, negro y oro, tras participar en ocho festejos este año, luego de la pavorosa cornada en Aguascalientes, en las que cortó nueve orejas en Valencia, Huelva, Bayona, Gijón, Ciudad Real, Linares y Nimes y con una de las trayectorias más destacadas de torero alguno en la historia de la Monumental de Barcelona –desde 1996.  en 11 años ha cortado 48 orejas, 2 rabos y 1 indulto-.  Cerraba cartel Serafín Marín, de sangre de toro y oro, catalán, con 32 orejas y un rabo en esa plaza desde el 2002.
En el ambiente, el recuerdo de una tarde de apoteosis, triunfos históricos de Julián, Manzanares y Morante de la Puebla los que el día anterior habían sido llevados a hombros hasta su hotel, luego de cortar 9 orejas (Esto, septiembre 26). Nos preguntábamos si se podía alcanzar algo más en la tarde del cierre del coso. ¿Quién podría llegar a alturas insospechadas, asomándose al cielo como Morante de la Puebla ante el sobrero de Juan Pedro?.
De allí la expectación enorme con que se recibió al de Galapagar ¿tendría los arrestos suficientes para validar la gloria que le es propia de ese público que le consiente en esa plaza, en  ese día?  Con un llenazo impresionante, la reventa pidiendo 2000 euros por boleto en barrera,  (40,000 pesos) con taurinos de los dos continentes, 320 periodistas de todo el mundo y todas las televisiones europeas presentes, el maestro estaba decidido a callar bocas, desde que desplegó la capa, instrumentando una tanda de doce, si, doce  verónicas de mano baja, ceñidas, intensas que remató con una media colosal en el platillo que Belmonte hubiera firmado.  La plaza de pie.  Quita por delantales.  Cuida al toro, apenas picado, y resuelto presagiando uno de sus grandes triunfos va resuelto hasta los medios y allí, sin más ni más, con la muleta en la izquierda, cita y ejecuta cuatro bellos naturales, ligados y rematados, repite otros, ni más ajustados ni más enteros ni más abajo.  La plaza ruge, José Tomás ha vuelto!  Salpica con un farol, un molinete, interpreta a la manera muy suya el trincherazo y muestra que está en plenitud de facultades. Locura,  surge ¡Torero! ¡Torero!.  Hay por allí un cambio por detrás para volver a los naturales puros, en el terreno de la verdad que cierra con tres muletazos por abajo; calla a la música porque la sinfonía está en la plaza (algún día el publico extasiado lo hizo, toreando  El Paula  en Vista Alegre a “Barbudo” de Bojorquez).  Se explaya todavía en redondos, interpreta el de la firma y va por la manoletina que recuerda en verdad y exposición a su maestro cordobés.  Fulmina con una estocada, volcándose en todo lo alto y de efectos inmediatos.  La alguacililla porta dos orejas y el rabo y el presidente, torpe, no concede el tercer premio.  Pero vuelve a rugir la plaza al grito de ¡Torero!  Mientras se instrumenta, ahora sí, por la banda: Manolete.  En la memoria las tardes de Arruza, Chamaco, Bernadó y ahora  José Tomás, sin cuestión alguna.  Esta es la verdad de la fiesta y por ello es inmortal.

Es una fiesta española,
Que viene de prole en prole,
Y ni el gobierno la “abole”,
Ni habrá alguien que la abola.