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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 7 de marzo de 2017

El odio, sustento de los cobardes / por Rafael Comino Delgado



El último insulto a los cristianos ha sido el matrimonio celebrado, en El Puerto de Santa Maria, por un concejal de Podemos (Javier Botella Franco) disfrazado de sacerdote con una bufanda del Barcelona al cuello.


El odio, sustento de los cobardes

Rafael Comino Delgado
Catedrático de la Universidad de Cádiz
Con demasiada frecuencia se producen, en España, declaraciones, actos, hechos, insultantes para los cristianos, a pesar de que en el art. 16 de nuestra Constitución se garantiza la libertad religiosa, y en el Código se contemplan penas para los que vulneren tal libertad.

El último ha sido el matrimonio celebrado, en El Puerto de Santa Maria, por un concejal de Podemos (Javier Botella Franco) disfrazado de sacerdote con una bufanda del Barcelona al cuello, hace unos días la Drag Queen del carnaval de las Palmas de Gran Canaria ofendiendo de forma miserable, cobarde, vil, a 2180 millones de cristianos en todo el mundo, aunque especialmente a los españoles. Naturalmente la pareja que se casó y los que votaron a la Drag Queen en Las Palmas considero que son tan culpables con los que directamente insultaron.

Recordemos el padre nuestro blasfemo pagado por la alcalde de Barcelona, Sra. Colau, la exposición blasfema de Pamplona, la profanación de una capilla de la Universidad complutense de Madrid por Rita Maestre, intentos de prohibir la Semana Santa por diversos alcaldes, las abortadoras gritando, "Os beberéis la sangre de nuestros abortos", ,multitud de ataques graves a Iglesias, etc.

Fuera de España sabemos que hay partes del mundo donde los cristianos son asesinados en masa, simplemente por serlo.

Nosotros nos vamos a centrar en España, donde el tema es más importante de lo que parece, al menos en nuestra opinión.

Aquí no se de asesinatos, por el momento, pero si las cosas siguen como van todo llegará, como llegó con la República en el año 1936, cuando se quemaron multitud de Iglesias y se asesinaron muchas personas solo por estar asistiendo a misa. Lo sé de buen tinta y por eso lo afirmo categóricamente.

Ante esta situación quiero hacer dos reflexiones

La primera es una pregunta que me he hecho y me hago constantemente. ¿Por qué tanto odio contra el cristianismo? Si todo el cristianismo se puede resumir en, "todos somos iguales" y " amaos los unos a los otros". Díganme que tiene eso de malo, díganme a quien puede molestar, a quien puede ofender ese discurso". No hay respuesta sensata, razonada, para tal pregunta. 

Lo único que se me ocurre es que quien ataca al cristianismo son personas llenas de odio, por la razones que sea, tal vez por taras genéticas o adquiridas, pero repletas de odio hacia los demás, y lo descargan contra aquellos que saben de antemano que no responderán violentamente. 

Naturalmente estas mismas personas, que se declaran ateas, no son capaces de atacar al Islam porque saben que los musulmanes les responderían con toda contundencia, de donde se infiere que son seres muy cobardes. 

Todos sabemos que si Rita Maestre hubiese entrado en una Mezquita para profanarla es probable, yo diría que seguro, no hubiese salido viva de ella, o que si Dª Ada Colau hubiese pagado una blasfemia contra el Islam ya no sería alcalde porque estaría en la vida eterna. ¡Qué valientes! ¡Qué personas más civilizadas!

Cuando en Enero de 2015 la revista francesa Charlie Hebdo sufrió un ataque por haber ridiculizado a Mahoma, muchos de los que ahora piden justicia y califican, con razón, los ataques contra el cristianismo en España de intolerables, decían que el ataque al Islam era solo humor, libertad de expresión. Yo dije, y lo repito, con más contundencia si cabe, que el terrorismo, el asesinato nunca está justificado, pero tampoco está justificado, al mismo nivel, ofender los sentimientos religiosos de cualquier persona; son sagrados y no respetarlos traerá consecuencia desastrosas, muy graves, como las trajo en París y las traerá en España. Al tiempo.

Por otra parte, creo que van contra la Religión porque saben que si al ser humano le quitamos la familia (también atacan a la familia) y la Religión se queda desamparado, no tiene donde asirse y se convierte en presa fácil del marxismo, que le quita todos los derechos individuales y le promete muchos derechos colectivos, pero irrealizables todos. Es decir, le quita derechos individuales a cambio de humo.

A estos profesionales del odio ( y desde luego descerebrados) les diría, les digo: que uno de los mayores crímenes que puede cometer una persona es odiar y sembrar el odio entre los demás, que el odio es el sustento de la mezquindad y de la cobardía. El odio es la venganza de los débiles y de los cobardes. Que la vida es muy corta como para desaprovecharla odiando, que aprendan a no odiar y habrán dado un gran paso hacia la felicidad.

A las que gritan "os beberéis la sangre de nuestros abortos", les digo que no soy nadie para juzgarles, que probablemente cuando se sometieron la aborto estaban en un situación extrema, pero cuando gritaban esa frase lo hacían conscientemente, sin ningún tipo de presión, y que la sangre del aborto, en parte provine de la mujer y en parte viene de su hijo, derramada por ella.

La otra reflexión es que, si como dijimos está en nuestra Constitución la libertad religiosa y sin embargo aquí se ataca vilmente al cristianismo, la mayoría de las veces gratis , eso quiere decir que los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial no están cumpliendo con su deber, pues permiten anular las leyes amparándose en la llamada libertad de expresión. Esta última afirmación es tan real en España como que la Tierra de vueltas, lo vemos a diario y negarlo solo conduce a engañarse a sí mismo y a algunos incautos.

Tan culpables, tan nefastos para la convivencia respetuosa y civilizada son los que insultan como las autoridades que lo permiten. Mientras tengamos de los unos y los otros en España, aquí no se podrá vivir verdaderamente en paz, en concordia y, en definitiva, nuestro país será un país "sucio", contaminado por el odio de los cobardes, los inferiores.