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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 2 de abril de 2015

A FANDIÑO SE LE VINO LA FIESTA ENCIMA / Por Antolín Castro



"...Desgraciadamente no ha logrado su objetivo. Su gesta sí era ‘echarse la fiesta a sus espaldas’ y no esa cursilada que se dice de las figuras que 'se machacan, se inmolan', toreando lo más cómodo y fácil de la cabaña brava un año sí y otro también..."


A FANDIÑO SE LE VINO LA FIESTA ENCIMA 

El gesto, la apuesta, más importante de los últimos años, propiciada por Iván Fandiño, concluyó con más pena que gloria tras el desarrollo de la lidia de los seis toros. 

Del análisis prudente, sereno y coherente, que puede hacerse, se llega a la conclusión de que el torero de Orduña se tomó en serio, muy en serio, demasiado en serio, ese reto.

Es ahí, en esa asunción del significado que representaba, donde la responsabilidad le pasó, sin duda alguna, factura. No es lo mismo llegar suelto que agarrotado, que es lo que se percibió toda la tarde en el diestro vasco. Representaba en ese acto al colectivo más exigente de quienes dicen llamarse aficionados. Y se extralimitó en la exigencia de responsabilidad asumida para con tantos.

Un compromiso que iba mucho más allá de torear seis toros seguidos con los lógicos deseos de triunfo. El enfoque, no me cabe duda alguna, era poner la Fiesta en su sitio, en la autenticidad. Gritar que cuanto se hace a diario no es la Fiesta con mayúsculas.

Desgraciadamente no ha logrado su objetivo. Su gesta sí era ‘echarse la fiesta a sus espaldas’ y no esa cursilada que se dice de las figuras que 'se machacan, se inmolan', toreando lo más cómodo y fácil de la cabaña brava un año sí y otro también. Esa era, ni más ni menos, su verdadera y proyectada hazaña. Un órdago en toda regla que, para desgracia y frustración de todos, no ha sido posible.

Responsabilizado en grado sumo no fue capaz de superar tan difícil papeleta, mucho más difícil que la lidia y muerte de seis toros, incluso siendo de esas ganaderías nada cómodas. Paralizado, rígido y entumecido se nos mostró Fandiño toda la tarde, no pareciéndose ni de lejos al que conocemos. Sin duda, ese peso que se echó a la espalda le superó con creces. Ni una sonrisa en toda la tarde, dice mucho de la presión que traía encima.

La tarde da para hacer todas las conjeturas que se quieran, pero realizar ‘encerronas’ a mayor gloria de uno mismo, puede dejar satisfecho a uno mismo y a sus seguidores, pero de las recientemente conocidas, ninguna tenía visos de salvar y regenerar la Fiesta. Este ejemplo está ahí para que lo puedan repetir otros toreros más encopetados. Ya verán como no cunde el ejemplo. Es más cómodo y fácil garantizarse el triunfo con ganado a modo que devolverle la esperanza a la afición y a la Fiesta. 

El gesto de Fandiño sí tenía el reto de regenerar la Fiesta y ese fue el detonante fundamental para el fallo del torero: Quiso echarse la Fiesta a sus espaldas y se le vino encima. Eso sí, queda nuestro agradecimiento por su gesto.

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