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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 27 de septiembre de 2011

Trás lo de Barcelona ¿Qué hacemos? / Por Antolín Castro


"...Nos falta el toro íntegro, al que nadie pregunta, 
y falta con él el toreo verdadero, el auténtico..."

Trás lo de Barcelona ¿Qué hacemos?
Antolín Castro 
España
Pasó el momento no deseado de celebrarse los últimos festejos en la Monumental de Barcelona. Pasó que, como se esperaba, todo fue una gran fiesta en la que la participación de los aficionados allí congregados hizo gala de su pasión en defensa de su afición. El grito de ¡Libertad! retumbó en la plaza y en las calles y todos contagiados hicieron en dos días más esfuerzo de publicidad externa que en docenas de años anteriores.

Quede constancia de que así fue y que es hasta justo reconocer que el desbordamiento tenía sentido dadas las circunstancias. Toreros de glamour, toros de los de pastelería y muchas ganas de proclamar que la fiesta es bonita y el arte forma parte de ella. Por supuesto que subyacía, y de qué manera, esa prohibición hecha ley por la mayoría de los políticos catalanes. Si administrativamente las puertas de la plaza quedan cerradas, tendremos un lugar menos donde se celebren corridas de toros, -y van unos cuantos- pero ¿qué haremos donde todavía se celebran para que no acaben también cerradas las plazas?

Hago un poco de historia. Cuando yo comenzaba a ser joven aficionado había muchas mas plazas de toros; como ejemplo, existía plaza en Cádiz y se celebraban festejos en ella. No hubo prohibición política y tampoco fin de semana reivindicativo de los aficionados de allá y de otros llegados de otros lugares como en Barcelona ha pasado. Es decir, los públicos se han revelado contra la ley no contra la desaparición de la Fiesta en un determinado lugar. En toda Cataluña ya se habían cerrado las puertas de las plazas de Gerona, Tarragona, San Feliu, Figueras, etc. sin movimientos de ningún tipo. Curiosa forma de levantar las pasiones y las ganas de defender lo que a unos nos gusta. Sin ley no hay movilizaciones.

Ahora bien, tras de esto ¿qué hacemos? Porque la Fiesta necesita, y de qué manera, una importante inyección que la revitalice. No creemos que se haga a golpe de triunfalismos y desbordamientos pasionales de fin de semana. Aquí hace falta algo más y no podemos esperar a que en otra parte hagan otra ley que la prohiba y, de esa forma, echarnos todos a la calle y aprovechar para hacer un viajecito de fin de semana.

Esto es muy serio y lo de los fines de semana no deja de ser una forma de tomarlo a la ligera. Cataluña ha legislado, atropellando derechos, contra los toros, pero no olvidemos que en esa plaza de Barcelona se escenificaban ya los restos de lo que fue el esplendor de otras épocas. Sólo José Tomás trajo los llenos a su plaza que se ofrecía casi vacía cada día de festejo. Tomemos nota y no nos dejemos llevar por la pasión del momento. Quedan muchas plazas en muchos países donde se dan toros y es ahí donde debemos volcar nuestros esfuerzos.

Sabemos de que el interés por ellos está a la baja y de eso no tiene ninguna culpa el gobierno catalán, que ha conseguido todo lo contrario en Barcelona, y sí, y mucho, el conjunto de profesionales que la denigran y pisotean. Nos falta el toro íntegro, al que nadie pregunta, y falta con él el toreo verdadero, el auténtico. El que representaba el poder de la inteligencia del hombre sobre la fuerza bruta del animal. Esa era, y debe ser, la esencia de la Fiesta. Sin toro no hay fiesta posible. Y lo que se ofrece hoy en las plazas, casi siempre y por desgracia, es un sucedáneo, apto solo para turistas despistados o aficionados de baja auto estima.

Saborear como bueno el conjunto de posturas ante el toro claudicante y bobalicón es el mayor atropello a la génesis de la Fiesta. Ni esa ha de ser la imagen del torero, ni ese debe ser el comportamiento del toro. Eso es lo que va cerrando las plazas, no nos engañemos. Una falta de emociones fuertes y sin parangón en ningún otro espectáculo. Representar el toreo como si esto fuera carnaval es el mayor daño que se le puede hacer, se le hace, a la fiesta llamada de los toros, no de los toros colaboradores con el torero.

¿Qué hacemos? Podemos continuar con los triunfalismos y así iremos pasando unos cuantos fines de semana más, pero cuando se acaben éstos haremos las maletas, ya acostumbrados, pero ¿dónde nos iremos? Las agencias de viajes tendrán un buen filón con los ex aficionados a una fiesta que se llamaba de los toros.
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